Adopción, Sin categoría

Elisa Sagredo: “La clave está en la comunicación entre el colegio y la familia”

PATRICIA ZARRALUQUI

La situación en la que se encuentran los niños adoptados puede marcar también su adaptación escolar. Los traumas que han sufrido a lo largo de su vida, como la falta del vínculo materno, por ejemplo, hacen que presenten dificultades que se trasladan de casa a la escuela.

Elisa Sagredo, profesora de Educación Primaria, nos ha contado las principales dificultades que pueden presentar estos niños, como les explicó en una clase que recibió en la Universidad Isabel Azcona.

“Por lo general, son niños que pueden presentar menos habilidades motrices, de comprensión o de comunicación“, dice Elisa Sagredo, “a esto se suman las dificultades de autorregulación, vinculación y expresión de las emociones, así como problemas de autoestima“.

Estos niños carecen del vínculo materno, lo que conlleva distintos trastornos relacionados con las emociones y con la percepción de sí mismos, “pueden terminar por no sentir”, afirma Elisa. Esto complica su inserción en la escuela y requiere una atención especial por parte de los profesores, ya que estos niños son más propensos a mostrar una falta de autocontrol y una baja tolerancia a la frustración. “Existen dificultades en el establecimiento de normas, ya que no han tenido hasta ese momento alguien que les explique la realidad y no la comprenden, no son capaces en muchas ocasiones de comprender las emociones de otros niños, lo que les impide entender bromas y dobles sentidos, así como resolver conflictos”, explica Elisa Sagredo.

Es muy común que sean niños con miedo a los cambios, debido a las situaciones complejas por las que se han visto obligados a pasar. “Son niños que intentan controlar a las personas y las situaciones para que no se produzcan imprevistos. Para intentar ayudarlos hay que explicarles de antemano qué es lo que va a pasar y cómo van a suceder las cosas”, cuenta Elisa.

¿Cómo afecta en el colegio?

En cuanto a los procesos de aprendizaje, es habitual que tengan carencias como déficit de atención, falta de concentración o de rendimiento. “Tienen la cabeza en otras cosas y experimentan avances, estancamientos e incluso retrocesos o regresiones”. Elisa Sagredo explica que muchas de las dificultades aumentan con la adolescencia, ya que se vuelven más inseguros y la incertidumbre acerca de su pasado y la búsqueda de su origen crecen significativamente.

Es preferible que desde la llegada de los niños a la nueva familia, la incorporación a la escuela se haga de una forma tardía, parcial, progresiva y flexible. “Lo primero que hay que hacer es asegurarse de que el niño está bien dentro de la familia, establecer ese nuevo vínculo, y después incorporarlos al aula”.

Los profesores tienen que tener constancia de los problemas que pueden presentar los niños y actuar de la mejor manera posible. Foto: Pixabay https://pixabay.com/es/matem%C3%A1ticas-pizarra-la-educaci%C3%B3n-1547018/

Los profesores tienen que tener constancia de los problemas que pueden presentar los niños y actuar de la mejor manera posible. Foto: Pixapopz en Pixabay.

Comunicación como base

“La clave de una buena escolarización de los niños adoptados está en la comunicación entre el colegio y las familias. Hay que colaborar para poder comprender las dificultades del niño. La familia tendrá que comunicar las circunstancias significativas de la adopción y explicar qué es lo que sabe el niño. Por su parte, los profesores tendremos que comprender la preocupación de los padres”, afirma Elisa. “Sin embargo, es nuestra tarea formarnos lo mejor que podamos, ya que en la universidad nos dan unas nociones muy básicas, insuficientes para enfrentarnos a los casos reales”.

Buscar soluciones, no crear problemas

Desde el colegio hay que intentar buscar soluciones en cuanto al proceso de aprendizaje. En primer lugar, como explica Elisa Sagredo, hay que rebajar las expectativas y las exigencias, así como dirigirlos y recordarles las cosas sin esperar muchas iniciativas por su parte. Por otro lado, no hay que exigirles mucha autonomía en retos o tareas normales para su edad, sino que hay que facilitarles la petición de la agenda y no presuponer que han comprendido. Hay que mandarles pocas tareas y apuntarles al menor número de actividades extraescolares posibles. Todo esto se tiene que complementar con valoraciones y alabanzas constantes para que puedan sentir la experiencia del éxito y del reconocimiento que pocas veces han experimentado en su vida anterior.

Dentro del aula “hay que realizar actividades inclusivas que les hagan sentirse parte del grupo, viendo que comparten muchas cosas con otros niños; por ejemplo, que se abracen los que son del Madrid, los que viven en el mismo barrio, los que son morenos, etc.”, cuenta Elisa. De esta forma se consigue normalizar la situación acentuando los parecidos y haciendo que todos acepten las diferencias, pero sin negarlas, respetando su historia, sus orígenes o su condición de niño adoptado. “Hay que hablar a los niños de los diferentes tipos de familias que existen en la actualidad y animarles a ser como son, a la vez que se les protege de bromas, agresiones y provocaciones”, concluye Elisa Sagredo.

¿Cuál ha sido vuestra experiencia en la escolarización? ¿Cómo ha respondido el colegio?

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El “caso Joan” y su importancia

BELÉN TORRES Y PATRICIA ZARRALUQUI

A los pocos días de empezar las clases, saltó a los informativos la historia que hizo que nos decantáramos por hablar de un tema, como ya habíamos dicho en entradas anteriores, poco conocido.

Se trata del “caso Joan”, donde una pareja valenciana que tuvo que entregar a la Comandancia de la Guardia Civil de Patraix (Valencia) a su hijo de 4 años, que tenían en régimen de pre-adopción desde que tenía apenas 18 meses. Casi tres años después, se han visto obligados a devolvérselo a su madre biológica. La joven que ahora tiene 19 años dijo que nunca había estado de acuerdo con la adopción y que llevaba luchando tiempo por recuperar al pequeño.

Pero… ¿cómo está el caso ahora?


Los protagonistas de esta difícil historia son varios: la madre biológica, la pareja adoptiva y, el más importante, el pequeño J.

La joven se quedó embarazada en un centro de acogida con 14 años, así que, en palabras de la propia madre en una carta a El Comercio, ya desde el momento en que supo que estaba en estado, le indicaron que su “niño iba a ser dado en adopción”. La joven madre, de nombre María José, continúa explicando que se sintió tan desamparada que huyó de España embarazada de siete meses y medio hacia Guinea Ecuatorial. Sin embargo, volvió a nuestro país y dio a luz a un niño el 4 de junio de 2002 y, sin verlo, se lo llevaron. La madre insiste en que en ningún momento quiso que su hijo fuera dado en adopción y que lleva luchando para recuperarlo desde que nació, aun siendo menor de edad.

Por otro lado, la pareja de Valencia había estado en trámites de adopción internacional a China, según explica el propio protagonista de la historia, el padre de J. En una carta abierta al periódico Levante. El proceso de adopción a China es lento y, en los últimos años, parece que sufre cierto bloqueo, así que se plantearon la adopción nacional. De esta manera fue como conocieron al pequeño J, que en aquel entonces tenía 18 meses, y se lo llevaron a casa en un régimen de pre-adopción. Así, el pasado mes de septiembre tuvieron que entregar al niño en la Comandacia de la Guardia Civil de Patraix, Valencia, para que se lo llevaran a Oviedo, donde reside la madre biológica y el resto de su familia.

Como se recoge en este reportaje de ABC.es, la acogida es algo temporal para el menor, una medida a la que se llega en el extremo de que no se vea a la familia biológica en su mejor momento en lo que se refiere al cuidado del niño. En cuanto a la pre-adopción, dice que este se produce en el momento en el que el crío será adoptado formalmente, pero se le evita que esté en algún tipo de alojamiento a la espera de la sentencia. Parece, por tanto, que ahí reside la clave de el caso. Hasta el momento en que la sentencia judicial no se produce firmemente, el niño puede ser sacado de ese hogar y volver con su familia biológica. Por otro lado, para que la operación finalice, la madre/padre biológica debe renunciar a la patria potestad del niño y, parece, que en este caso no se hizo.

Otro dato destacable es que el periodo de espera para formalizar la adopción es inusualmente largo, ya que suelen ser de entre 6-18 meses y estos padres valencianos llevaban cerca de 3 años esperándola.

Así, el impacto que causó este caso, en el que todos las personas implicadas son víctimas desde diferentes puntos de vista, fue la chispa que hizo que nos quisiéramos acercar en profundidad, conociendo a algunos protagonistas, a estas realidades tan poco oídas, las de las familias de acogida y familias de adopciones.

Y vosotros, ¿qué opináis sobre el caso?

nino_valencia Imagen de HazteOir.org en Flickr con licencia Creative Commons.

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Acoger y adoptar no es lo mismo

BELÉN TORRES Y PATRICIA ZARRALUQUI

Acogida y adopción, dos realidades que están muy relacionadas entre sí, pero que a la vez presentan diferencias sustanciales que hacen necesaria una explicación más profunda.

Son muchos los menores que se encuentran en situaciones desfavorables y requieren que otra familia se haga cargo de ellos. La falta de información hace que parte de estos niños no lleguen a encontrar a alguien que les pueda ayudar. Multitud de elementos entran en juego y lo que más peligra es la salud de estos niños.

Las situaciones que pueden llevar a que un menor tenga que ser apartado de su familia biológica son muy diversas, pero lo que aquí interesa es explicar las soluciones que se toman dependiendo de las circunstancias.

La distinción inicial y principal es la que se establece entre régimen de acogida y régimen de adopción. Como se explica en la web del Gobierno de Navarra, en el primer caso, los padres biológicos no renuncian a la patria potestad de sus hijos, mientras que en el segundo caso sí. La acogida es una solución temporal que se mantendrá hasta que la situación conflictiva inicial se resuelva, mientras tanto, el niño conserva sus apellidos y la relación con sus padres mediante visitas. Sin embargo, en la adopción lo que se busca es un nuevo hogar en el que los niños vayan a encontrar una estabilidad dada la imposibilidad de volver con su familia biológica, bien porque esta haya renunciado a ellos, porque no es posible que se hagan cargo de ellos de manera correcta o porque son huérfanos.

En cuanto a las familias de acogida existen cinco tipos de acogimiento, dependiendo de la situación en la que se encuentren el niño y su familia biológica, como señala el Gobierno de Navarra. El primero de ellos es el de urgencia, en este caso, se acoge a niños menores de 6 años durante un período de tiempo inferior a 6 meses mientras se valora a la familia. El segundo caso es el de acogimiento simple, este puede extenderse hasta dos años, aunque sigue existiendo la posibilidad de que el niño vuelva con sus padres. Cuando el acogimiento se alarga hasta más de dos años pasa a llamarse permanente y la vuelta con su familia biológica se torna complicada. En 2014 se implantaron dos nuevos tipos: el profesionalizado, dirigido a menores con necesidades especiales, y el de fin de semana y períodos vacacionales.

Otra distinción es la que separa las familias de acogida en extensas e intensas, en el primer caso, los acogimientos se llevan a cabo sin romper el vínculo sanguíneo, es decir, es alguien de la propia familia quien se encarga del menor. En el segundo tipo, se busca a la familia fuera del entorno del niño.

La diferencia entre los tipos de adopción radica en el país de origen del niño. Se puede optar por la adopción nacional, en la que los menores son españoles. La otra opción es la adopción internacional, los niños provienen de otros países, entre ellos destacan China y Rusia principalmente. Las personas interesadas en adoptar pueden entrar en proceso de adopción nacional e internacional a la vez, ya que ambas son compatibles.

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Presentación de Adolfo García Garaikoetxea, de AFADENA, acerca de qué es adoptar. Público y reutilizable.

Y vosotros, ¿qué tipo de familia de acogida sois o seríais? Y adopción, ¿nacional o internacional?

 

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Bienvenidos

Somos Patricia y Belén dos alumnas de último curso de Periodismo y Filología que pretendemos acercarnos a una realidad desconocida por muchos.

El Diccionario de la Real Academia define FAMILIA como un “grupo de personas emparentadas entre sí que vivien juntas”.  Sin embargo, el hecho de “estar emparentadas” no es lo único que hace que un conjunto de personas puedan considerarse familia.

Las familias de acogida o aquellas que cuentan con un miembro adoptado son un ejemplo de este concepto de hogar que demuestran que los vínculos sangíenos son innecesarios a la hora de considerar a alguien familia.

Así desde este blog, pretendemos abordar estos dos tipos de familia: las que han adoptado y las que son de acogida.

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