Acogida, Sin categoría

Naroa Ramírez: “Volvería a pasar por todo porque me gusta mi vida de ahora”

BELÉN TORRES

A Naroa Ramírez  la conocimos como parte de la Junta Directiva de MAGALE, la Asociación navarra de Familias de Acogida, en una entrada anterior de este blog. Sin embargo, esta joven educadora de 23 años es un ejemplo de cómo los niños de acogida, una vez crecidos, son capaces de devolver lo que recibieron de esas personas que en palabras de la propia Naroa: “abren su casa y su corazón a niños que no saben cómo van a responder”.

Naroa cuenta que “me sacaron de casa con seis años, y a mi hermana con cuatro, debido abusos y negligencias”. Su primer destino fue un centro de observación, en el que ambas hermanas estuvieron juntas tres meses.  Es en esos lugares donde se observa a los niños y se estudia y valora qué es más adecuado para ellos: un acogimiento extenso, de la propia familia, como es el de Olimpia Jiménez; algún hogar fuera de la familia biológica; un centro de acogida o un piso tutelado. Una cosa curiosa que explica esta joven es que “no te buscan simplemente una familia. Buscan que la familia se adapte a ti, no tú a ella”. En su caso, la encontraron en poco más de dos meses. Así pues, empezaron las visitas para conocer a quienes, desde el centro, creían que eran los más adecuados para hacerse cargo de estas pequeñas. De esta manera, un fin de semana que se marcharon con ellos, ya no regresaron al centro “mi hermana dijo que no volvía y no hubo manera. Así que allí nos quedamos”, cuenta sonriendo.

La familia que les tocó a Naroa y su hermana les hizo mucho bien. Foto de Freeimages9 en Pixabay.

La familia que les tocó a Naroa y su hermana les hizo mucho bien. Foto de Freeimages9 en Pixabay.

La familia que acogió a las hermanas Ramírez ya tenían otras dos biológicas mayores, con las que Naroa confiesa llevarse bien “aunque con una mejor que con la otra. Somos más parecidas, tenemos la misma forma de ver la vida”. Estuvo viviendo con ellos desde los seis años y hasta que “yo tenía doce y mi hermana diez. Entonces volvimos con mi madre biológica. Estuvimos con ella un año y media y volvimos a estar en acogida”. De ese tiempo no guarda buen recuerdo. La situación era difícil. Aún se acuerda de aquellos días en los que habían llegado a vivir en una habitación de un piso compartido o cuando no tenían ni para desayunar. Además, el hermano con el que había tenido problemas volvió a vivir con ellas, cosa que empeoró la situación. Durante la semana, el instituto -en el que veía a su padre de acogida, pues trabajaba como profesor- la mantenía ocupada. Los fines de semana procuraba pasar mucho tiempo fuera de la casa. “Mi madre biológica consiguió nuestra custodia porque mi abuela pagó un abogado y ganó el juicio pero eso no te capacita automáticamente para poder cuidar a unas niñas. Tener un trabajo no implica que puedas mantener a una familia“, expone Naroa. Cuenta que, como al resto de niños en su situación, cuando tienen doce años firman un documento confirmando que están de acuerdo en volver con la familia biológica. Naroa Jiménez echa en cara que desde las instituciones no le dijeran que su madre biológica no estaba realmente capacitada para cuidarlas, “independientemente de que yo quisiera o no volver, a mi me dicen que es apta. Es mi madre y es lógico que volviera”, sentencia.

Al cabo de un año y medio, entraron otra vez en el sistema. “Tuvimos la suerte de que nos volvió a tocar la misma familia“, Naroa lo piensa mejor y comenta que “no fue suerte como tal, sino un gesto de buena voluntad, porque nosotras lo pedimos, ellos también y nos lo concedieron. Teóricamente, vuelves empezar todo el proceso: la valoración, la búsqueda… pero nos hicieron el favor”. Y menos mal porque al tener 14 años y su hermana 12 hubieran ido a parar a un centro. Naroa sigue viviendo a día de hoy con ellos, aunque comenta que su hermana, cuando cumplió la mayoría de edad se marchó con su madre biológica pero la relación no funcionó y ahora está independizada.

Un carácter que sorprende

A día de hoy, confiesa mantener cero contacto con su padre, su madre y su hermano biológico, que es con quien tuvo los problemas de abusos. Su hermana pequeña tampoco sabe mucho de ellos. Sin embargo, procura ir una vez al año a Galicia a ver  su abuela, a la que adora. Cree que es poco probable que haya algún acercamiento con sus padres. Esto tiene una razón concreta y es que ” mi hermana se fue con ellos al cumplir los dieciocho. Entonces tienes edad para trabajar. A ella le comieron la cabeza para que trajera dinero a casa y luego le dieron la patada. Para mi, mi hermana es lo más importante que tengo y la trataron mal, así que les hice la cruz”, explica tranquilamente. Naroa Ramírez se muestra tan calmada y sosegada mientras explica una historia dura, que resulta hasta sorprendente. Se lo hacemos notar y ella sonríe y admite que es parte de su carácter y que, aunque se siente frente a dos desconocidas y relate su complicada infancia, es tímida y le cuesta hablar. Intuye que puede ser consecuencia de lo que le ha tocado vivir.

Sin embargo, reconoce que no todo lo que ha vivido es malo “el saber que hay personas buenas, que ayudan…Gracias a lo que he vivido soy la persona que soy, ni mejor ni peor, pero sí con los valores y el pensamiento que tengo. Cuando mis amigos me preguntan si lo cambiaría, contesto que no. Quitando lo morboso de la historia, yo volvería a a pasar por todo porque me gusta mi vida tal cual es ahora“. Ese carácter pausado le ayudó a que sus estudios no se vieran muy afectados por su situación e hizo que tuviera muy buena relación con sus profesores siempre.

Al principio del acogimiento, no tenía mucha comunicación con sus padres. Era bastante consciente de la situación y  no quería cogerles demasiado cariño. Ramírez recuerda que “yo sabía que aquello era temporal. Ahora estábamos aquí, pero nos podíamos ir en cualquier momento. Nosotras hacíamos las maletas muchas veces, con mucha frecuencia”. Ahora la relación con su madre de acogida es más que excelente. Explica que llegar a ese punto costó, “por mucho que ellos hicieran cosas para acercarse, hasta que yo no quise no pasó. Desde mi punto de vista, el apego se crea cuando el menor decide que ocurra. Si él percibe la situación como algo temporal no quiere crear vínculos que se van a romper, no quiere pasarlo mal”.  Ella conectó cuando quiso pero eso no significa que no viera aquel gran gesto por parte de esta familia. Era consciente de lo que estaban haciendo esos padres “yo pensaba que vaya pedazo de gesto estaban haciendo y no tenían ni porqué. Ellos ya tenían hijas, no había necesidad de hacer esto”, cuenta.

La relación con su madre de acogida no podía ser mejor. Foto de Marcisim en Pixabay.

La relación con su madre de acogida no podía ser mejor. Foto de Marcisim en Pixabay.

Mi madre es mi madre de acogida, yo la siento así”, relata con esa tranquilidad suya.  Es muy cercana a su madre pero “no le explico todo lo que pasa, porque sé que lo ha pasado tan mal… tengo un instinto de protección muy grande hacia ella”, explica. Esa misma madre fue la que fundó, junto con otras, MAGALE como forma de ayudar y difundir el acogimiento.

Sigue viviendo con ellos pero no tiene ningún vínculo más allá de que “legalmente, comparto piso con mi madre [de acogida] por buena voluntad o por caridad, como lo queráis ver. Legalmente no hay ninguna vinculación“, ríe. Habla de que hay cuestiones en las que se tiene que trabajar cuando estos menores cumplen dieciocho años: seguridad social, sanidad… hay mucho. A pesar de que con la mayoría de edad puedes mantener el régimen de acogimiento unos meses más, es primordial pensar en y después, ¿qué?

Rotundamente sí

Se hizo educadora con la intención de devolver lo que había recibido “lo decidí con seis años, cuando estaba en el cetro de observación y había un bebé al que no le hacían mucho caso. En el momento en que se puso a andar, lo hizo conmigo y decidí que esto es lo que quería hacer, quería estar ahí”, y continúa “creo de verdad que un profesor influye en los críos y yo quiero ayudar”. Este es uno de los motivos por el que está ahora trabajando con los niños en MAGALE, estando con ellos, preparando actividades, jugando y cuidándolos. Ese interés por hacer la vida mejor a los más pequeños es lo que le lleva a responder con un sí fuerte y seguro que le gustaría ser madre de acogida.

¿Os parece bonita que Naroa esté tratando de devolver todo lo bueno que recibió?

Anuncios
Estándar
Acogida, Sin categoría

Acogida. La actuación del Gobierno de Navarra

BELÉN TORRES

El pasado mes de octubre en el programa En persona de Radio Universidad de Navarra -programa en que participamos las dos redactoras de este blog- se trató el tema de las familias de acogida. Desde allí, nuestra compañera Puy Portillo realizó una entrevista de especial interés a Mikel Gurbindo, subdirector de Familia y Menores del Gobierno de Navarra, quien explica que hay varios ámbitos de actuación por parte de la Institución. En ese programa también se pudo escuchar a Olimpia Jiménez, a quien entrevistamos con motivo de este blog.

Para empezar, las situaciones en las que el Gobierno se ve en la obligación de actuar están motivadas por dos causantes: los padres o los hijos. Cuando quienes incumplen son los padres está lo que se llama situación de desprotección esto es “cuando hay un abandono, un maltrato físico, un abuso sexual o cualquier tipo de negligencia que incide directamente en el menor, lo sitúa en riesgo y en desamparo por parte de los padres”, dice Gurbindo. Esto puede deberse a una situación pensada o, simplemente, por una falta de habilidades maternales, paternales o sociales que les impiden desempañar su papel correctamente.

El subdirector de Familia y Menores explica que también puede darse el caso de que “menores de entre 14 y 18 años sean  los que perturban la dinámica familiar con conductas graves hasta el punto de hacer inviable la convivencia familiar” de forma que se les obligue actuar. Si bien es cierto que estos chavales suelen haber vivido momentos de desprotección o maltrato cuando eran más pequeños que han desembocado en estos comportamientos. Según los datos que maneja Gurbindo, en Navarra los casos estarían repartidos de una forma casi equilibrada entre las dos opciones.

Siempre se intenta mantener la familia unida. Foto de DanEvans en Pixabay.

Siempre se intenta mantener la familia unida. Foto de DanEvans en Pixabay.

Jerarquías de actuación

El subdirector de Familia y Menores del Gobierno de Navarra explica que, antes de que sean ellos quienes intervienen, hay otros dos organismos anteriores que se encargan de casos más leves. Para situaciones puntuales, altercados leves, que no se suelen dar, están las unidades de barrio, las bases, la atención primaria. Cuando la desprotección es moderada, es decir, hay indicadores de que el menor o la menor pueden estar sufriendo ciertas situaciones donde hay dificultad de cubrir sus necesidades biológicas, sociales, emocionales o de cualquier otro tipo. Aquí entran en acción los equipos de Atención a la infancia y a la adolescencia.

En el último nivel es en el que entran ellos, el servicio de Familia y Menores del Gobierno de Navarra. “Son situaciones graves, elevadas, de desamparo”. Sin embargo, antes de llegar a sacar al menor de su hogar y de que sea el Gobierno el que se haga con la guarda o tutela del pequeño, Gurbindo explica que “se trabaja en equipo para mejorar las situaciones de conflicto para evitar, en la medida de lo posible, que el menor  salga de su casa”. En caso de que lo que el pequeño está viviendo sea insostenible o se agrava, se hace un acogimiento ya sea familiar o residencial.

Familia, centro o piso

Así, ¿cómo se decide si lo más adecuado es una familia, un centro de acogida o un piso tutelado? Existe un protocolo para eso también. En el caso de que el menor no tenga más de tres años, la ley exige que se vaya a una familia.  Lo primero que hace Gobierno de Navarra es un sondeo en la familia del pequeño para ver si hay alguien que se pueda hacer cargo de él de forma temporal, que es como están planteados todos los acogimientos. De esta manera, se revisa la historia de la familia extensa: abuelos, tíos, primos… este es el caso de Olimpia Jiménez, a la que conocimos en una entrada anterior. Si esta no tuviera “las herramientas necesarias o adecuadas para hacerse cargo del menor, para satisfacer las necesidades de cualquier tipo, se buscará a alguien fuera del núcleo familiar que garantice la crianza y la educación”, explica Gurbindo. Por otro lado, si el menor tiene más de 7 años, se llega a la conclusión, en caso de que haya otras dificultades, como su comportamiento, entre otras cosas, que se le lleve a un centro residencial.

Temporalidad

Así, como ya se había dicho en otras ocasiones en el blog, el acogimiento está caracterizado por ser temporal y cuyo fin es salvaguardar a los menores satisfaciendo carencias o necesidades que la familia biológica, por el motivo que sea, no está capacitada para hacer. En la medida de lo posible, se aboga por alejar lo menos posible a los niños de quienes les dieron la vida. De ahí que se acuda, en primer lugar, a la familia extensa. De todas maneras, es necesario destacar que para que el Gobierno de Navarra o cualquier otra institución se vea con la obligación de intervenir en el seno de la familia, la situación debe ser extremadamente difícil. En caso de que no sea así, siempre se intentará trabajar con sus protagonistas para evitar males mayores, como sería la separación de padres e hijos mediante la pérdida de la custodia.

Si bien es cierto que como se vio en la entrada que explica la historia de Olimpia Jiménez, también puede ser que sean los propios padres biológicos los que no se vean capaces de hacer frente a la paternidad o la maternidad y acudan a las instituciones para entregar la tutela, la patria potestad, para que se les busque una oportunidad mejor.

¿Veis bien que antes de quitarle la tutela del niño a unos padres se intente mejorar la situación trabajando con ellos? 

Estándar
Acogida, Sin categoría

Olimpia Jiménez: “Tiene permiso para quererme”

BELÉN TORRES

“Hola, me llamo Olimpia Jiménez y soy madre de acogida extensa permanente desde hace ocho años”, así se presenta la protagonista de esta historia.

Los niños de acogida tienen regresiones, vuelven a cuando eran bebés. Foto de kheinz, en Pixabay

Los niños de acogida tienen regresiones, vuelven a cuando eran bebés. Foto de Kheinz, en Pixabay

Una de las mejores formas de aprender sobre el acogimiento es acudiendo a quienes viven esta situación en primera persona. Esta mujer de ojos claros, rubia y de sonrisa afable es una de ellas. Olimpia tiene 57 años y desde hace ocho es madre de acogida extensa. Tal y como ya contamos en una entrada anterior, esto significa que es familia directa de la niña que vive con ella, tienen vínculo sanguíneo. Además, cuando el crío lleva más de dos años con la familia, el acogimiento pasa a ser permanente, “porque no se sabe si va a estar contigo cinco años, uno o hasta que sea abuelo”, explica Jiménez.

La necesidad de actuar

Todo empezó  porque Olimpia Jiménez vio que la madre biológica de la pequeña no podía hacerse cargo de ella. Detectó algunas carencias y decidió actuar: “[la niña] es de tu familia y no puedes consentir una situación así. Es una cosa que ocurre sola, no te planteas no hacer nada, te mueves, haces lo que crees que es mejor”, explica y lo que ella creyó que debía hacer era ofrecerse para cuidarla. Cuando lo habló con la madre biológica, esta estuvo de acuerdo y acudió a Gobierno de Navarra para entregar la custodia de la criatura. Desde ahí se buscó el mejor entorno para ese bebé de diez y ocho meses. Lo que se intenta siempre desde las instituciones es que se quede, en la medida de lo posible, con alguien de la propia familia. Jiménez ya había sido señalada por la madre biológica como guarda de la niña, a pesar de esto, fue imprescindible que Olimpia hiciera las pruebas y exámenes que pasan todas y cada una de las familias que se ofrecen para un acogimiento “tienes que exponer tu vida entera, tanto económica, como física, emocional… todo. Y es un proceso largo, muy largo, eternos. Es cierto que mientras todo se hacía la niña estaba conmigo, pero aún así…”, relata.

Esta situación, todo el papeleo, duró aproximadamente un año, y Olimpia Jiménez explica que “vives con mucha angustia, porque sabes que la niña contigo está bien, que está cuidada, atendida, que tiene una rutina, que está atendida… pero la última  palabra no la tienes tú y se la pueden llevar después del tiempo que lleva en casa. Al final, es parte de tu familia y ves que no tienes poder de decisión”. Así cuando recibió la confirmación de que la pequeña se quedaba con ella fue “un respiro emocional, pero sobretodo me permitió hacer planes: inscribirla en la seguridad social, empadronarla… te permite organizarte.”

Olimpia explica sí que hubo un intento de que la pequeña volviera con su madre biológica, pero que no fue factible y, además, supuso un retroceso en la estabilidad de la niña “estaba fatal. Tuvimos que hacer todo el proceso a la inversa, fue como volver a empezar”, comenta. A pesar de eso, madre biológica e hija se ven todas las semanas durante varias horas.

Sufrimiento por los dos lados

Con estos pequeños es imprescindible trabajar, pasar tiempo y estar con ellos, ya que “estos niños sufren emocionalmente una barbaridad. Siempre están en la tesitura de elegir entre: mi madre no me quiere y por eso no vivo con ella o no soy lo suficientemente buena y por eso no vivo con ella… ¿cuál elegirías tú? Ellos se deciden por ‘no soy lo suficientemente bueno’. Esto para ellos es: no me gusto a mi misma, soy un asco, no me quiero mirar al espejo, estoy gorda, no me gusta mi pelo, quiero cambiarme de nombre, no quiero ir al cole… el rechazo que ellos creen que sus padres tienen hacia ellos, se lo hacen a sí mismos, se auto inmolan. Sacarlos de ahí es muy difícil, muy difícil”, explica Olimpia. Tal es ese sufrimiento que tienen regresiones, se sienten tan sobrepasados por la situación que empiezan a tener comportamientos de bebés: piden chupetes, papillas, que se les cojan en brazos…

A pesar de todo el sufrimiento, el acogimiento merece la pena. Foto de chin1031 en Pixabay.

A pesar de todo el sufrimiento, el acogimiento merece la pena. Foto de chin1031 en Pixabay.”

“Necesitan volver a ese estado donde no tenía que pensar en nada, no tenía que hacer nada y mi mamá era la que estaba por mi”, comenta Jiménez y continúa diciendo que “es muy duro y se necesita mucha terapia porque la autoestima de estos niños está como a menos veinte… y esto repercute en los estudios. Van al colegio con medio cerebro, una parte pensando en su madre y la otra mitad pendiente de las matemáticas”, continúa. También determina su comportamiento social y sus relaciones.

No es únicamente duro para los críos, también para quien los cuidan. Olimpia Jiménez es viuda, por tanto, se encarga ella sola de la niña y “muchas veces te bloqueas o pierdes la paciencia. En esos caso es muy necesario contar con el apoyo de profesionales que escuchen, que te guíen y que te hagan ver que es normal que estés afectado pero que también te muestren herramientas que te permitan seguir adelante”. Porque la situación es tan delicada que se llega al extremo de verse “con la necesidad de romper la relación con la familia para protegerlo contra todo. Lo que no te imaginas, en el caso de un acogimiento extenso, es que tienes que protegerlos de la propia familia, de los padres biológicos que intentan saltarse, con toda clase de argucias para salvaguardar al pequeño”, narra Olimpia y continúa “es muy, muy, muy duro. Tienes que poner un muro entre tu familia y tú, hay que marcar unos límites brutales, para salvaguardar al crío”. Sin embargo, este no es exactamente su caso ya que, como se ha contado más arriba, la madre biológica estaba de acuerdo con el acogimiento.

Compensa una y mil veces

Sin embargo, ese sufrimiento y sacrificio compensa “cuando ves que se levantan un día y sonríe, y ríe, y va por la casa canturreando, que se siente querida, que tiene motivos para vivir. Porque estos niños son depresivos, tristes, pero cuando ves situaciones normales, respiras, te relajas y disfrutas”, relata esta madre que tuvo que dejar su trabajo para poder atender adecuadamente las necesidades de esta niña. Tanto es así que Olimpia se planteó acoger a alguien más: “me gustaría, sí, me gustaría mucho”.

Todo por cuidar de lo niños y hacerles felices. Foto de DariuszSankowski en Pixabay.

Todo por cuidar de lo niños y hacerles felices. Foto de DariuszSankowski en Pixabay.

A pesar de todo esto, esta madre de  acogida explica con una gran sonrisa en la cara que ahora están muy bien “tuvimos una reunión en primavera con la madre biológica en la que le aclaró a la niña que, en mucho tiempo, no iba hacerse cargo de ella y a la cría le ha entrado un descanso…”, ríe Olimpia. La niña llegó a casa con apenas diez y ocho meses y ahora, con casi nueve “se ha relajado y se ha situado mejor en el mundo. Su madre la ha dado permiso para quererme y ahora es otra niña”, relata una feliz Olimpia. Y es que el acogimiento es una medida temporal que existe con la idea de que estos pequeños vuelvan con sus familias  de origen una vez se haya resulto el conflicto.  Por  eso, no se permiten sentir demasiado hacia quienes los están cuidando, porque saben que se marcharán.

¿Qué os ha parecido la historia de esta madre de acogida? 

Estándar
Acogida, Sin categoría

Ciclo “Acogimiento en Familia” o cómo informar a través de películas

BELÉN TORRES

MAGALE es una de las asociaciones que hay en Navarra que trabaja con familias de acogida, tanto con los padres, como con los hijos. Para conocer en profundidad qué es lo que hace MAGALE, se puede acudir a una de las entradas anteriores de este blog, donde ya hemos hablado de ella.

Una de las cuestiones de las que nos hemos dado cuenta a lo largo del proceso de creación de este proyecto es de la  falta de información que hay acerca de las familias adoptantes pero especialmente de las de acogida. Con el objetivo de darlas a conocer y de difundir qué son se ha organizado este año por primera vez un ciclo de cine llamado “Acogimiento en Familia”.  La idea es la de “generar en la sociedad navarra una cultura de acogimiento familiar”, tal como muestran en su folleto. Detrás de esta iniciativa están MAGALE y los Cines GOLEM.

Además de la proyección de una película, los jueves 27 de octubre, 3, 10 y 17 de noviembre a las 19:30 en lo cines GOLEM, se complementa la actividad con un coloquio liderado por algún profesional vinculado al acogimiento familiar.

La película a la que asistimos el pasado 3 de noviembre se titula La Vergüenza (David Planell, España. 2009).

Aquí os dejamos un Tweet donde podéis consultar cuáles son las películas que se proyectarán, la hora, el sitio… toda la información que necesitáis.

Estándar
Acogida, Sin categoría

Conozcamos MAGALE, la Asociación Navarra de Familias de Acogida

BELÉN TORRES

Como ya comentamos en la entrada de Safaya, una forma de conocer la realidad de las familias de acogida y de adopciones es acudiendo a las asociaciones que trabajan con ellos. Aquí conoceremos a MAGALE.

Logo de Magale: Asociación Navarra de Familias de acogida. Foto de Belén Torres.

Logo de Magale: Asociación Navarra de Familias de acogida. Foto de Belén Torres.

MAGALE es la Asociación Navarra de Familias de Acogida. Tal y como cuentan en su página web, nace en agosto del 2003 de “un grupo de padres con niños en acogida, que sentían la  necesidad de compartir sus vivencias, aconsejarse en su problemática particular”. La creación de la asociación también se destina a que los niños pueda observar que existen diferentes tipos de familias, con distintas situaciones en ella.

Naroa Ramírez es una joven educadora de 23 años que pertenece a la Junta Directiva de MAGALE. Es ella la que nos explica “se creó un poco como punto de apoyo entre las familias, como forma de no sentirse solos. Desde el punto de vista de los padres fue como decir ‘no soy el único loco que me atrevo hacer esto’ y, desde el de los críos servía para darse cuenta de que no eran los únicos que estaban viviendo fuera de su casa”.

Naroa Ramírez explica que MAGALE, la Asociación como tal, basada en unos estatus cerrados y firmes que tienen ahora, nace en 2003, pero que la idea empezó tiempo atrás. Fue su madre acogedora junto con otros padres y madres en la misma situación los que quedaban para tomar café algunas tardes y así intercambiar impresiones, pensamientos y problemas.

Padres, madres, niños y profesionales

Es una Asociación que trabaja tanto con padres y madres acogedores como con los niños. Desde MAGALE se busca informar, formar y educar a esos padres a través de charlas y talleres. En entradas anteriores ya se ha hablado de la importancia que tiene dotar a quienes se ofrecen para cuidar a un niño que lo necesita de herramientas para hacer frente a situaciones complejas. Ese intento por educar a los padres se materializa en charlas y tareas acerca de la importancia de crear un círculo de confianza, de talleres sobre potenciar el apego o de enseñar formas de conducir rabietas de los pequeños y de hacer frente a comportamientos problemáticos. Además de esto, Naroa Ramírez insiste en que la Asociación siempre está abierta para cualquiera que quiera saber sobre las familias de acogida, cualquier persona es bienvenida. Un aspecto muy importante de MAGALE que explica Naroa Ramírez es que se ponen a disposición de otros profesionales para ayudarles en su formación en este ámbito. Es decir, cualquier profesor, psicólogo o trabajador social que quiera informarse y conocer en profundidad qué es la acogida, cómo se debe tratar a estos niños, cómo se les puede ayudar, etc. puede acudir a la asociación, donde, encantados, le atenderán.

Muchos de los padres que se acercan a MAGALE suelen tener miedos, dudas e inseguridades similares. Ramírez  opina que, en general, el miedo que existe es el de “saber si los niños se van a adaptar. También están preocupados por si ello van a ser capaces de crear ese vínculo de confianza con los pequeños y se va a dar el apego“. Esto algo muy importante y que les cuesta tanto a los niños porque son niños que “hacen las maletas muchas veces. Están entre dos mundos. De momento estás en una casa, pero sabes que te vas a ir y, por tanto, crear apego es difícil”. En cuanto a las dudas, la más común, según Naroa Ramírez es la de “y cuando me lo quiten, ¿qué?“. Ante esta pregunta, Naroa revela que ella odia esa frase, porque el niño “no es una posesión. El pensamiento es algo similar a decir, bueno, yo ya he hecho esa buena acción, ahora el niño es mío. A mi esto me choca, no es adecuado”. Por otro lado, ella misma es la que dice que la marcha de los niños es “la raíz del acogimiento. Teóricamente eso es es bueno, que se vaya está bien. Pasa poco, no es lo habitual, pero si ocurre es porque la situación de la familia de origen es mucho mejor y es positivo”. Naroa Ramírez afirma que una vez que se termina el acogimiento, suele haber un contacto frecuente entre el niño y los padres de acogida.

Los niños también reciben en MAGALE atención. Los talleres y las actividades están también pensados para ellos. La propia Naroa Ramírez es una de las encargadas de esto y cuenta que muchas veces se los lleva de retiro durante el fin de semana. Comenta entre risas que “estos niños son un encanto, pero tienen su mochila. Muchas veces se muestran más desafiantes con los padres de acogida, tratando de ponerles a prueba para saber qué es lo que estos sienten hacia ellos. Sin embargo, cuando salen de ese círculo y pasan tiempo con otros familiares, abuelos u otros niños como ellos, como que se relajan y son encantadores”. A los pequeños también se les ofrece ayuda psicológica.

Dar a conocer

Folletos informativos de MAGALE. Foto de Belén Torres

Folletos informativos de MAGALE. Foto de Belén Torres

Actualmente, están muy centrados en la difusión de qué el acogimiento. Son lo primeros que expresan que hay bastante confusión entre adopciones y acogidas y por eso están muy enfocados a aclarar el significado de esto términos, a establecer los límites entre ambas realidades. Nosotras también hemos tratado de explicar su diferencia en una de las primeras entradas de este proyecto. Este es el motivo que les llevó a crear este año 2016 el ciclo de cine Acogimiento en Familia que se celebra los jueves 27 de octubre y 3, 10 y 17 de noviembre en los cines GOLEM de Pamplona. Aquí buscan exponer qué es el acogimiento familiar a través de la proyección de películas y de un coloquio posterior llevado a cabo por profesionales del ámbito, entre ellos la psicóloga Carlota Caso, puedes ver qué contó en esta entrada. El pasado 3 de noviembre nosotras fuimos asistentes y pudimos aprender más del tema gracias a la película “La Vergüenza” de Daniel Planell, aquí podéis ver algunas fotos del evento.

Además de esto, Naroa Ramírez explica que desde MAGALE están en fase de desarrollo de una nueva iniciativa llamada familias guía. Se trata de que núcleos familiares que ya hayan pasado por un acogimiento, que tengan una experiencia previa y que sean capaces de asesorar a otra. Sería algo así como establecer un contacto permanente entre la nueva familia y la veterana para que esta le pueda servir de guía.

Tal y como ellos mismos reflejan en su página web “la creación de MAGALE ha sido muy satisfactoria para todos, hablamos en un lenguaje común, y para nuestros hijos ha sido muy positiva”.

 

¿Conocíais MAGALE? ¿Qué otras asociaciones interesantes sabéis algo? 

Estándar
Acogida, Sin categoría

Acogimiento y otras cuestiones que hay que saber del tema

BELÉN TORRES

A la hora de plantearse la posibilidad de ser una familia de acogida, surgen muchas dudas de distintos ámbitos. Quizás, una de las preguntas más frecuentes es la de cuál es la diferencia entre el acogimiento y la adopción, de la que hemos hablado en entradas anteriores. Sin embargo, hay muchas más. En este post trataremos de dar respuesta algunas de estas cuestiones.

Es frecuente que al hablar de acogimiento, se suele sobreentender que los niños que se ven evocados a entrar en este sistema vienen de hogares con problemas de cualquier índole. Así, lo mejor para ellos es encontrarse en un ambiente estable y, en muchos caso, se tiende a pensar que este es el que está formado por una pareja. Sin embargo, estos no son los únicos que puede ofrecerse para un acogimiento, por tanto:

¿Quién puede ser familiar acogedora?

Esta es una cuestión importante y de fácil respuesta. En principio, cualquier persona o núcleo familiar -matrimonios, parejas o familias monoparentales- que tenga las ganas y la ilusión de ayudar a un, dos o los niños que se pueda.

De todas maneras, aquí en Navarra, tal y como encontramos en la página del Gobierno “cualquier familia puede ser acogedora pero no cualquier familia puede acoger a cualquier menor”.

Así, hay que tener en cuenta una serie de cuestiones para que la unión sea fructífera, tanto por parte de la familia acogedora, como por el niño o niña. Se trata de variables como la edad, la presencia de hermanos o no, las dificultades especiales, la casa, la situación económica, etc.

Las familias de acogida en Navarra debe ser: “individuos o parejas con madurez personal, estables, responsables, con salud física y psíquica, y preferentemente residentes en Navarra, con medios suficientes y disponibilidad de tiempo”.

Quienes se ofrecen para un acogimiento de cualquier tipo deben saber que es importante disponer de tiempo para criar a estos menores, así como la capacidad de trasmitir valores positivos, de crear un entorno en el que se encuentran seguros, estables, apoyados, queridos y respetados.

Otro aspecto importante, y que también recoge la página del Gobierno de Navarra, es que deben aceptar las relaciones de los menores con su familia de origen y el régimen de visitas establecido. Y esto lleva a otra serie de preguntas, estas de ámbito legal.

Para abordar estas cuestiones, hemos acudido a Javier Nanclares, profesor de Derecho Civil de la Universidad de Navarra y con experiencia en estos temas, y a la profesora MªCaridad Velarde, del área de Filosofía del Derecho de la Universidad de Navarra.

Así, de los primeros aspectos que puede preguntarse un padre o madre acogedora es:

Cuando los niños entran en el sistema de acogidas, ¿en qué situación legal se encuentran?

El profesor Nanclares cuenta que el acogimiento, ya sea en familias o centros residenciales, se da cuanto la Entidad pública -las adopciones y acogimientos son una de las competencias propias de cada Comunidad Autónoma- pertinente se hace cargo de los menores y asume, en principio, su tutela administrativa “ya sea por un caso de guardia provisional o guardia temporal”.

Un aspecto muy interesante que trata Nanclares es que en el acogimiento siempre se intentará, en caso de que sea posible y no perjudique al menor, la reintegración en la propia familia. Además, si entran en el sistema de acogida unos hermanos, se buscará hasta encontrar una institución o una persona que tengan la capacidad de mantenerlos unidos.

Aludiendo al artículo 173 del Código Civil, el profesor Nanclares, expone que “el acogimiento familiar produce la plena participación del menor en la vida de familia e impone a quien lo recibe las obligaciones de velar por él, tenerlo en su compañía, alimentarlo, educarlo y procurarle una formación integral en un entorno afectivo. En el caso de menor con discapacidad, deberá continuar con los apoyos especializados que viniera recibiendo o adoptar otros más adecuados a sus necesidades.” Y continúa diciendo que “se trata de integrarlo en una familia a todos los efectos, de darle lo que no tenía, pero sin generar vínculos de filiación con los acogedores”.

De esta manera, no hay que olvidar que, en principio, lo que se intenta siempre es que los niños estén con su familia biológica directa. Tanto es así que la profesora Caridad Velarde comentó que en países de religión islámica no están permitidas las adopciones, que lo máximo a lo que se aspira es a los acogimientos, se pueden “prohijar”. Por poner un ejemplo, en el caso de el fallecimiento del matrimonio, los hijos pasarían a un acogimiento por parte de sus tíos, pero nunca podrían ser adoptados por estos últimos.

El sistema siempre intenta velar por la unión de los núcleos familiares biológicos, pero no es posible en todos los casos. Hay situaciones que requiere de la intervención de un ente ajeno a la familia para mejorar la situación de los menores de edad. Sin embargo, a pesar de que estos dejen de vivir con sus padres biológicos, se busca que mantengan el contacto con ellos, de ahí surge lo que se llama “régimen de visita”. Este consiste en el derecho que tienen los padres de visitar y estar con sus hijos, una vez que no tienen la guardia y la custodia de los mismos.

Así pues, la pregunta que se plantea es:

¿Cómo se establece el régimen de visitas entre los niños en acogimiento y los padres biológicos?

El profesor Javier Nanclares responde acudiendo a la constitución y dice que es la Entidad Pública del territorio, a la que se le había encomendado la protección del menor, la que regulará las visitas. Cabe destacar, como indica Nanclares, que el régimen de visita no es solo con los padres biológicos, sino que también atiende a las visitas con los abuelos, hermanos u otros parientes y allegadores de los menores.

Además, si hay motivos, estas visitas se pueden suspender de forma temporal si las partes están de acuerdo y el menor tiene suficiente madurez para decidirlo y más de 12 años.

Solo en caso de que la Entidad Pública no consiguiese poner de acuerdo a las partes, un juez intervendría para solucionar la disconformidad y establecer un calendario de visitas.

Uno de los aspectos más interesantes que explica Javier Nanclares, de Derecho Civil, y que está relacionado con la noticia que motivó el nacimiento de este blog, y es que “el régimen de visitas y relaciones con la familia de origen se suspenderá, salvo que el interés del menor demande lo contrario, en caso de iniciarse por decisión de la entidad pública una guarda con fines de adopción, lo que el artículo. 176 bis.2 llama una convivencia preadoptiva”.

Uniendo las dos cuestiones anteriores, las que tratan sobre la situación legal de los menores y de la relación entre la familia biológica y la de acogida, aparecen otras preguntas:

Mientras los niños están con la familia acogedora, ¿qué derechos tiene su familia biológica sobre ellos?

El profesor de Derecho Civil de la Universidad de Navarra habla de que “básicamente el derecho de visitas y de comunicación en los términos que establezca la Entidad pública que decreta la medida de guarda”. Continúa diciendo Javier Nanclares que la familia biológica cuenta también con “el derecho a que esa situación de guarda y el régimen de visitas sean objeto de revisión al menos cada seis meses, según el artículo 172 del Código Civil”.

Pero no solo es, también hay que saber:

¿Cuáles son los derechos de la familia acogedora sobre el menor?

Aquí el profesor Nanclares expresa que la familia acogedora “asume obligaciones y no adquiere propiamente derechos sobre el menor”. Insiste en que “como figura presidida por la idea de desempeño de una función, se ejercita en beneficio del menor acogido: se trata de facultades que se actúan en interés de éste. Pero, por poner un ejemplo, si fallece el menor, el acogido tiene derechos en su sucesión intestada”.

Como recoge esta página sobre derecho, la sucesión intestada es aquella que sucede cuando hay un fallecimiento sin testamento o con su invalidez. Así, ante la inexistencia de heredero, la ley designa uno por defecto. Suele ser basado en relaciones de consanguinidad y afinidad, sino hay que seguir el orden de: descendiente, ascendientes, cónyuges, colaterales y, por último, el Estado.

Una vez se formaliza el acogimiento y la familia ya tiene al niño -o a los niños- con ellos, ¿qué ocurre? Aquí se entra en una fase de seguimiento por parte del órgano concreto que lleve el tema de las acogidas. El seguimiento consiste en mantener encuentros periódicos con los profesionales encargados del caso del niño o niña en cuestión. Se hace con el fin de conocer cómo está llevando el pequeño la situación, así como la propia familia. Además, estos profesionales son también los que van informando, de forma periódica, a la familia biológica. En Navarra, este seguimiento se hace por parte del Instituto Navarro para la familia y la Igualdad, tal como expone esta páginaasegura, además, que mientras dure el acogimiento, la familia acogedora cuenta con el apoyo de un equipo técnico.

Y de aquí se deriva otra de las preguntas,

¿Qué apoyo reciben los acogedores?

En la página mencionada más arriba se expone que “el acogimiento entraña obligaciones y dificultades derivadas de las necesidades y características del menor, así como de la relaciones con sus padres”. Por ese motivo, es importante que se forme a las familias acogedoras, se les oriente y asesore para facilitar la integración del niño en la nueva familia. Para ser más concretos, estas familias reciben, tal como dice la página del Gobierno, ayudas económicas mensuales para hacer frente a los gastos.

Además, y como también comenta el profesor de Derecho Civil Javier Nanclares, y que hemos podido comprobar en esta Guía de Ayudas Sociales y Servicios para las Familias 2016existe la posibilidad de que los padres acogedores -ya sean parejas o familias monoparentales- puedan cogerse bajas maternales/paternales o, incluso, excedencias.

En el caso de una baja maternal para un acogimiento vemos que, según la Guía, este dura: “16 semanas interrumpidas, ampliables en 2 semanas más por cada hijo o menor, a partir del segundo, si se trata de una adopción o acogimiento múltiple. Asimismo, se amplía dos semanas en caso de discapacidad del menor adoptado o acogido”. Además de eso, cabe la posibilidad de repartirse el tiempo de la baja en caso de que ambos padres trabajen y que “sean periodos de tiempo sin interrupción y que no sumen más de 16 semanas o de las que correspondan en caso de adopción o acogimiento múltiple”. Se da en caso de que el menor no tenga más de 6 años, o en el caso de que sea menor de edad (18 años) y tenga una dificultad especial para adaptarse al nuevo entorno familiar, física, psicológica o de otra índole.

Por otro lado, durante las primeras 6 semanas es posible recibir un subsidio de maternidad especial por cada hijo, en el caso del acogimiento múltiple. Este se empieza a cobrar a partir del día de la resolución de la acogida.

En el caso de una baja paternal para un acogimiento el empleado tiene derecho a 13 días ininterrumpidos, con posibilidad de ampliar en 2 días por cada hijo, a partir del segundo. Además será un permiso de 20 días en el caso de que el acogimiento se haga en una familia numerosa, cuando la familia se vuelva numerosa por ese acogimiento o cuando el menor posea una discapacidad.

Además de esto, existe la posibilidad -explícita en la guía citada anteriormente- de pedir una excedencia por “cuidado de hijos o menores acogidos”. La excedencia es “el permiso a que tiene derecho el/la trabajador/a durante un período de tiempo pero sin derecho a seguir recibiendo el salario que venía cobrando”. El permiso puede ser de un máximo de 3 años y se puede coger desde el momento en que se tenga la resolución del acogimiento.

Como ya se explicó en una entrada anterior el acogimiento puede ser de diversa índole, y tener una duración imprecisa. Sin embargo, el acogimiento sí que puede terminarse, según el Gobierno de Navarra por distintos motivos como

-1. El retorno con su familia biológica, -2. Si el menor no consigue adaptarse al entorno de la familia, o viceversa, y se busca una solución más acertada y -3. Cuando el menor de edad cumple 18 años.

De aquí, se derivan otras dos preguntas

Una vez termina el acogimiento, ¿se puede tener relación con el niño o niña acogido?

Todo depende de las circunstancias. Si el acogimiento acaba porque el pequeño vuelve con su familia biológica, todo depende de esta. En el caso de que se finalice por la inexistencia de sintonía entre el menor y la familia, es improbable que haya contacto entre ambos posteriormente. Si se da el punto 3, el profesor Nanclares responde que “como es natural, dejan de ser niños. Adquieren plena capacidad de obrar para todos los actos de la vida civil. Esto significa que se extingue el acogimiento (artículo 173. 4 letra d/). Sus padres seguirán siéndolo quienes lo sean y del mismo modo que un menor no sometido a acogimiento se libera de la patria potestad de sus padre o de la tutela ordinaria (de sus tíos, por ejemplo, al haber muerto ambos padres) al cumplir los 18 años, los menores sometidos a acogimiento se verán libres de la guarda administrativa”. Es decir, la decisión de mantener el contacto o no con quienes hayan sido sus padres de acogida, es suya.

La situación de acogimiento es delicada y siempre surgen dudas, tanto para quienes plantearse ser familia acogedora, como para quienes sienten interés por el tema y se ponen a reflexionar sobre él. Aquí dejamos algunas de las preguntas que se nos plantearon a raíz de profundizar en el tema.

¿Qué preguntas os surgen a vosotros sobre acogimiento?

Estándar
Acogida, Sin categoría

Carlota Gutiérrez: “El papel del maestro es fundamental porque es como un mediador”

BELÉN TORRES

Ya en la entrada anterior hemos visto que los niños adoptados pueden tener ciertos problemas escolares debido a la situación en la que se encuentran. Tal como escribía Patricia, “los traumas que han sufrido a lo largo de su vida, como la falta del vínculo materno, por ejemplo, hacen que presenten dificultades que se trasladan de casa a la escuela”.

En el caso de los niños de acogida, la situación es la misma o incluso peor. Cabe recordar que muchos de estos pequeños sí conocen a sus padres, saben que no están con ellos pero no acaban de saber por qué no están viviendo con quienes le dieron la vida. Es una situación muy compleja, a veces incomprensible para ellos, que les afecta en todas los ámbitos de su vida, como en el colegio. Muchos de estos niños tienen problemas de aprendizaje y los profesores tienen un papel fundamental para detectarlos y para ayudar a los pequeños en todo lo que necesiten, intentando que su rendimiento académico pueda ir mejorando poco a poco.

Tizas de colores. Imagen de Pixabay libre de derechoos.

Tizas de colores. Imagen de Pixabay libre de derechos.

Carlota Gutiérrez es profesora de Educación Infantil y sabe que el papel del maestro es primordial: “es fundamental porque es como un mediador”. Y continúa explicando que “el maestro es una persona muy cercana al niño pero fuera de su círculo familiar. De esta manera, es una persona con la que el crío puede abrirse, sentirse seguro y querido fuera de su hogar. Esto hace que pueda contarle cosas a su profesor”. Aun así, sabe que muchos de estos niños no saben cómo exteriorizar lo que sienten y, por ese motivo, continúa diciendo que el maestro es un mediador “porque ayuda al niño a mediar con él mismo y con sus sentimientos”. Esta joven maestra dice que un buen método para identificar cómo se siente el crío es formulándole preguntas y haciendo de guía en una conversación. De esta manera, se obliga al pequeño a reflexionar y a pensar por él mismo, ya que esto “le ayuda a encontrar el camino de lo que pasa y a cómo solucionarlo”.

Atender a los comportamientos 

Carlota Gutiérrez sabe que hay que fijarse mucho en los comportamientos de los pequeños y pararse a conocerlos antes de etiquetarlos. Aboga por que no se caiga en “el estereotipo de «este niño es un trasto, demasiado inquieto» o «este niño es demasiado infantil»”. Gutiérrez comenta que estos niños muchas veces “se comportan de forma rebelde con el mundo porque a cortas edades no son capaces de sobrellevar los sentimientos, ni desahogarse, ni explicarse. Esto se traduce normalmente en frustración o rabia derivada de la impotencia que los niños sienten por no poder mostrar lo que les pasa”. Insiste en esta idea: “es algo así como que buscan ayuda para resolver sus conflictos pero no son capaces de comprenderlos o pedir esa ayuda que necesitan. Entonces, intentan atraer la atención del adulto de la forma que saben”. Así, continúa diciendo que esa incapacidad de comunicar cómo se sienten acaba en situaciones, llamadas de atención, como “poner voz de bebé o hacer el tonto y, de esa manera, se relajan e inconscientemente ralentizan su aprendizaje y se quedan atrás del resto del grupo”.

foto_carlota

Ilustración de unos niños en el aula de 3:19 en Flickr

Carlota Gutiérrez sabe que hay que tener cuidado con eso porque “quedarse por detrás del grupo, seguro que a la larga le haría sentirse «tontos» y si no se soluciona podría acabar en problemas de autoestima”. Por eso, insiste mucho en que “es imprescindible que el maestro, cuando vea un mal comportamiento o un forma de actuar fuera de lugar, como sería el caso de un niño que se hace el bebé, vaya más allá de la primera intención del crío. Tiene que dedicarse a conocerlo, hasta llegar a la raíz del «problema que hay que solucionar»”.

Lo más importante para ella es la respuesta del profesor ante estos comportamientos o situaciones. Aboga por la importancia de no caer en comportamientos que denomina “negativos” como decirle directamente a un niño “esto está mal”. Lo cree así porque “si el pequeño ya tiene su dilema interno, le sumamos la presión de que piense que no está haciendo las cosas bien y encima eso le haga sentirse peor”. Carlota Gutiérrez también exclama que hay que tener cuidado y “nunca ridiculizarlo ante el aula con el típico «¿habéis visto lo mal que ha hecho esto Mario?, ¿A que veis que está mal? Pues esto no lo tenemos que hacer.» En lugar de esto, ella cree que habría que, por ejemplo, poner al niño delante de toda la clase y decir algo como «Mario hoy ha aprendido una cosa que no se debe hacer y la quiere explicar para que todos también la aprendamos»”. Siempre hay que tener especial cuidado con niños en situaciones como una acogida o una adopción, la educación debe ser en positivo.

Además de eso, la joven maestra cree que el profesor es un mediador porque “habla con los padres y puede tener tutorías donde les explica cómo ve a su hijo y qué siente este. También puede sugerir -e insiste en solo sugerir- formas de hablar con el pequeño o cosas que hacer para ayudar”. Carlota Gutiérrez también es consciente de que, en muchas ocasiones, cuando se sabe que los problemas de estos niños están motivados de una situación como un acogimiento, son derivados a gabinetes psicológicos, aunque los maestros siempre intentan ayudar en todo lo que pueden.

¿Estáis de acuerdo con la descripción de lo que un maestro debería hacer que explicamos aquí? 

Estándar