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Y así ha resultado todo

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

Cuando empezamos este proyecto lo hicimos con el convencimiento y la ilusión de que era un tema muy interesante. Sin embargo, todo lo que hemos aprendido y todas las personas que hemos conocido han resultado mucho más de lo que nos habíamos imaginado. Cada entrevista, cada historia y cada encuentro con quienes aparecen en este blog ha supuesto un aprendizaje que va mucho más allá de meras cuestiones técnicas sobre qué es una acogimiento o cómo funciona un proceso de adopción.  Ha significado hacer un periodismo de personas y para personas.

Desde que leímos el caso Joan, donde unos padres en régimen de guarda con fines adoptivos tuvieron que devolver a su hijo a la madre biológica, hemos querido conocer las cuestiones más teóricas de estas realidades cercanas, pero distintas. Para ello planteamos entradas como Acoger y adoptar no es lo mismo, donde se exponían las diferencias entre ambas realidades. Pero también en otras en las que se trataban preguntas más concretas sobre la adopción (Quién puede adoptar y a quién) o sobre la acogida (Acogimiento y otras cuestiones que hay que saber del tema).

Si bien es cierto, el centro de este blog han sido las personas. Por un lado, todos aquellos profesionales que nos han dedicado un tiempo para explicarnos cuestiones puntuales acerca de estos pequeños. Sobre su rol en el colegio contamos con las profesoras Elisa Sagredo (Elisa Sagredo: “La clave está en la comunicación entre el colegio y la familia”) y Carlota Gutiérrez (Carlota Gutiérrez: “El papel del maestro es fundamental porque es como un mediador“). Por otro, las asociaciones que hay en la Comunidad Foral que se dedican a estos temas, tales como Safaya de Nuevo Futuro (Safaya. El servicio de acompañamiento a familias adoptivas y de acogida de Nuevo Futuro), AFADENA (AFADENA, más de diez años ayudando a las familias adoptivas) y MAGALE (Conozcamos MAGALE, la Asociación Navarra de Familias de Acogida). Mediante estas asociaciones también pudimos hablar con otros profesionales de hechos más concretos como Laura Iparraguirre, de Safaya, que nos habló sobre la cuestión de la búsqueda de orígenes de los niños adoptados (Laura Iparraguirre: “La búsqueda de orígenes es una prueba para toda la familia”) o Carlota Caso mediante un coloquio en el ciclo de cine organizado por MAGALE sobre el acogimiento familiar (Carlota Caso: “Hay que dar amor, ser constantes y estar disponibles para ellos”). Además, también hemos consultado con el Gobierno de Navarra para saber más acerca de las adopciones (Charo Paternain: “Vienen con ideas muy distintas de lo que realmente es una adopción) y las acogidas (Acogida. La actuación del Gobierno de Navarra).  No nos hemos querido quedar ahí y por eso acudimos a los jóvenes, para ver qué era lo que conocían del tema (Y vosotros, ¿qué decís?). Comprobamos que los conceptos y los términos no están claros.

Además de esto, este tema nos obligó a conocer, desde dentro, algunas de las actividades que organizan las asociaciones mentadas más arriba y que han quedado retratadas en forma de fotos, como el Rastrillo de Nuevo Futuro (Una invasión llegó al Rastrillo de Nuevo Futuro) o el visionado de “La Vergüenza” de David Planell en el ciclo de cine de MAGALE, “Acogimiento en Familia” (Ciclo Acogimiento en Familia o cómo informar a través de películas).

Aunque sin duda alguna, las grandes estrellas de este blog han sido aquellos que se han sentado con nosotras durante algunas horas y nos han contado, sin tapujos y sin nada a cambio, sus vidas. Historias de padres de adopción nacional (“Tuvimos un embarazo de 48 horas” parte I y parte II), de madres viudas que acogen a niñas de su propia familia (Olimpia Jiménez: “Tiene permiso para quererme“) y de jóvenes que han vivido una situación dura pero que están bien (Naroa Ramírez: “Volvería a pasar por todo porque me gusta mi vida de ahora“). También la de unos padres que iniciaron un proceso de adopción de dos hermanos rusos (Diario de una adopción: a kilómetros de un sueño), que viajaron hasta tres veces al país de origen (Diario de una adopción: aviones, aviones y más aviones) y por fin los tuvieron con ellos en casa (Diario de una adopción: una maleta para cuatro).

La experiencia de trabajar de una forma tan profunda y de forma conjunta un tema como este, que trata sobre lo que le importa a la gente, la familia, ha resultado ser lo sorprendente, gratificante y útil.

 

 

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Naroa Ramírez: “Volvería a pasar por todo porque me gusta mi vida de ahora”

BELÉN TORRES

A Naroa Ramírez  la conocimos como parte de la Junta Directiva de MAGALE, la Asociación navarra de Familias de Acogida, en una entrada anterior de este blog. Sin embargo, esta joven educadora de 23 años es un ejemplo de cómo los niños de acogida, una vez crecidos, son capaces de devolver lo que recibieron de esas personas que en palabras de la propia Naroa: “abren su casa y su corazón a niños que no saben cómo van a responder”.

Naroa cuenta que “me sacaron de casa con seis años, y a mi hermana con cuatro, debido abusos y negligencias”. Su primer destino fue un centro de observación, en el que ambas hermanas estuvieron juntas tres meses.  Es en esos lugares donde se observa a los niños y se estudia y valora qué es más adecuado para ellos: un acogimiento extenso, de la propia familia, como es el de Olimpia Jiménez; algún hogar fuera de la familia biológica; un centro de acogida o un piso tutelado. Una cosa curiosa que explica esta joven es que “no te buscan simplemente una familia. Buscan que la familia se adapte a ti, no tú a ella”. En su caso, la encontraron en poco más de dos meses. Así pues, empezaron las visitas para conocer a quienes, desde el centro, creían que eran los más adecuados para hacerse cargo de estas pequeñas. De esta manera, un fin de semana que se marcharon con ellos, ya no regresaron al centro “mi hermana dijo que no volvía y no hubo manera. Así que allí nos quedamos”, cuenta sonriendo.

La familia que les tocó a Naroa y su hermana les hizo mucho bien. Foto de Freeimages9 en Pixabay.

La familia que les tocó a Naroa y su hermana les hizo mucho bien. Foto de Freeimages9 en Pixabay.

La familia que acogió a las hermanas Ramírez ya tenían otras dos biológicas mayores, con las que Naroa confiesa llevarse bien “aunque con una mejor que con la otra. Somos más parecidas, tenemos la misma forma de ver la vida”. Estuvo viviendo con ellos desde los seis años y hasta que “yo tenía doce y mi hermana diez. Entonces volvimos con mi madre biológica. Estuvimos con ella un año y media y volvimos a estar en acogida”. De ese tiempo no guarda buen recuerdo. La situación era difícil. Aún se acuerda de aquellos días en los que habían llegado a vivir en una habitación de un piso compartido o cuando no tenían ni para desayunar. Además, el hermano con el que había tenido problemas volvió a vivir con ellas, cosa que empeoró la situación. Durante la semana, el instituto -en el que veía a su padre de acogida, pues trabajaba como profesor- la mantenía ocupada. Los fines de semana procuraba pasar mucho tiempo fuera de la casa. “Mi madre biológica consiguió nuestra custodia porque mi abuela pagó un abogado y ganó el juicio pero eso no te capacita automáticamente para poder cuidar a unas niñas. Tener un trabajo no implica que puedas mantener a una familia“, expone Naroa. Cuenta que, como al resto de niños en su situación, cuando tienen doce años firman un documento confirmando que están de acuerdo en volver con la familia biológica. Naroa Jiménez echa en cara que desde las instituciones no le dijeran que su madre biológica no estaba realmente capacitada para cuidarlas, “independientemente de que yo quisiera o no volver, a mi me dicen que es apta. Es mi madre y es lógico que volviera”, sentencia.

Al cabo de un año y medio, entraron otra vez en el sistema. “Tuvimos la suerte de que nos volvió a tocar la misma familia“, Naroa lo piensa mejor y comenta que “no fue suerte como tal, sino un gesto de buena voluntad, porque nosotras lo pedimos, ellos también y nos lo concedieron. Teóricamente, vuelves empezar todo el proceso: la valoración, la búsqueda… pero nos hicieron el favor”. Y menos mal porque al tener 14 años y su hermana 12 hubieran ido a parar a un centro. Naroa sigue viviendo a día de hoy con ellos, aunque comenta que su hermana, cuando cumplió la mayoría de edad se marchó con su madre biológica pero la relación no funcionó y ahora está independizada.

Un carácter que sorprende

A día de hoy, confiesa mantener cero contacto con su padre, su madre y su hermano biológico, que es con quien tuvo los problemas de abusos. Su hermana pequeña tampoco sabe mucho de ellos. Sin embargo, procura ir una vez al año a Galicia a ver  su abuela, a la que adora. Cree que es poco probable que haya algún acercamiento con sus padres. Esto tiene una razón concreta y es que ” mi hermana se fue con ellos al cumplir los dieciocho. Entonces tienes edad para trabajar. A ella le comieron la cabeza para que trajera dinero a casa y luego le dieron la patada. Para mi, mi hermana es lo más importante que tengo y la trataron mal, así que les hice la cruz”, explica tranquilamente. Naroa Ramírez se muestra tan calmada y sosegada mientras explica una historia dura, que resulta hasta sorprendente. Se lo hacemos notar y ella sonríe y admite que es parte de su carácter y que, aunque se siente frente a dos desconocidas y relate su complicada infancia, es tímida y le cuesta hablar. Intuye que puede ser consecuencia de lo que le ha tocado vivir.

Sin embargo, reconoce que no todo lo que ha vivido es malo “el saber que hay personas buenas, que ayudan…Gracias a lo que he vivido soy la persona que soy, ni mejor ni peor, pero sí con los valores y el pensamiento que tengo. Cuando mis amigos me preguntan si lo cambiaría, contesto que no. Quitando lo morboso de la historia, yo volvería a a pasar por todo porque me gusta mi vida tal cual es ahora“. Ese carácter pausado le ayudó a que sus estudios no se vieran muy afectados por su situación e hizo que tuviera muy buena relación con sus profesores siempre.

Al principio del acogimiento, no tenía mucha comunicación con sus padres. Era bastante consciente de la situación y  no quería cogerles demasiado cariño. Ramírez recuerda que “yo sabía que aquello era temporal. Ahora estábamos aquí, pero nos podíamos ir en cualquier momento. Nosotras hacíamos las maletas muchas veces, con mucha frecuencia”. Ahora la relación con su madre de acogida es más que excelente. Explica que llegar a ese punto costó, “por mucho que ellos hicieran cosas para acercarse, hasta que yo no quise no pasó. Desde mi punto de vista, el apego se crea cuando el menor decide que ocurra. Si él percibe la situación como algo temporal no quiere crear vínculos que se van a romper, no quiere pasarlo mal”.  Ella conectó cuando quiso pero eso no significa que no viera aquel gran gesto por parte de esta familia. Era consciente de lo que estaban haciendo esos padres “yo pensaba que vaya pedazo de gesto estaban haciendo y no tenían ni porqué. Ellos ya tenían hijas, no había necesidad de hacer esto”, cuenta.

La relación con su madre de acogida no podía ser mejor. Foto de Marcisim en Pixabay.

La relación con su madre de acogida no podía ser mejor. Foto de Marcisim en Pixabay.

Mi madre es mi madre de acogida, yo la siento así”, relata con esa tranquilidad suya.  Es muy cercana a su madre pero “no le explico todo lo que pasa, porque sé que lo ha pasado tan mal… tengo un instinto de protección muy grande hacia ella”, explica. Esa misma madre fue la que fundó, junto con otras, MAGALE como forma de ayudar y difundir el acogimiento.

Sigue viviendo con ellos pero no tiene ningún vínculo más allá de que “legalmente, comparto piso con mi madre [de acogida] por buena voluntad o por caridad, como lo queráis ver. Legalmente no hay ninguna vinculación“, ríe. Habla de que hay cuestiones en las que se tiene que trabajar cuando estos menores cumplen dieciocho años: seguridad social, sanidad… hay mucho. A pesar de que con la mayoría de edad puedes mantener el régimen de acogimiento unos meses más, es primordial pensar en y después, ¿qué?

Rotundamente sí

Se hizo educadora con la intención de devolver lo que había recibido “lo decidí con seis años, cuando estaba en el cetro de observación y había un bebé al que no le hacían mucho caso. En el momento en que se puso a andar, lo hizo conmigo y decidí que esto es lo que quería hacer, quería estar ahí”, y continúa “creo de verdad que un profesor influye en los críos y yo quiero ayudar”. Este es uno de los motivos por el que está ahora trabajando con los niños en MAGALE, estando con ellos, preparando actividades, jugando y cuidándolos. Ese interés por hacer la vida mejor a los más pequeños es lo que le lleva a responder con un sí fuerte y seguro que le gustaría ser madre de acogida.

¿Os parece bonita que Naroa esté tratando de devolver todo lo bueno que recibió?

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Acogida. La actuación del Gobierno de Navarra

BELÉN TORRES

El pasado mes de octubre en el programa En persona de Radio Universidad de Navarra -programa en que participamos las dos redactoras de este blog- se trató el tema de las familias de acogida. Desde allí, nuestra compañera Puy Portillo realizó una entrevista de especial interés a Mikel Gurbindo, subdirector de Familia y Menores del Gobierno de Navarra, quien explica que hay varios ámbitos de actuación por parte de la Institución. En ese programa también se pudo escuchar a Olimpia Jiménez, a quien entrevistamos con motivo de este blog.

Para empezar, las situaciones en las que el Gobierno se ve en la obligación de actuar están motivadas por dos causantes: los padres o los hijos. Cuando quienes incumplen son los padres está lo que se llama situación de desprotección esto es “cuando hay un abandono, un maltrato físico, un abuso sexual o cualquier tipo de negligencia que incide directamente en el menor, lo sitúa en riesgo y en desamparo por parte de los padres”, dice Gurbindo. Esto puede deberse a una situación pensada o, simplemente, por una falta de habilidades maternales, paternales o sociales que les impiden desempañar su papel correctamente.

El subdirector de Familia y Menores explica que también puede darse el caso de que “menores de entre 14 y 18 años sean  los que perturban la dinámica familiar con conductas graves hasta el punto de hacer inviable la convivencia familiar” de forma que se les obligue actuar. Si bien es cierto que estos chavales suelen haber vivido momentos de desprotección o maltrato cuando eran más pequeños que han desembocado en estos comportamientos. Según los datos que maneja Gurbindo, en Navarra los casos estarían repartidos de una forma casi equilibrada entre las dos opciones.

Siempre se intenta mantener la familia unida. Foto de DanEvans en Pixabay.

Siempre se intenta mantener la familia unida. Foto de DanEvans en Pixabay.

Jerarquías de actuación

El subdirector de Familia y Menores del Gobierno de Navarra explica que, antes de que sean ellos quienes intervienen, hay otros dos organismos anteriores que se encargan de casos más leves. Para situaciones puntuales, altercados leves, que no se suelen dar, están las unidades de barrio, las bases, la atención primaria. Cuando la desprotección es moderada, es decir, hay indicadores de que el menor o la menor pueden estar sufriendo ciertas situaciones donde hay dificultad de cubrir sus necesidades biológicas, sociales, emocionales o de cualquier otro tipo. Aquí entran en acción los equipos de Atención a la infancia y a la adolescencia.

En el último nivel es en el que entran ellos, el servicio de Familia y Menores del Gobierno de Navarra. “Son situaciones graves, elevadas, de desamparo”. Sin embargo, antes de llegar a sacar al menor de su hogar y de que sea el Gobierno el que se haga con la guarda o tutela del pequeño, Gurbindo explica que “se trabaja en equipo para mejorar las situaciones de conflicto para evitar, en la medida de lo posible, que el menor  salga de su casa”. En caso de que lo que el pequeño está viviendo sea insostenible o se agrava, se hace un acogimiento ya sea familiar o residencial.

Familia, centro o piso

Así, ¿cómo se decide si lo más adecuado es una familia, un centro de acogida o un piso tutelado? Existe un protocolo para eso también. En el caso de que el menor no tenga más de tres años, la ley exige que se vaya a una familia.  Lo primero que hace Gobierno de Navarra es un sondeo en la familia del pequeño para ver si hay alguien que se pueda hacer cargo de él de forma temporal, que es como están planteados todos los acogimientos. De esta manera, se revisa la historia de la familia extensa: abuelos, tíos, primos… este es el caso de Olimpia Jiménez, a la que conocimos en una entrada anterior. Si esta no tuviera “las herramientas necesarias o adecuadas para hacerse cargo del menor, para satisfacer las necesidades de cualquier tipo, se buscará a alguien fuera del núcleo familiar que garantice la crianza y la educación”, explica Gurbindo. Por otro lado, si el menor tiene más de 7 años, se llega a la conclusión, en caso de que haya otras dificultades, como su comportamiento, entre otras cosas, que se le lleve a un centro residencial.

Temporalidad

Así, como ya se había dicho en otras ocasiones en el blog, el acogimiento está caracterizado por ser temporal y cuyo fin es salvaguardar a los menores satisfaciendo carencias o necesidades que la familia biológica, por el motivo que sea, no está capacitada para hacer. En la medida de lo posible, se aboga por alejar lo menos posible a los niños de quienes les dieron la vida. De ahí que se acuda, en primer lugar, a la familia extensa. De todas maneras, es necesario destacar que para que el Gobierno de Navarra o cualquier otra institución se vea con la obligación de intervenir en el seno de la familia, la situación debe ser extremadamente difícil. En caso de que no sea así, siempre se intentará trabajar con sus protagonistas para evitar males mayores, como sería la separación de padres e hijos mediante la pérdida de la custodia.

Si bien es cierto que como se vio en la entrada que explica la historia de Olimpia Jiménez, también puede ser que sean los propios padres biológicos los que no se vean capaces de hacer frente a la paternidad o la maternidad y acudan a las instituciones para entregar la tutela, la patria potestad, para que se les busque una oportunidad mejor.

¿Veis bien que antes de quitarle la tutela del niño a unos padres se intente mejorar la situación trabajando con ellos? 

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Olimpia Jiménez: “Tiene permiso para quererme”

BELÉN TORRES

“Hola, me llamo Olimpia Jiménez y soy madre de acogida extensa permanente desde hace ocho años”, así se presenta la protagonista de esta historia.

Los niños de acogida tienen regresiones, vuelven a cuando eran bebés. Foto de kheinz, en Pixabay

Los niños de acogida tienen regresiones, vuelven a cuando eran bebés. Foto de Kheinz, en Pixabay

Una de las mejores formas de aprender sobre el acogimiento es acudiendo a quienes viven esta situación en primera persona. Esta mujer de ojos claros, rubia y de sonrisa afable es una de ellas. Olimpia tiene 57 años y desde hace ocho es madre de acogida extensa. Tal y como ya contamos en una entrada anterior, esto significa que es familia directa de la niña que vive con ella, tienen vínculo sanguíneo. Además, cuando el crío lleva más de dos años con la familia, el acogimiento pasa a ser permanente, “porque no se sabe si va a estar contigo cinco años, uno o hasta que sea abuelo”, explica Jiménez.

La necesidad de actuar

Todo empezó  porque Olimpia Jiménez vio que la madre biológica de la pequeña no podía hacerse cargo de ella. Detectó algunas carencias y decidió actuar: “[la niña] es de tu familia y no puedes consentir una situación así. Es una cosa que ocurre sola, no te planteas no hacer nada, te mueves, haces lo que crees que es mejor”, explica y lo que ella creyó que debía hacer era ofrecerse para cuidarla. Cuando lo habló con la madre biológica, esta estuvo de acuerdo y acudió a Gobierno de Navarra para entregar la custodia de la criatura. Desde ahí se buscó el mejor entorno para ese bebé de diez y ocho meses. Lo que se intenta siempre desde las instituciones es que se quede, en la medida de lo posible, con alguien de la propia familia. Jiménez ya había sido señalada por la madre biológica como guarda de la niña, a pesar de esto, fue imprescindible que Olimpia hiciera las pruebas y exámenes que pasan todas y cada una de las familias que se ofrecen para un acogimiento “tienes que exponer tu vida entera, tanto económica, como física, emocional… todo. Y es un proceso largo, muy largo, eternos. Es cierto que mientras todo se hacía la niña estaba conmigo, pero aún así…”, relata.

Esta situación, todo el papeleo, duró aproximadamente un año, y Olimpia Jiménez explica que “vives con mucha angustia, porque sabes que la niña contigo está bien, que está cuidada, atendida, que tiene una rutina, que está atendida… pero la última  palabra no la tienes tú y se la pueden llevar después del tiempo que lleva en casa. Al final, es parte de tu familia y ves que no tienes poder de decisión”. Así cuando recibió la confirmación de que la pequeña se quedaba con ella fue “un respiro emocional, pero sobretodo me permitió hacer planes: inscribirla en la seguridad social, empadronarla… te permite organizarte.”

Olimpia explica sí que hubo un intento de que la pequeña volviera con su madre biológica, pero que no fue factible y, además, supuso un retroceso en la estabilidad de la niña “estaba fatal. Tuvimos que hacer todo el proceso a la inversa, fue como volver a empezar”, comenta. A pesar de eso, madre biológica e hija se ven todas las semanas durante varias horas.

Sufrimiento por los dos lados

Con estos pequeños es imprescindible trabajar, pasar tiempo y estar con ellos, ya que “estos niños sufren emocionalmente una barbaridad. Siempre están en la tesitura de elegir entre: mi madre no me quiere y por eso no vivo con ella o no soy lo suficientemente buena y por eso no vivo con ella… ¿cuál elegirías tú? Ellos se deciden por ‘no soy lo suficientemente bueno’. Esto para ellos es: no me gusto a mi misma, soy un asco, no me quiero mirar al espejo, estoy gorda, no me gusta mi pelo, quiero cambiarme de nombre, no quiero ir al cole… el rechazo que ellos creen que sus padres tienen hacia ellos, se lo hacen a sí mismos, se auto inmolan. Sacarlos de ahí es muy difícil, muy difícil”, explica Olimpia. Tal es ese sufrimiento que tienen regresiones, se sienten tan sobrepasados por la situación que empiezan a tener comportamientos de bebés: piden chupetes, papillas, que se les cojan en brazos…

A pesar de todo el sufrimiento, el acogimiento merece la pena. Foto de chin1031 en Pixabay.

A pesar de todo el sufrimiento, el acogimiento merece la pena. Foto de chin1031 en Pixabay.”

“Necesitan volver a ese estado donde no tenía que pensar en nada, no tenía que hacer nada y mi mamá era la que estaba por mi”, comenta Jiménez y continúa diciendo que “es muy duro y se necesita mucha terapia porque la autoestima de estos niños está como a menos veinte… y esto repercute en los estudios. Van al colegio con medio cerebro, una parte pensando en su madre y la otra mitad pendiente de las matemáticas”, continúa. También determina su comportamiento social y sus relaciones.

No es únicamente duro para los críos, también para quien los cuidan. Olimpia Jiménez es viuda, por tanto, se encarga ella sola de la niña y “muchas veces te bloqueas o pierdes la paciencia. En esos caso es muy necesario contar con el apoyo de profesionales que escuchen, que te guíen y que te hagan ver que es normal que estés afectado pero que también te muestren herramientas que te permitan seguir adelante”. Porque la situación es tan delicada que se llega al extremo de verse “con la necesidad de romper la relación con la familia para protegerlo contra todo. Lo que no te imaginas, en el caso de un acogimiento extenso, es que tienes que protegerlos de la propia familia, de los padres biológicos que intentan saltarse, con toda clase de argucias para salvaguardar al pequeño”, narra Olimpia y continúa “es muy, muy, muy duro. Tienes que poner un muro entre tu familia y tú, hay que marcar unos límites brutales, para salvaguardar al crío”. Sin embargo, este no es exactamente su caso ya que, como se ha contado más arriba, la madre biológica estaba de acuerdo con el acogimiento.

Compensa una y mil veces

Sin embargo, ese sufrimiento y sacrificio compensa “cuando ves que se levantan un día y sonríe, y ríe, y va por la casa canturreando, que se siente querida, que tiene motivos para vivir. Porque estos niños son depresivos, tristes, pero cuando ves situaciones normales, respiras, te relajas y disfrutas”, relata esta madre que tuvo que dejar su trabajo para poder atender adecuadamente las necesidades de esta niña. Tanto es así que Olimpia se planteó acoger a alguien más: “me gustaría, sí, me gustaría mucho”.

Todo por cuidar de lo niños y hacerles felices. Foto de DariuszSankowski en Pixabay.

Todo por cuidar de lo niños y hacerles felices. Foto de DariuszSankowski en Pixabay.

A pesar de todo esto, esta madre de  acogida explica con una gran sonrisa en la cara que ahora están muy bien “tuvimos una reunión en primavera con la madre biológica en la que le aclaró a la niña que, en mucho tiempo, no iba hacerse cargo de ella y a la cría le ha entrado un descanso…”, ríe Olimpia. La niña llegó a casa con apenas diez y ocho meses y ahora, con casi nueve “se ha relajado y se ha situado mejor en el mundo. Su madre la ha dado permiso para quererme y ahora es otra niña”, relata una feliz Olimpia. Y es que el acogimiento es una medida temporal que existe con la idea de que estos pequeños vuelvan con sus familias  de origen una vez se haya resulto el conflicto.  Por  eso, no se permiten sentir demasiado hacia quienes los están cuidando, porque saben que se marcharán.

¿Qué os ha parecido la historia de esta madre de acogida? 

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Diario de una adopción, Sin categoría

Diario de una adopción: aviones, aviones y más aviones

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

En el anterior capítulo de Diario de una adopción conocimos a Rocío y Agustín, una pareja que emprendió un proceso de adopción internacional en Rusia. Además, supimos los nombres de sus pequeños, Constantín y Julia, unos niños sanos de 4 y 2 años respectivamente. 

En el proceso de adopción de niños rusos, como en otros casos, es necesario realizar hasta tres viajes al país antes de traerlos a casa. En el primero, se va a conocer a los niños; en el segundo, se lleva a cabo el juicio donde se les cede la custodia y, en el último y más esperado, aquel en el que suben al avión dos personas y vuelven cuatro.

El primer viaje

En cuanto recibieron la asignación, tenían una semana para personarse en Chitá, Rusia, para conocer a sus hijos.  Empezaba su primer viaje. La historia de esta pareja está llena de casualidades. Su asignación llegó un viernes y al día siguiente, sábado, la hermana de Rocío y su marido viajaban a Rusia para recoger a sus hijos. Esa noche fue de gran celebración para todos.

Los viajes a Rusia. Foto de Albert22278 en Pixabay.

Los viajes a Rusia. Foto de Albert22278 en Pixabay.

Se me pone la piel de gallina al recordarlo“, expone Rocío con una sonrisa, y continúa, “nosotros íbamos a conocer a nuestros pequeños y ellos a traer a los suyos a casa, y, casualidades de la vida, coincidíamos seis horas en Moscú”. Agustín con cara de asombro nos dice que “conocimos a nuestros sobrinos en la Plaza Roja de Moscú. Estuvimos cuatro horas allí, juntos”.  Para más casualidades, no supieron que se alojaban todos en el mismo hotel hasta que se despidieron y vieron que iban en la misma dirección, “hay casualidades, pero esto ya era demasiado”, ríe Rocío.

La pareja ya marchaba rumbo a Chitá, “salimos de Moscú como a las siete de la mañana y llegamos a nuestro destino a las seis de la tarde. Fuimos al hotel, nos dimos una ducha y, ¡hala! que nos vamos al orfanato”, explica Agustín, mientras él habla, Rocío no deja de exclamar con una sonrisa que era una situación surrealista. Una vez allí, les instalaron en una salita, se abrió una puerta y “llegan tus hijos, que hablan solo ruso o ni hablan. Así que sacas los juguetes que les has llevado y te pones a interactuar con ellos”, dice Agustín.

Algo más que un regalo

Los juguetes son importantes. Foto de Miguel Raul Granda Barbon en Flickr.

Los juguetes son importantes. Foto de Miguel Raul Granda Barbon en Flickr.

La pareja explica que Rusia es uno de los países con fama de tener bastante cuidados a los niños. El día que les envían la foto de los niños a los padres por correo, viene adjunto un informe médico detallado que a esta pareja les dio un poco de miedo. En los cursos a los que han de someterse quienes inician este proceso, les explican que hay que aprovechar ese primer momento de jugueteos para comprobar algunas de las capacidades de los niños o si su salud está tan mal como se les dice a los padres, “la verdad es que te ponen el informe más negro de lo que es”, comenta Rocío.

Esta primera visita es crucial y dura tres días. No solo se va a conocer a los niños, “vas a conocer y aceptar la adopción” sentencia Rocío. El día uno es un shock, “tu vas ahí, casi sin dormir y conoces a los niños, y son tus hijos, es increíble” explica esta madre.

Los viajes al orfanato durante esa semana duran más o menos dos horas, luego hay que volver a España y toca esperar la fecha del juicio, el segundo viaje. “Esta espera es muy dura, porque ya los conoces, ya has estado con ellos”, comenta Rocío y Agustín lo corrobora “es duro porque ya son tus hijos”. Mientras llega la ansiada fecha de juicio, el 15 agosto, aún hay que mandar más documentaciones y ratificar que quieres seguir adelante con la adopción. Durante esta espera aseguran que no supieron absolutamente nada de ellos, aunque consiguieron mandarles un par de regalos por el cumple del niño y  Rocío comenta que “hoy es el día en que te cuenta y ves que se acuerda”. Los padres confiesan que de vez en cuando les preguntan sobre aquella época de su vida, para saber qué es lo que los pequeños recuerdan. Parece que hay cosas que sí se quedan marcadas, Rocío explica que cuando le preguntaron al niño que qué tal con sus papás, él respondió “bueno, ya he conocido a mis papás y ya me puedo ir en el avión, y también he conocido a mi hermana, que no me acuerdo como se llama”. Este sorprendente comentario tiene una explicación y es que en los orfanatos rusos los niños están separados por sexo y edades. Además, el sistema siempre procura que los hermanos están cerca, pero no juntos, ya que puede darse el caso de que sean adoptados ambos, como Constantín y Julia, o que solo uno de ello se vaya con una familia. Si se conocen, la separación puede ser más traumática.

Segundo viaje

Antes del segundo viaje, el del juicio, Rocío y Agustín ya tenían la habitación de los pequeños montada y habían hecho un álbum con sus fotos. Ese mismo que le enseñaron a la magistrada el día del juicio. Antes de ese segundo traslado al país de sus niños, la pareja estuvo tensa. “Empezó a correr el rumor de que Rusia se planeaba si seguir adelante con las adopciones a España porque el matrimonio homosexual está legalizado”, explicaba Rocío. Los dos se pisan al explicar que “imaginaos que nosotros moríamos. Los críos pasarían a la tutela del Estado y de ahí alguna pareja homosexual, y claro… no querían eso”. Así que esos juicios, que de primera eran meros trámites, “algo jiji, jaja” según Agustín, se complicaron. Sin embargo, en el momento que les tocaban a estos navarros, la cosa no pintaba muy bien. Cabe decir que ahora la situación no está así y que desde Rusia se ha permitido que parejas homosexuales y solteros adopten allí.

La justicia. Foto de Pixabay.

La justicia. Foto de Pixabay.

En principio, plantarse frente al juez sirve para que los adoptantes adquieran la custodia de los pequeños, pero también por si alguien de la familia del niño quiere reclamarla. De aquel día recuerdan que iban ellos y otras dos parejas, con las que siguen manteniendo el contacto. Los primeros que entraron fueron una pareja de Madrid que salieron al cabo de dos horas deshechos en lágrimas, “nos decía todo el rato que esperaba que tuviéramos suerte”, dice Rocío. Su problema había sido que había aparecido en el juicio la hermana mayor reclamando la custodia de la criatura“del niño que tú ya has conocido, con el que tú ya has jugado… de tú hijo, vamos”, recalca Agustín. Finalmente, consiguieron aclarar el asunto y se pudieron llevar a su hijo. Después entraron ellos y aunque no tuvieron grandes problemas “es un trago, la verdad”, dice Rocío. Su juicio fue favorable. Los terceros en entrar fueron unos catalanes que tuvieron problemas con la documentación, porque no habían actualizado una fecha, “les hicieron volver atrás y les pilló el follón de las parejas homosexuales y estuvieron esperando un año más, un año en que ya conocían a su hijo pero no podían estar con él”, relata Agustín. De tres parejas que fueron, solo una consiguió un juicio favorable. Lo que debía ser un viaje de celebración se vio algo empañado por las circunstancias. El consuelo de esta pareja es que volvieron a ver a sus pequeños justo antes de volver a España. Ya solo quedaba el último y más esperado viaje, el que traería a sus hijos a casa. 

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Ciclo “Acogimiento en Familia” o cómo informar a través de películas

BELÉN TORRES

MAGALE es una de las asociaciones que hay en Navarra que trabaja con familias de acogida, tanto con los padres, como con los hijos. Para conocer en profundidad qué es lo que hace MAGALE, se puede acudir a una de las entradas anteriores de este blog, donde ya hemos hablado de ella.

Una de las cuestiones de las que nos hemos dado cuenta a lo largo del proceso de creación de este proyecto es de la  falta de información que hay acerca de las familias adoptantes pero especialmente de las de acogida. Con el objetivo de darlas a conocer y de difundir qué son se ha organizado este año por primera vez un ciclo de cine llamado “Acogimiento en Familia”.  La idea es la de “generar en la sociedad navarra una cultura de acogimiento familiar”, tal como muestran en su folleto. Detrás de esta iniciativa están MAGALE y los Cines GOLEM.

Además de la proyección de una película, los jueves 27 de octubre, 3, 10 y 17 de noviembre a las 19:30 en lo cines GOLEM, se complementa la actividad con un coloquio liderado por algún profesional vinculado al acogimiento familiar.

La película a la que asistimos el pasado 3 de noviembre se titula La Vergüenza (David Planell, España. 2009).

Aquí os dejamos un Tweet donde podéis consultar cuáles son las películas que se proyectarán, la hora, el sitio… toda la información que necesitáis.

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Acogida, Sin categoría

Conozcamos MAGALE, la Asociación Navarra de Familias de Acogida

BELÉN TORRES

Como ya comentamos en la entrada de Safaya, una forma de conocer la realidad de las familias de acogida y de adopciones es acudiendo a las asociaciones que trabajan con ellos. Aquí conoceremos a MAGALE.

Logo de Magale: Asociación Navarra de Familias de acogida. Foto de Belén Torres.

Logo de Magale: Asociación Navarra de Familias de acogida. Foto de Belén Torres.

MAGALE es la Asociación Navarra de Familias de Acogida. Tal y como cuentan en su página web, nace en agosto del 2003 de “un grupo de padres con niños en acogida, que sentían la  necesidad de compartir sus vivencias, aconsejarse en su problemática particular”. La creación de la asociación también se destina a que los niños pueda observar que existen diferentes tipos de familias, con distintas situaciones en ella.

Naroa Ramírez es una joven educadora de 23 años que pertenece a la Junta Directiva de MAGALE. Es ella la que nos explica “se creó un poco como punto de apoyo entre las familias, como forma de no sentirse solos. Desde el punto de vista de los padres fue como decir ‘no soy el único loco que me atrevo hacer esto’ y, desde el de los críos servía para darse cuenta de que no eran los únicos que estaban viviendo fuera de su casa”.

Naroa Ramírez explica que MAGALE, la Asociación como tal, basada en unos estatus cerrados y firmes que tienen ahora, nace en 2003, pero que la idea empezó tiempo atrás. Fue su madre acogedora junto con otros padres y madres en la misma situación los que quedaban para tomar café algunas tardes y así intercambiar impresiones, pensamientos y problemas.

Padres, madres, niños y profesionales

Es una Asociación que trabaja tanto con padres y madres acogedores como con los niños. Desde MAGALE se busca informar, formar y educar a esos padres a través de charlas y talleres. En entradas anteriores ya se ha hablado de la importancia que tiene dotar a quienes se ofrecen para cuidar a un niño que lo necesita de herramientas para hacer frente a situaciones complejas. Ese intento por educar a los padres se materializa en charlas y tareas acerca de la importancia de crear un círculo de confianza, de talleres sobre potenciar el apego o de enseñar formas de conducir rabietas de los pequeños y de hacer frente a comportamientos problemáticos. Además de esto, Naroa Ramírez insiste en que la Asociación siempre está abierta para cualquiera que quiera saber sobre las familias de acogida, cualquier persona es bienvenida. Un aspecto muy importante de MAGALE que explica Naroa Ramírez es que se ponen a disposición de otros profesionales para ayudarles en su formación en este ámbito. Es decir, cualquier profesor, psicólogo o trabajador social que quiera informarse y conocer en profundidad qué es la acogida, cómo se debe tratar a estos niños, cómo se les puede ayudar, etc. puede acudir a la asociación, donde, encantados, le atenderán.

Muchos de los padres que se acercan a MAGALE suelen tener miedos, dudas e inseguridades similares. Ramírez  opina que, en general, el miedo que existe es el de “saber si los niños se van a adaptar. También están preocupados por si ello van a ser capaces de crear ese vínculo de confianza con los pequeños y se va a dar el apego“. Esto algo muy importante y que les cuesta tanto a los niños porque son niños que “hacen las maletas muchas veces. Están entre dos mundos. De momento estás en una casa, pero sabes que te vas a ir y, por tanto, crear apego es difícil”. En cuanto a las dudas, la más común, según Naroa Ramírez es la de “y cuando me lo quiten, ¿qué?“. Ante esta pregunta, Naroa revela que ella odia esa frase, porque el niño “no es una posesión. El pensamiento es algo similar a decir, bueno, yo ya he hecho esa buena acción, ahora el niño es mío. A mi esto me choca, no es adecuado”. Por otro lado, ella misma es la que dice que la marcha de los niños es “la raíz del acogimiento. Teóricamente eso es es bueno, que se vaya está bien. Pasa poco, no es lo habitual, pero si ocurre es porque la situación de la familia de origen es mucho mejor y es positivo”. Naroa Ramírez afirma que una vez que se termina el acogimiento, suele haber un contacto frecuente entre el niño y los padres de acogida.

Los niños también reciben en MAGALE atención. Los talleres y las actividades están también pensados para ellos. La propia Naroa Ramírez es una de las encargadas de esto y cuenta que muchas veces se los lleva de retiro durante el fin de semana. Comenta entre risas que “estos niños son un encanto, pero tienen su mochila. Muchas veces se muestran más desafiantes con los padres de acogida, tratando de ponerles a prueba para saber qué es lo que estos sienten hacia ellos. Sin embargo, cuando salen de ese círculo y pasan tiempo con otros familiares, abuelos u otros niños como ellos, como que se relajan y son encantadores”. A los pequeños también se les ofrece ayuda psicológica.

Dar a conocer

Folletos informativos de MAGALE. Foto de Belén Torres

Folletos informativos de MAGALE. Foto de Belén Torres

Actualmente, están muy centrados en la difusión de qué el acogimiento. Son lo primeros que expresan que hay bastante confusión entre adopciones y acogidas y por eso están muy enfocados a aclarar el significado de esto términos, a establecer los límites entre ambas realidades. Nosotras también hemos tratado de explicar su diferencia en una de las primeras entradas de este proyecto. Este es el motivo que les llevó a crear este año 2016 el ciclo de cine Acogimiento en Familia que se celebra los jueves 27 de octubre y 3, 10 y 17 de noviembre en los cines GOLEM de Pamplona. Aquí buscan exponer qué es el acogimiento familiar a través de la proyección de películas y de un coloquio posterior llevado a cabo por profesionales del ámbito, entre ellos la psicóloga Carlota Caso, puedes ver qué contó en esta entrada. El pasado 3 de noviembre nosotras fuimos asistentes y pudimos aprender más del tema gracias a la película “La Vergüenza” de Daniel Planell, aquí podéis ver algunas fotos del evento.

Además de esto, Naroa Ramírez explica que desde MAGALE están en fase de desarrollo de una nueva iniciativa llamada familias guía. Se trata de que núcleos familiares que ya hayan pasado por un acogimiento, que tengan una experiencia previa y que sean capaces de asesorar a otra. Sería algo así como establecer un contacto permanente entre la nueva familia y la veterana para que esta le pueda servir de guía.

Tal y como ellos mismos reflejan en su página web “la creación de MAGALE ha sido muy satisfactoria para todos, hablamos en un lenguaje común, y para nuestros hijos ha sido muy positiva”.

 

¿Conocíais MAGALE? ¿Qué otras asociaciones interesantes sabéis algo? 

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