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Y así ha resultado todo

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

Cuando empezamos este proyecto lo hicimos con el convencimiento y la ilusión de que era un tema muy interesante. Sin embargo, todo lo que hemos aprendido y todas las personas que hemos conocido han resultado mucho más de lo que nos habíamos imaginado. Cada entrevista, cada historia y cada encuentro con quienes aparecen en este blog ha supuesto un aprendizaje que va mucho más allá de meras cuestiones técnicas sobre qué es una acogimiento o cómo funciona un proceso de adopción.  Ha significado hacer un periodismo de personas y para personas.

Desde que leímos el caso Joan, donde unos padres en régimen de guarda con fines adoptivos tuvieron que devolver a su hijo a la madre biológica, hemos querido conocer las cuestiones más teóricas de estas realidades cercanas, pero distintas. Para ello planteamos entradas como Acoger y adoptar no es lo mismo, donde se exponían las diferencias entre ambas realidades. Pero también en otras en las que se trataban preguntas más concretas sobre la adopción (Quién puede adoptar y a quién) o sobre la acogida (Acogimiento y otras cuestiones que hay que saber del tema).

Si bien es cierto, el centro de este blog han sido las personas. Por un lado, todos aquellos profesionales que nos han dedicado un tiempo para explicarnos cuestiones puntuales acerca de estos pequeños. Sobre su rol en el colegio contamos con las profesoras Elisa Sagredo (Elisa Sagredo: “La clave está en la comunicación entre el colegio y la familia”) y Carlota Gutiérrez (Carlota Gutiérrez: “El papel del maestro es fundamental porque es como un mediador“). Por otro, las asociaciones que hay en la Comunidad Foral que se dedican a estos temas, tales como Safaya de Nuevo Futuro (Safaya. El servicio de acompañamiento a familias adoptivas y de acogida de Nuevo Futuro), AFADENA (AFADENA, más de diez años ayudando a las familias adoptivas) y MAGALE (Conozcamos MAGALE, la Asociación Navarra de Familias de Acogida). Mediante estas asociaciones también pudimos hablar con otros profesionales de hechos más concretos como Laura Iparraguirre, de Safaya, que nos habló sobre la cuestión de la búsqueda de orígenes de los niños adoptados (Laura Iparraguirre: “La búsqueda de orígenes es una prueba para toda la familia”) o Carlota Caso mediante un coloquio en el ciclo de cine organizado por MAGALE sobre el acogimiento familiar (Carlota Caso: “Hay que dar amor, ser constantes y estar disponibles para ellos”). Además, también hemos consultado con el Gobierno de Navarra para saber más acerca de las adopciones (Charo Paternain: “Vienen con ideas muy distintas de lo que realmente es una adopción) y las acogidas (Acogida. La actuación del Gobierno de Navarra).  No nos hemos querido quedar ahí y por eso acudimos a los jóvenes, para ver qué era lo que conocían del tema (Y vosotros, ¿qué decís?). Comprobamos que los conceptos y los términos no están claros.

Además de esto, este tema nos obligó a conocer, desde dentro, algunas de las actividades que organizan las asociaciones mentadas más arriba y que han quedado retratadas en forma de fotos, como el Rastrillo de Nuevo Futuro (Una invasión llegó al Rastrillo de Nuevo Futuro) o el visionado de “La Vergüenza” de David Planell en el ciclo de cine de MAGALE, “Acogimiento en Familia” (Ciclo Acogimiento en Familia o cómo informar a través de películas).

Aunque sin duda alguna, las grandes estrellas de este blog han sido aquellos que se han sentado con nosotras durante algunas horas y nos han contado, sin tapujos y sin nada a cambio, sus vidas. Historias de padres de adopción nacional (“Tuvimos un embarazo de 48 horas” parte I y parte II), de madres viudas que acogen a niñas de su propia familia (Olimpia Jiménez: “Tiene permiso para quererme“) y de jóvenes que han vivido una situación dura pero que están bien (Naroa Ramírez: “Volvería a pasar por todo porque me gusta mi vida de ahora“). También la de unos padres que iniciaron un proceso de adopción de dos hermanos rusos (Diario de una adopción: a kilómetros de un sueño), que viajaron hasta tres veces al país de origen (Diario de una adopción: aviones, aviones y más aviones) y por fin los tuvieron con ellos en casa (Diario de una adopción: una maleta para cuatro).

La experiencia de trabajar de una forma tan profunda y de forma conjunta un tema como este, que trata sobre lo que le importa a la gente, la familia, ha resultado ser lo sorprendente, gratificante y útil.

 

 

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Diario de una adopción, Sin categoría

Diario de una adopción: una maleta para cuatro

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

Después de dos viajes a Rusia en los que Rocío y Agustín veían a sus niños, pero aún no podían llevarlos a casa, llegó el día esperado. El 25 de septiembre de 2013 nuestros protagonistas recogían a sus niños. “Vas con todo el maletón con ropa para cuatro, la silleta y por fin te los dan”, dice Agustín sonriente. En ese momento los tuvieron que vestir con la ropa que ellos llevaban porque la otra se quedaba en el orfanato. Una vez que los habían recogido, tenían que sacarles pasaportes en la Embajada española. Gracias al trabajo de la ECAI, esto no supuso ningún problema.

Es necesario crear en estos niños el concepto de familia, del que no han tenido experiencia hasta el momento. Foto: Geralt en Pixabay.com.

Es necesario crear en estos niños el concepto de familia, del que no han tenido experiencia hasta el momento. Foto: Geralt en Pixabay.com.

Cara y cruz

Allá se juntaron con otras familias que iban también a recoger a sus hijos. “Eso ya era otra cosa, todos íbamos felices a llevarnos a nuestros niños“, dice Rocío. Agustín cuenta que cada año se reúnen con estas familias para que los niños sientan sus raíces y conserven ese punto de unión. “La realidad es que cuando se ven, se llevan súper bien. Nuestro hijo ya se quiere casar con una de ellas, tiene un ojo”, cuenta Agustín entre risas.

El momento en el que los niños llegan a España hace que toda la vida de esta pareja se tambalee. Les habían dado a los niños y ya eran sus hijos, pero desembarcaron en un país del que no conocían el idioma, con unos padres que habían visto pocas veces antes. Ellos solo sabían unas pocas palabras en ruso y fue un tema que les preocupó bastante al principio, aunque la gente les decía que no iba a ser un problema. “Tenían razón. Nicolás -que fue el nombre que le pusieron cuando lo adoptaron- aprendió muy pronto a hablar”, cuenta Rocío, “a los dos meses ya se defendía”. “La niña, como no hablaba, sino que gritaba, aprendió directamente a gritar en español”, ríe Agustín.

Los dos cuentan la suerte que han tenido con sus hijos, ya que hasta ahora no han tenido ningún problema de los que les contaban en los cursos de adopción. Ahora Nicolás ha empezado a preguntar acerca de su origen porque es un poco más mayor, tiene siete años. “Les parece hasta especial tener dos mamás“, dice Agustín. “Ellos no entienden qué significa ser de Rusia, ni entienden qué significa que alguien les abandonó, por lo que no les duele”, sigue Rocío. Hace poco tiempo, Nicolás comenzó a echar de menos a su madre de Rusia y se agobia porque no se acuerda de ella, le pide a su madre que la llame por teléfono. “Él se siente fatal porque no se acuerda, pero es que tenía tres meses cuando lo dejaron en el orfanato”, explica Rocío.

“Nos decían que son niños que no son capaces de dar abrazos, sin embargo, Nicolás más cariñoso no puede ser. Julia no, pero porque ella es así”, dice Agustín. Para estos padres, la adaptación ha sido más fácil de lo que ellos se imaginaban y se sienten afortunados por la suerte que han tenido. No les hizo falta dejar de trabajar y en menos de dos meses, los niños ya fueron al colegio. “A día de hoy no ha llegado el día en el que Nicolás se levante una mañana y diga que no quiere ir al cole”, cuenta el padre orgulloso. “Otro factor que también favorece mucho es que sus únicos primos también son de Rusia. Tienen ese punto de unión y de escape a la vez, no se sienten diferentes”, explica Rocío.

El después de

En la actualidad, Rocío y Agustín acuden a unos talleres en los que comparten experiencias con otras familias adoptivas y siguen viendo la suerte que han tenido, tienen “niños súper majos y súper sanos”, dice Agustín.

Pensaban en la posibilidad de que les podían caer mal a sus hijos o al revés, pero no ocurrió. Desde el principio tenían que transmitir a los niños el concepto de familia porque ellos no lo tenían, hasta ese momento habían vivido en una casa cuna con otros niños, pero sin figuras paternales. “Es malo si el niño se va con cualquiera, tiene que tener apego. Es bueno que se ponga triste cuando se va con mi madre porque tiene que echar de menos su casa y su familia”, explica Agustín. “Son cosas que tienes que aprender y que son distintas de las que les ocurren a los hijos biológicos”, cuenta Rocío. Normalizar en estos casos se convierte en un error, ya que lo normal sería que un niño tuviera una familia. Siempre es mejor que un niño esté con su familia biológica, aunque la familia no sea la más adecuada.

El orfanato en el que estaban sus hijos era un sitio triste, pero los niños no estaban mal cuidados. “Pero tú ves una foto de mis hijos cuando los recogimos y ves una foto de ahora y no los reconoces“, dice Rocío. “En todas las fotos de los primeros días están tristes”, continúa Agustín. Es algo de lo que no se dieron cuenta en el momento, pero sí cuando los fueron conociendo, “no tienen nada que ver, son otros niños. Les ha cambiado hasta el color del pelo y de la piel, allí no les daba el sol”, cuenta Rocío, “es un proceso complicado, miro atrás y lo cuento como una película. Pero es cierto que nuestro caso no es representativo”.

Ahora les toca hacer un seguimiento cada dos años hasta que cumplan los 18. Tienen que ir a Nuevo Futuro y estar un rato con una psicóloga. Estos padres opinan que todo control que se haga es poco porque al final te están dando unos niños. “Vuelves con dos niños rusos que, seguramente, van a estar mejor aquí porque tienen una familia. Aunque quizá estarían mejor allí con su madre”, dice Rocío. “No, no, porque sus padres ya somos nosotros. Tenemos los papeles”, concluye Agustín riéndose.

Rocío y Agustín tienen que dejarnos porque deben ir a recoger a Nicolás y a Julia a sus clases de ruso.

Los comercios que participan son muy variados. Foto: Patricia Zarraluqui.

Rocío y Agustín quieren que sus hijos mantengan un vínculo con su país de origen y por eso les llevan a clases de ruso. Foto: Patricia Zarraluqui.

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Acogida, Sin categoría

Naroa Ramírez: “Volvería a pasar por todo porque me gusta mi vida de ahora”

BELÉN TORRES

A Naroa Ramírez  la conocimos como parte de la Junta Directiva de MAGALE, la Asociación navarra de Familias de Acogida, en una entrada anterior de este blog. Sin embargo, esta joven educadora de 23 años es un ejemplo de cómo los niños de acogida, una vez crecidos, son capaces de devolver lo que recibieron de esas personas que en palabras de la propia Naroa: “abren su casa y su corazón a niños que no saben cómo van a responder”.

Naroa cuenta que “me sacaron de casa con seis años, y a mi hermana con cuatro, debido abusos y negligencias”. Su primer destino fue un centro de observación, en el que ambas hermanas estuvieron juntas tres meses.  Es en esos lugares donde se observa a los niños y se estudia y valora qué es más adecuado para ellos: un acogimiento extenso, de la propia familia, como es el de Olimpia Jiménez; algún hogar fuera de la familia biológica; un centro de acogida o un piso tutelado. Una cosa curiosa que explica esta joven es que “no te buscan simplemente una familia. Buscan que la familia se adapte a ti, no tú a ella”. En su caso, la encontraron en poco más de dos meses. Así pues, empezaron las visitas para conocer a quienes, desde el centro, creían que eran los más adecuados para hacerse cargo de estas pequeñas. De esta manera, un fin de semana que se marcharon con ellos, ya no regresaron al centro “mi hermana dijo que no volvía y no hubo manera. Así que allí nos quedamos”, cuenta sonriendo.

La familia que les tocó a Naroa y su hermana les hizo mucho bien. Foto de Freeimages9 en Pixabay.

La familia que les tocó a Naroa y su hermana les hizo mucho bien. Foto de Freeimages9 en Pixabay.

La familia que acogió a las hermanas Ramírez ya tenían otras dos biológicas mayores, con las que Naroa confiesa llevarse bien “aunque con una mejor que con la otra. Somos más parecidas, tenemos la misma forma de ver la vida”. Estuvo viviendo con ellos desde los seis años y hasta que “yo tenía doce y mi hermana diez. Entonces volvimos con mi madre biológica. Estuvimos con ella un año y media y volvimos a estar en acogida”. De ese tiempo no guarda buen recuerdo. La situación era difícil. Aún se acuerda de aquellos días en los que habían llegado a vivir en una habitación de un piso compartido o cuando no tenían ni para desayunar. Además, el hermano con el que había tenido problemas volvió a vivir con ellas, cosa que empeoró la situación. Durante la semana, el instituto -en el que veía a su padre de acogida, pues trabajaba como profesor- la mantenía ocupada. Los fines de semana procuraba pasar mucho tiempo fuera de la casa. “Mi madre biológica consiguió nuestra custodia porque mi abuela pagó un abogado y ganó el juicio pero eso no te capacita automáticamente para poder cuidar a unas niñas. Tener un trabajo no implica que puedas mantener a una familia“, expone Naroa. Cuenta que, como al resto de niños en su situación, cuando tienen doce años firman un documento confirmando que están de acuerdo en volver con la familia biológica. Naroa Jiménez echa en cara que desde las instituciones no le dijeran que su madre biológica no estaba realmente capacitada para cuidarlas, “independientemente de que yo quisiera o no volver, a mi me dicen que es apta. Es mi madre y es lógico que volviera”, sentencia.

Al cabo de un año y medio, entraron otra vez en el sistema. “Tuvimos la suerte de que nos volvió a tocar la misma familia“, Naroa lo piensa mejor y comenta que “no fue suerte como tal, sino un gesto de buena voluntad, porque nosotras lo pedimos, ellos también y nos lo concedieron. Teóricamente, vuelves empezar todo el proceso: la valoración, la búsqueda… pero nos hicieron el favor”. Y menos mal porque al tener 14 años y su hermana 12 hubieran ido a parar a un centro. Naroa sigue viviendo a día de hoy con ellos, aunque comenta que su hermana, cuando cumplió la mayoría de edad se marchó con su madre biológica pero la relación no funcionó y ahora está independizada.

Un carácter que sorprende

A día de hoy, confiesa mantener cero contacto con su padre, su madre y su hermano biológico, que es con quien tuvo los problemas de abusos. Su hermana pequeña tampoco sabe mucho de ellos. Sin embargo, procura ir una vez al año a Galicia a ver  su abuela, a la que adora. Cree que es poco probable que haya algún acercamiento con sus padres. Esto tiene una razón concreta y es que ” mi hermana se fue con ellos al cumplir los dieciocho. Entonces tienes edad para trabajar. A ella le comieron la cabeza para que trajera dinero a casa y luego le dieron la patada. Para mi, mi hermana es lo más importante que tengo y la trataron mal, así que les hice la cruz”, explica tranquilamente. Naroa Ramírez se muestra tan calmada y sosegada mientras explica una historia dura, que resulta hasta sorprendente. Se lo hacemos notar y ella sonríe y admite que es parte de su carácter y que, aunque se siente frente a dos desconocidas y relate su complicada infancia, es tímida y le cuesta hablar. Intuye que puede ser consecuencia de lo que le ha tocado vivir.

Sin embargo, reconoce que no todo lo que ha vivido es malo “el saber que hay personas buenas, que ayudan…Gracias a lo que he vivido soy la persona que soy, ni mejor ni peor, pero sí con los valores y el pensamiento que tengo. Cuando mis amigos me preguntan si lo cambiaría, contesto que no. Quitando lo morboso de la historia, yo volvería a a pasar por todo porque me gusta mi vida tal cual es ahora“. Ese carácter pausado le ayudó a que sus estudios no se vieran muy afectados por su situación e hizo que tuviera muy buena relación con sus profesores siempre.

Al principio del acogimiento, no tenía mucha comunicación con sus padres. Era bastante consciente de la situación y  no quería cogerles demasiado cariño. Ramírez recuerda que “yo sabía que aquello era temporal. Ahora estábamos aquí, pero nos podíamos ir en cualquier momento. Nosotras hacíamos las maletas muchas veces, con mucha frecuencia”. Ahora la relación con su madre de acogida es más que excelente. Explica que llegar a ese punto costó, “por mucho que ellos hicieran cosas para acercarse, hasta que yo no quise no pasó. Desde mi punto de vista, el apego se crea cuando el menor decide que ocurra. Si él percibe la situación como algo temporal no quiere crear vínculos que se van a romper, no quiere pasarlo mal”.  Ella conectó cuando quiso pero eso no significa que no viera aquel gran gesto por parte de esta familia. Era consciente de lo que estaban haciendo esos padres “yo pensaba que vaya pedazo de gesto estaban haciendo y no tenían ni porqué. Ellos ya tenían hijas, no había necesidad de hacer esto”, cuenta.

La relación con su madre de acogida no podía ser mejor. Foto de Marcisim en Pixabay.

La relación con su madre de acogida no podía ser mejor. Foto de Marcisim en Pixabay.

Mi madre es mi madre de acogida, yo la siento así”, relata con esa tranquilidad suya.  Es muy cercana a su madre pero “no le explico todo lo que pasa, porque sé que lo ha pasado tan mal… tengo un instinto de protección muy grande hacia ella”, explica. Esa misma madre fue la que fundó, junto con otras, MAGALE como forma de ayudar y difundir el acogimiento.

Sigue viviendo con ellos pero no tiene ningún vínculo más allá de que “legalmente, comparto piso con mi madre [de acogida] por buena voluntad o por caridad, como lo queráis ver. Legalmente no hay ninguna vinculación“, ríe. Habla de que hay cuestiones en las que se tiene que trabajar cuando estos menores cumplen dieciocho años: seguridad social, sanidad… hay mucho. A pesar de que con la mayoría de edad puedes mantener el régimen de acogimiento unos meses más, es primordial pensar en y después, ¿qué?

Rotundamente sí

Se hizo educadora con la intención de devolver lo que había recibido “lo decidí con seis años, cuando estaba en el cetro de observación y había un bebé al que no le hacían mucho caso. En el momento en que se puso a andar, lo hizo conmigo y decidí que esto es lo que quería hacer, quería estar ahí”, y continúa “creo de verdad que un profesor influye en los críos y yo quiero ayudar”. Este es uno de los motivos por el que está ahora trabajando con los niños en MAGALE, estando con ellos, preparando actividades, jugando y cuidándolos. Ese interés por hacer la vida mejor a los más pequeños es lo que le lleva a responder con un sí fuerte y seguro que le gustaría ser madre de acogida.

¿Os parece bonita que Naroa esté tratando de devolver todo lo bueno que recibió?

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Adopción, Sin categoría

Charo Paternain: “Vienen con unas ideas muy distintas de lo que realmente es la adopción”

PATRICIA ZARRALUQUI

Para poder iniciar un proceso de adopción es necesario acudir al Negociado de Adopción del Gobierno de Navarra. Desde allí, se gestionan las adopciones de la Comunidad Foral y es necesario contactar con ellos. Hemos hablado con Charo Paternain Remón, Jefa del Negociado de Adopción, para que nos explique cuáles son los pasos que hay que seguir y cuáles son las actividades que se llevan a cabo desde el Negociado en el proceso adoptivo.

Los cursos de formación para los padres son un punto de partida que les va a servir para el resto del proceso. Foto: Frantichek en Pixabay.com.

Los cursos de formación para los padres son un punto de partida que les va a servir para el resto del proceso. Foto: Frantichek en Pixabay.com.

“El primer paso que tienen que dar las familias es acudir a una sesión informativa obligatoria en la que se explica la normativa tanto internacional como nacional y qué es cada tipo de adopción”, explica Charo. En esta charla de unas 4 horas, hay una parte más normativa y otra que tiene que ver con lo social y lo psicológico. Se les habla a las familias de los países en los que se puede adoptar y se les cuenta en qué consiste el proceso. Una vez que se ha hecho la sesión informativa, tienen que realizar un curso de formación, donde se va a profundizar más en la parte emocional y psicológica. Son 12 horas, en los que hay 6 sesiones:

  • “Quiero adoptar”
  • “Nuestros sentimientos, esperanzas y temores”
  • “El encuentro y la adaptación familiar”
  • “La comunicación de los orígenes”
  • “La adopción de niños y niñas con necesidades especiales”
  • “La adopción en primera persona”

Sirven para madurar un poco la decisión de adoptar. “Vienen con unas ideas muy distintas de lo que realmente es la adopción. Tienen que valorar hasta dónde llegan y que ofrecerse para un perfil muy concreto no es tan fácil, así que hay que orientarles”, explica Charo. En esos cursos hay gente que se echa para atrás.

Una vez que las familias han pasado por los dos pasos anteriores, pueden hacer el ofrecimiento, es decir, la solicitud. En esta solicitud, cada persona puede elegir adopción nacional, adopción internacional o las dos. En el caso de adopción internacional, solo se puede elegir un país. “Cuando eliges tramitar en otro país se puede hacer de dos maneras, dependiendo siempre de lo que diga el país de origen: por protocolo público, que sería entre ministerios, o por una ECAI o OAA, como se llaman ahora”, cuenta Charo. Generalmente, en la mayoría de países solamente se tramitan las adopciones internacionales por ECAI, porque estas empresas establecen allá redes y les ayudan y cooperan con ellos. Un ejemplo es China por Pasaje Verde, un programa para adoptar niños con necesidades especiales, donde es obligatorio acceder por ECAI y no hay posibilidad de hacerlo por protocolo público. Charo Paternain explica que por protocolo público cada vez hay menos países porque a ellos les viene bien que estas empresas estén allí y trabajen con ellos.

Una vez que las familias ya han hecho el ofrecimiento y tienen claro en qué país quieren solicitar o si quieren solicitar en internacional y nacional a la vez, que también se puede, se empieza con la entrevista y el cuestionario. Se les da un cuestionario de unas 30 páginas, como cuentan Rocío y Agustín en Diario de una adopción, donde se abordan distintos ámbitos de su vida social: cómo es la vivienda, su familia, sus relaciones, etc., así como se les hacen preguntas de tipo psicológico. Se les da un tiempo de uno a tres meses para realizarlo y una vez lo entregan, desde el Negociado revisan bien el cuestionario y se hace una visita domiciliaria exigida por los países para ver si en esa casa realmente hay un espacio adecuado para el niño. En esa visita también se aprovecha para profundizar en algunos temas o para buscar respuestas que no han querido contar en el cuestionario. Si el cuestionario está bien resuelto y en la visita ha ido todo bien, ellos realizan el informe psicosocial. “En el caso de que tengamos cosas que no acabamos de ver claras, haríamos más entrevistas, pasaríamos test o lo que nosotros creamos conveniente hasta poder juzgar”, explica Charo. Cuando ya se resuelven todas la dudas, se hace el informe psicosocial y de ahí, se les otorga el Certificado de Idoneidad. Para dar el certificado se mira lo que marca la ley, son aspectos sociales y psicológicos, no importa tanto el dinero de la familia, “sino el saber dónde se están metiendo, porque son procesos duros y vienen generalmente de procesos de infertilidad, por lo que psicológicamente no están bien. Tienen que pasar el duelo. Pero se meten en un proceso complicado, largo, que muchas veces no llega a su fin además”, señala Charo. Sirve para ver si están preparados psicológicamente sobre todo. “Nosotros no podemos saber si una persona va a ser buen padre o no, pero sí que tenemos que intentar ver que van a poder ir en este proceso bien y van a poder vivir y no sobrevivir”, dice Charo Paternain.

Los informes que hay que enviar a cada país pueden llegar hasta las 200 páginas y requieren documentos certificados hasta en tres ocasiones. Foto: Jarmoluk en Pixabay.com.

Los informes que hay que enviar a cada país pueden llegar hasta las 200 páginas y requieren documentos certificados hasta en tres ocasiones. Foto: Jarmoluk en Pixabay.com.

Una vez que se ha obtenido el Certificado de Idoneidad, si la familia ha decido tramitar por protocolo público, ellos envían el informe directamente al país. Por otro lado, si han decidido hacerlo por una ECAI, se lo enviarían a ella. En caso de ser por protocolo público, es el Negociado el que pediría permiso al país y este le mandaría toda la documentación que tiene que conseguir la familia para la solicitud. La documentación varía dependiendo de cada país. Una vez que la familia ha reunido todos los certificados, tiene los documentos que han hecho desde el Negociado de Adopción legalizados y apostillados, mandan todo al país. Si la adopción se tramita a través de una ECAI, son ellos los que se encargan.

Por otro lado, también hay que hacer un compromiso de seguimiento, que va a marcar cuáles son las exigencias de cada nación. Etiopía, por ejemplo, pide una visita al año hasta los 18; en China son solo 6. “Cada país va a marcar en qué tiempo, cómo quieren los seguimientos y quién los va a hacer. Normalmente los que van por ECAI. Nosotros hacemos los seguimientos por protocolo público y todos aquellos que no sean llevados por un ECAI en Navarra”, explica Charo.

En la mayoría de los casos, cuando los niños llegan a España, ya están adoptados, pero hay países como Filipinas en los que el menor está en una especie de acogimiento preadoptivo a su llegada y la adopción se tiene que pedir en el juzgado en España.

El principal problema de las adopciones es el tiempo que se tarda. Por ejemplo, en China por vía ordinaria, es decir, niños sanos, se están dando ahora a las familias que solicitaron en enero de 2007. “Cuando ha pasado tanto tiempo, su prioridad puede que ya no sea tener un hijo, tu vida ha podido cambiar de forma radical“, dice Charo resignada. Prácticamente ya no hay adopciones internacionales de niños sanos y pequeños, como también apuntaba Adolfo García de AFADENA. “Ahora los niños que son pequeños tienen que tener algún problema físico y el perfil que sale con más facilidad es a partir de 5 años”, dice Charo Paternain.

“Yo siempre digo que la adopción internacional es subsidiaria de la adopción nacional dentro de cada país. En el momento en el que ponen dinero para hacer un sistema de protección bueno, baja la adopción internacional porque ponen todo su empeño en que haya adopción nacional y en que haya acogimiento. De forma que todos los niños pequeños que están sanos van a ir siempre para nacional y van a sacar a internacional los demás”, explica Charo. En España, la adopción nacional está mal. Esto se debe a distintas causas, por un lado, las personas que tienen hijos es porque quieren, por otro lado, está el aborto, que interrumpe en muchos casos embarazos no deseados. Esto está haciendo que en Navarra haya una media de dos bebés al año menores de dos años dados en adopción con consentimiento y sanos. A esto se añade el sistema de protección que, una vez que ve que un niño tiene problemas, intenta ayudar a los padres y darles tiempo para que se recuperen, y si no es así, se intenta buscar en la familia extensa alguien que se pueda hacer cargo de los niños. Si no funciona nada, los niños pasan al sistema de adopción nacional. “Entonces el perfil de niños en adopción nacional suele ser un perfil de niño de bastante edad, mucho más mayor que antes, y suele salir sin consentimiento”, cuenta Charo.

Hay dos listas diferentes en adopción nacional:

  • Niños menores de 2 años con consentimiento y sanos.
  • Niños con necesidades especiales: dentro de esta hay varias listas: mayores de dos años, grupo de hermanos, niños dados en adopción sin consentimiento de los padres, de otras comunidades…

En Navarra hay más de 200 solicitudes para la primera lista y, como se ha contado, suele haber 2 niños al año que cumplan esas características. Puede que la adopción no llegue nunca para esas familias. El año pasado hubo 15 solicitudes para adopción nacional y 19 para internacional, este año las nacionales han disminuido hasta 9 y las internacionales se mantienen estables con 20.

Otra opción es buscar en otras comunidades españolas. “Cuando las comunidades nos dicen algún caso que tienen, buscamos en nuestras listas aquellos que coinciden con los requisitos que nos ponen y los proponemos, pero la comunidad de la que provienen los niños es la que decide qué familia se queda a los niños. De hecho en Navarra, tenemos muy poquitas adopciones, nos nutrimos todos los años de niños de otras comunidades”, termina Charo.

 

¿Cuánto tiempo estaríais dispuestos a esperar para recibir a vuestro hijo adoptado?

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Adopción, Sin categoría

“Tuvimos un embarazo de 48 horas”, parte 2

PATRICIA ZARRALUQUI

Después de que el Gobierno de Navarra les dijera que tenían un niño para adoptar, como se ha contado en la primera parte, la pareja se encontraba en una situación compleja.

Ese momento fue algo estresante para los dos porque en dos días tenían que decidir si cambiaban de vida, después de seis años sin saber nada del Gobierno de Navarra, de quien dicen que no les dio toda la información en agosto, ya que ese niño ya existía. Los padres que estaban por delante de ellos en la lista no quisieron tener a un niño sin el consentimiento paterno, lo que hizo que la lista corriese tan rápido y en poco más de un mes pudieran tener al bebé con ellos. Les dieron al niño el 8 de octubre en régimen de preadopción con tres meses, él tenía sus nombres y sus apellidos. En ese momento empezaron con trámites judiciales para buscar a la madre biológica. Esta ya tenía una hija en acogida y en una de las visitas descubrieron que estaba embarazada. Los padres adoptivos creen que la situación debía de ser grave porque apartaron al niño de la madre nada más nacer y lo llevaron a una casa de acogida del Gobierno de Navarra. Se estableció el protocolo para empezar a buscarla, pero pasado un plazo, en febrero de 2011, como no había aparecido, se lo dieron en adopción porque había prescrito el derecho que tenía sobre él mientras estaba en preadopción.

Un giro de 180º

A los quince días fueron a buscarlo y hasta hoy. “Nos cambió la vida por completo. ¡Qué shock! Porque claro, hay que acostumbrarse. De repente te dan a una persona que tú no quieres. Es un niño que te puede despertar ternura porque es un bebé. Pero tú no lo quieres, es así de fuerte, no te ha dado tiempo“, intenta explicar la madre. No había tenido un margen para ir acostumbrándose, como ocurre en las adopciones internacionales, que entre viajes, fotos, etc. es más fácil hacerse a la idea. “Nosotros no teníamos hijos, pero teníamos una vida estupenda, no estábamos amargados por no tener hijos. Todo el día para aquí para allá. Y entonces, te aparece de repente un niño“, cuenta ella. “Mi adaptación fue mejor que la suya, a ella le costó mucho”, añade él. No tenían ni siquiera una habitación para el niño y para la madre todo se convertía en un pequeño drama. 

Aunque al principio la adopción les pilló por sorpresa, el paso del tiempo ha hecho que sean una familia. Foto: Geralt en pixabay.com.

Aunque al principio la adopción les pilló por sorpresa, el paso del tiempo ha hecho que sean una familia. Foto: Geralt en pixabay.com.

A pesar de que al principio todo fue un shock, ahora están muy bien. El niño ya tiene seis años y sus padres dicen que es un niño muy bueno. “Ahora no te imaginas la vida sin él. Lo ves como tu hijo, es tu hijo. Yo no tengo hijos biológicos y entonces no sé cómo será, pero yo imagino que no es diferente a lo que nosotros sentimos por él“, cuenta el padre sonriendo, “no es diferente en ningún aspecto, ni en cariño, ni en amor, ni en lo que haga falta. Supongo que la cosa física tiene que unir mucho, pero en el momento en el que tienes a tu hijo tampoco lo conoces”. La madre cuenta riendo que le suelen decir que se parece a ella porque los dos son morenos. “Nosotros no lo conocíamos, igual que los padres biológicos, pero con el añadido de que es mulatito y los rasgos no son los tuyos, lo que hace que cueste un poco más romper esa barrera”, añade el padre. Sin embargo, el paso de los años ha hecho que los dos estén encantados con él, les ha cambiado la vida, pero en el 99% de los casos es para bien, ese 1% corresponde a que ya no pueden hacer todos los planes que hacían antes, “pero nadie nos ha puesto una pistola en la cabeza, es una decisión libre que hemos tomado“, dice él. “Yo creo que hemos tenido suerte, no sé cómo evolucionará. Mi hijo lo habrá pasado mal en la tripa porque su madre no lo podía tener, pero fue poco tiempo. Aparecimos nosotros cuando tenía 3 meses y, aunque nos pilló de sorpresa, los brazos han sido los mismos desde entonces”, sigue ella. Por ahora, el niño no ha presentado secuelas psicológicas y se sienten afortunados en comparación con las historias que cuentan otras familias en los talleres de Nuevo Futuro a los que asisten.

Un cuento real

El niño supo desde el primer momento que es adoptado. Él tiene un libro en el que se cuenta su historia: El cuento del niño Mario. Sus padres le han contado que hubo una chica que lo tuvo en su tripa, pero que no lo pudo cuidar y lo llevaron a una casa; un día les llamaron a ellos y fueron a buscarlo. También le han contado que tiene una hermana. “Se trata de no mentirles, de normalizar la situación y de que vaya siendo consciente de quién es desde el principio, adaptado a la información que se le puede dar a un niño según su edad”, cuenta el padre, “desde hace un año o menos ya va preguntando y lo que tiene que notar él es que el tema de la adopción no es tabú”. Por ejemplo, hace unos días les preguntó a ver por qué no llamaban a la chica que le había tenido en la tripa para que le pidieran un hermanito, «”pues porque no sabemos dónde está”, le dijimos», narra ella. Estos padres lo que buscan es que a él no le falte la información por su parte, dándole la necesaria en cada momento y acompañándole en la búsqueda de sus orígenes, pero también es cierto que no pueden responder a todas sus dudas porque ellos también las tienen. “Él sabe que no nació de mi tripa y que nosotros somos sus padres”, comenta la madre. “Que vamos a ser sus padres para siempre y que hubo una chica que era su mamá biológica y tenía una pareja, que era su papá, que no los conocimos a ninguno de los dos y que, por algún motivo que no conocemos, no pudo estar con ellos, con él y con su hermana”, continúa el padre.

El niño conoce a su hermana, lo que le permite tener un contacto con su familia biológica. Foto: Unsplash en Pixabay.com.

El niño conoce a su hermana, lo que le permite tener un contacto con su familia biológica. Foto: Unsplash en Pixabay.com.

El niño conoce a su hermana y se ven varias veces al año. El Gobierno de Navarra les informó de que el niño tenía una hermana y de que los padres de acogida estaban dispuestos a tener contacto con ellos si querían. “¿Cómo no íbamos a querer? A él le recalcamos que tiene una hermana, aunque la relación que tiene con ella y el concepto de hermana no es el normal porque está con ella tres o cuatro veces al año”, explica el padre. 

¿Y si sí?

La pareja no se plantearía ahora mismo adoptar a otro niño, porque consideran que ya tienen una edad y no sería justo para él tener a unos padres tan mayores, ya que si inician el proceso de nuevo, podrían ser otros diez años. A los dos les da pena que su hijo sea hijo único, pero dicen que su momento ya ha pasado y además será difícil que les salga todo tan bien como con él, un niño tan noble y sociable. Sin embargo, las dudas les entran a los dos en un caso especial. En el momento de la adopción, les dijeron que si la madre se quedaba embarazada de nuevo, ellos tenían prioridad. “Ya estaríamos otra vez con la duda”, dice ella. “Nos conocemos, ¿cómo vas a decir que no? En ese caso, seguro que sí. Sería incapaz de decir que no“, concluye él.

¿Habéis tenido alguna experiencia similar? Nos gustaría conocerla.

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Acogida. La actuación del Gobierno de Navarra

BELÉN TORRES

El pasado mes de octubre en el programa En persona de Radio Universidad de Navarra -programa en que participamos las dos redactoras de este blog- se trató el tema de las familias de acogida. Desde allí, nuestra compañera Puy Portillo realizó una entrevista de especial interés a Mikel Gurbindo, subdirector de Familia y Menores del Gobierno de Navarra, quien explica que hay varios ámbitos de actuación por parte de la Institución. En ese programa también se pudo escuchar a Olimpia Jiménez, a quien entrevistamos con motivo de este blog.

Para empezar, las situaciones en las que el Gobierno se ve en la obligación de actuar están motivadas por dos causantes: los padres o los hijos. Cuando quienes incumplen son los padres está lo que se llama situación de desprotección esto es “cuando hay un abandono, un maltrato físico, un abuso sexual o cualquier tipo de negligencia que incide directamente en el menor, lo sitúa en riesgo y en desamparo por parte de los padres”, dice Gurbindo. Esto puede deberse a una situación pensada o, simplemente, por una falta de habilidades maternales, paternales o sociales que les impiden desempañar su papel correctamente.

El subdirector de Familia y Menores explica que también puede darse el caso de que “menores de entre 14 y 18 años sean  los que perturban la dinámica familiar con conductas graves hasta el punto de hacer inviable la convivencia familiar” de forma que se les obligue actuar. Si bien es cierto que estos chavales suelen haber vivido momentos de desprotección o maltrato cuando eran más pequeños que han desembocado en estos comportamientos. Según los datos que maneja Gurbindo, en Navarra los casos estarían repartidos de una forma casi equilibrada entre las dos opciones.

Siempre se intenta mantener la familia unida. Foto de DanEvans en Pixabay.

Siempre se intenta mantener la familia unida. Foto de DanEvans en Pixabay.

Jerarquías de actuación

El subdirector de Familia y Menores del Gobierno de Navarra explica que, antes de que sean ellos quienes intervienen, hay otros dos organismos anteriores que se encargan de casos más leves. Para situaciones puntuales, altercados leves, que no se suelen dar, están las unidades de barrio, las bases, la atención primaria. Cuando la desprotección es moderada, es decir, hay indicadores de que el menor o la menor pueden estar sufriendo ciertas situaciones donde hay dificultad de cubrir sus necesidades biológicas, sociales, emocionales o de cualquier otro tipo. Aquí entran en acción los equipos de Atención a la infancia y a la adolescencia.

En el último nivel es en el que entran ellos, el servicio de Familia y Menores del Gobierno de Navarra. “Son situaciones graves, elevadas, de desamparo”. Sin embargo, antes de llegar a sacar al menor de su hogar y de que sea el Gobierno el que se haga con la guarda o tutela del pequeño, Gurbindo explica que “se trabaja en equipo para mejorar las situaciones de conflicto para evitar, en la medida de lo posible, que el menor  salga de su casa”. En caso de que lo que el pequeño está viviendo sea insostenible o se agrava, se hace un acogimiento ya sea familiar o residencial.

Familia, centro o piso

Así, ¿cómo se decide si lo más adecuado es una familia, un centro de acogida o un piso tutelado? Existe un protocolo para eso también. En el caso de que el menor no tenga más de tres años, la ley exige que se vaya a una familia.  Lo primero que hace Gobierno de Navarra es un sondeo en la familia del pequeño para ver si hay alguien que se pueda hacer cargo de él de forma temporal, que es como están planteados todos los acogimientos. De esta manera, se revisa la historia de la familia extensa: abuelos, tíos, primos… este es el caso de Olimpia Jiménez, a la que conocimos en una entrada anterior. Si esta no tuviera “las herramientas necesarias o adecuadas para hacerse cargo del menor, para satisfacer las necesidades de cualquier tipo, se buscará a alguien fuera del núcleo familiar que garantice la crianza y la educación”, explica Gurbindo. Por otro lado, si el menor tiene más de 7 años, se llega a la conclusión, en caso de que haya otras dificultades, como su comportamiento, entre otras cosas, que se le lleve a un centro residencial.

Temporalidad

Así, como ya se había dicho en otras ocasiones en el blog, el acogimiento está caracterizado por ser temporal y cuyo fin es salvaguardar a los menores satisfaciendo carencias o necesidades que la familia biológica, por el motivo que sea, no está capacitada para hacer. En la medida de lo posible, se aboga por alejar lo menos posible a los niños de quienes les dieron la vida. De ahí que se acuda, en primer lugar, a la familia extensa. De todas maneras, es necesario destacar que para que el Gobierno de Navarra o cualquier otra institución se vea con la obligación de intervenir en el seno de la familia, la situación debe ser extremadamente difícil. En caso de que no sea así, siempre se intentará trabajar con sus protagonistas para evitar males mayores, como sería la separación de padres e hijos mediante la pérdida de la custodia.

Si bien es cierto que como se vio en la entrada que explica la historia de Olimpia Jiménez, también puede ser que sean los propios padres biológicos los que no se vean capaces de hacer frente a la paternidad o la maternidad y acudan a las instituciones para entregar la tutela, la patria potestad, para que se les busque una oportunidad mejor.

¿Veis bien que antes de quitarle la tutela del niño a unos padres se intente mejorar la situación trabajando con ellos? 

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Olimpia Jiménez: “Tiene permiso para quererme”

BELÉN TORRES

“Hola, me llamo Olimpia Jiménez y soy madre de acogida extensa permanente desde hace ocho años”, así se presenta la protagonista de esta historia.

Los niños de acogida tienen regresiones, vuelven a cuando eran bebés. Foto de kheinz, en Pixabay

Los niños de acogida tienen regresiones, vuelven a cuando eran bebés. Foto de Kheinz, en Pixabay

Una de las mejores formas de aprender sobre el acogimiento es acudiendo a quienes viven esta situación en primera persona. Esta mujer de ojos claros, rubia y de sonrisa afable es una de ellas. Olimpia tiene 57 años y desde hace ocho es madre de acogida extensa. Tal y como ya contamos en una entrada anterior, esto significa que es familia directa de la niña que vive con ella, tienen vínculo sanguíneo. Además, cuando el crío lleva más de dos años con la familia, el acogimiento pasa a ser permanente, “porque no se sabe si va a estar contigo cinco años, uno o hasta que sea abuelo”, explica Jiménez.

La necesidad de actuar

Todo empezó  porque Olimpia Jiménez vio que la madre biológica de la pequeña no podía hacerse cargo de ella. Detectó algunas carencias y decidió actuar: “[la niña] es de tu familia y no puedes consentir una situación así. Es una cosa que ocurre sola, no te planteas no hacer nada, te mueves, haces lo que crees que es mejor”, explica y lo que ella creyó que debía hacer era ofrecerse para cuidarla. Cuando lo habló con la madre biológica, esta estuvo de acuerdo y acudió a Gobierno de Navarra para entregar la custodia de la criatura. Desde ahí se buscó el mejor entorno para ese bebé de diez y ocho meses. Lo que se intenta siempre desde las instituciones es que se quede, en la medida de lo posible, con alguien de la propia familia. Jiménez ya había sido señalada por la madre biológica como guarda de la niña, a pesar de esto, fue imprescindible que Olimpia hiciera las pruebas y exámenes que pasan todas y cada una de las familias que se ofrecen para un acogimiento “tienes que exponer tu vida entera, tanto económica, como física, emocional… todo. Y es un proceso largo, muy largo, eternos. Es cierto que mientras todo se hacía la niña estaba conmigo, pero aún así…”, relata.

Esta situación, todo el papeleo, duró aproximadamente un año, y Olimpia Jiménez explica que “vives con mucha angustia, porque sabes que la niña contigo está bien, que está cuidada, atendida, que tiene una rutina, que está atendida… pero la última  palabra no la tienes tú y se la pueden llevar después del tiempo que lleva en casa. Al final, es parte de tu familia y ves que no tienes poder de decisión”. Así cuando recibió la confirmación de que la pequeña se quedaba con ella fue “un respiro emocional, pero sobretodo me permitió hacer planes: inscribirla en la seguridad social, empadronarla… te permite organizarte.”

Olimpia explica sí que hubo un intento de que la pequeña volviera con su madre biológica, pero que no fue factible y, además, supuso un retroceso en la estabilidad de la niña “estaba fatal. Tuvimos que hacer todo el proceso a la inversa, fue como volver a empezar”, comenta. A pesar de eso, madre biológica e hija se ven todas las semanas durante varias horas.

Sufrimiento por los dos lados

Con estos pequeños es imprescindible trabajar, pasar tiempo y estar con ellos, ya que “estos niños sufren emocionalmente una barbaridad. Siempre están en la tesitura de elegir entre: mi madre no me quiere y por eso no vivo con ella o no soy lo suficientemente buena y por eso no vivo con ella… ¿cuál elegirías tú? Ellos se deciden por ‘no soy lo suficientemente bueno’. Esto para ellos es: no me gusto a mi misma, soy un asco, no me quiero mirar al espejo, estoy gorda, no me gusta mi pelo, quiero cambiarme de nombre, no quiero ir al cole… el rechazo que ellos creen que sus padres tienen hacia ellos, se lo hacen a sí mismos, se auto inmolan. Sacarlos de ahí es muy difícil, muy difícil”, explica Olimpia. Tal es ese sufrimiento que tienen regresiones, se sienten tan sobrepasados por la situación que empiezan a tener comportamientos de bebés: piden chupetes, papillas, que se les cojan en brazos…

A pesar de todo el sufrimiento, el acogimiento merece la pena. Foto de chin1031 en Pixabay.

A pesar de todo el sufrimiento, el acogimiento merece la pena. Foto de chin1031 en Pixabay.”

“Necesitan volver a ese estado donde no tenía que pensar en nada, no tenía que hacer nada y mi mamá era la que estaba por mi”, comenta Jiménez y continúa diciendo que “es muy duro y se necesita mucha terapia porque la autoestima de estos niños está como a menos veinte… y esto repercute en los estudios. Van al colegio con medio cerebro, una parte pensando en su madre y la otra mitad pendiente de las matemáticas”, continúa. También determina su comportamiento social y sus relaciones.

No es únicamente duro para los críos, también para quien los cuidan. Olimpia Jiménez es viuda, por tanto, se encarga ella sola de la niña y “muchas veces te bloqueas o pierdes la paciencia. En esos caso es muy necesario contar con el apoyo de profesionales que escuchen, que te guíen y que te hagan ver que es normal que estés afectado pero que también te muestren herramientas que te permitan seguir adelante”. Porque la situación es tan delicada que se llega al extremo de verse “con la necesidad de romper la relación con la familia para protegerlo contra todo. Lo que no te imaginas, en el caso de un acogimiento extenso, es que tienes que protegerlos de la propia familia, de los padres biológicos que intentan saltarse, con toda clase de argucias para salvaguardar al pequeño”, narra Olimpia y continúa “es muy, muy, muy duro. Tienes que poner un muro entre tu familia y tú, hay que marcar unos límites brutales, para salvaguardar al crío”. Sin embargo, este no es exactamente su caso ya que, como se ha contado más arriba, la madre biológica estaba de acuerdo con el acogimiento.

Compensa una y mil veces

Sin embargo, ese sufrimiento y sacrificio compensa “cuando ves que se levantan un día y sonríe, y ríe, y va por la casa canturreando, que se siente querida, que tiene motivos para vivir. Porque estos niños son depresivos, tristes, pero cuando ves situaciones normales, respiras, te relajas y disfrutas”, relata esta madre que tuvo que dejar su trabajo para poder atender adecuadamente las necesidades de esta niña. Tanto es así que Olimpia se planteó acoger a alguien más: “me gustaría, sí, me gustaría mucho”.

Todo por cuidar de lo niños y hacerles felices. Foto de DariuszSankowski en Pixabay.

Todo por cuidar de lo niños y hacerles felices. Foto de DariuszSankowski en Pixabay.

A pesar de todo esto, esta madre de  acogida explica con una gran sonrisa en la cara que ahora están muy bien “tuvimos una reunión en primavera con la madre biológica en la que le aclaró a la niña que, en mucho tiempo, no iba hacerse cargo de ella y a la cría le ha entrado un descanso…”, ríe Olimpia. La niña llegó a casa con apenas diez y ocho meses y ahora, con casi nueve “se ha relajado y se ha situado mejor en el mundo. Su madre la ha dado permiso para quererme y ahora es otra niña”, relata una feliz Olimpia. Y es que el acogimiento es una medida temporal que existe con la idea de que estos pequeños vuelvan con sus familias  de origen una vez se haya resulto el conflicto.  Por  eso, no se permiten sentir demasiado hacia quienes los están cuidando, porque saben que se marcharán.

¿Qué os ha parecido la historia de esta madre de acogida? 

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