Acogida, Sin categoría

Carlota Gutiérrez: “El papel del maestro es fundamental porque es como un mediador”

BELÉN TORRES

Ya en la entrada anterior hemos visto que los niños adoptados pueden tener ciertos problemas escolares debido a la situación en la que se encuentran. Tal como escribía Patricia, “los traumas que han sufrido a lo largo de su vida, como la falta del vínculo materno, por ejemplo, hacen que presenten dificultades que se trasladan de casa a la escuela”.

En el caso de los niños de acogida, la situación es la misma o incluso peor. Cabe recordar que muchos de estos pequeños sí conocen a sus padres, saben que no están con ellos pero no acaban de saber por qué no están viviendo con quienes le dieron la vida. Es una situación muy compleja, a veces incomprensible para ellos, que les afecta en todas los ámbitos de su vida, como en el colegio. Muchos de estos niños tienen problemas de aprendizaje y los profesores tienen un papel fundamental para detectarlos y para ayudar a los pequeños en todo lo que necesiten, intentando que su rendimiento académico pueda ir mejorando poco a poco.

Tizas de colores. Imagen de Pixabay libre de derechoos.

Tizas de colores. Imagen de Pixabay libre de derechos.

Carlota Gutiérrez es profesora de Educación Infantil y sabe que el papel del maestro es primordial: “es fundamental porque es como un mediador”. Y continúa explicando que “el maestro es una persona muy cercana al niño pero fuera de su círculo familiar. De esta manera, es una persona con la que el crío puede abrirse, sentirse seguro y querido fuera de su hogar. Esto hace que pueda contarle cosas a su profesor”. Aun así, sabe que muchos de estos niños no saben cómo exteriorizar lo que sienten y, por ese motivo, continúa diciendo que el maestro es un mediador “porque ayuda al niño a mediar con él mismo y con sus sentimientos”. Esta joven maestra dice que un buen método para identificar cómo se siente el crío es formulándole preguntas y haciendo de guía en una conversación. De esta manera, se obliga al pequeño a reflexionar y a pensar por él mismo, ya que esto “le ayuda a encontrar el camino de lo que pasa y a cómo solucionarlo”.

Atender a los comportamientos 

Carlota Gutiérrez sabe que hay que fijarse mucho en los comportamientos de los pequeños y pararse a conocerlos antes de etiquetarlos. Aboga por que no se caiga en “el estereotipo de «este niño es un trasto, demasiado inquieto» o «este niño es demasiado infantil»”. Gutiérrez comenta que estos niños muchas veces “se comportan de forma rebelde con el mundo porque a cortas edades no son capaces de sobrellevar los sentimientos, ni desahogarse, ni explicarse. Esto se traduce normalmente en frustración o rabia derivada de la impotencia que los niños sienten por no poder mostrar lo que les pasa”. Insiste en esta idea: “es algo así como que buscan ayuda para resolver sus conflictos pero no son capaces de comprenderlos o pedir esa ayuda que necesitan. Entonces, intentan atraer la atención del adulto de la forma que saben”. Así, continúa diciendo que esa incapacidad de comunicar cómo se sienten acaba en situaciones, llamadas de atención, como “poner voz de bebé o hacer el tonto y, de esa manera, se relajan e inconscientemente ralentizan su aprendizaje y se quedan atrás del resto del grupo”.

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Ilustración de unos niños en el aula de 3:19 en Flickr

Carlota Gutiérrez sabe que hay que tener cuidado con eso porque “quedarse por detrás del grupo, seguro que a la larga le haría sentirse «tontos» y si no se soluciona podría acabar en problemas de autoestima”. Por eso, insiste mucho en que “es imprescindible que el maestro, cuando vea un mal comportamiento o un forma de actuar fuera de lugar, como sería el caso de un niño que se hace el bebé, vaya más allá de la primera intención del crío. Tiene que dedicarse a conocerlo, hasta llegar a la raíz del «problema que hay que solucionar»”.

Lo más importante para ella es la respuesta del profesor ante estos comportamientos o situaciones. Aboga por la importancia de no caer en comportamientos que denomina “negativos” como decirle directamente a un niño “esto está mal”. Lo cree así porque “si el pequeño ya tiene su dilema interno, le sumamos la presión de que piense que no está haciendo las cosas bien y encima eso le haga sentirse peor”. Carlota Gutiérrez también exclama que hay que tener cuidado y “nunca ridiculizarlo ante el aula con el típico «¿habéis visto lo mal que ha hecho esto Mario?, ¿A que veis que está mal? Pues esto no lo tenemos que hacer.» En lugar de esto, ella cree que habría que, por ejemplo, poner al niño delante de toda la clase y decir algo como «Mario hoy ha aprendido una cosa que no se debe hacer y la quiere explicar para que todos también la aprendamos»”. Siempre hay que tener especial cuidado con niños en situaciones como una acogida o una adopción, la educación debe ser en positivo.

Además de eso, la joven maestra cree que el profesor es un mediador porque “habla con los padres y puede tener tutorías donde les explica cómo ve a su hijo y qué siente este. También puede sugerir -e insiste en solo sugerir- formas de hablar con el pequeño o cosas que hacer para ayudar”. Carlota Gutiérrez también es consciente de que, en muchas ocasiones, cuando se sabe que los problemas de estos niños están motivados de una situación como un acogimiento, son derivados a gabinetes psicológicos, aunque los maestros siempre intentan ayudar en todo lo que pueden.

¿Estáis de acuerdo con la descripción de lo que un maestro debería hacer que explicamos aquí? 

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Adopción, Sin categoría

Elisa Sagredo: “La clave está en la comunicación entre el colegio y la familia”

PATRICIA ZARRALUQUI

La situación en la que se encuentran los niños adoptados puede marcar también su adaptación escolar. Los traumas que han sufrido a lo largo de su vida, como la falta del vínculo materno, por ejemplo, hacen que presenten dificultades que se trasladan de casa a la escuela.

Elisa Sagredo, profesora de Educación Primaria, nos ha contado las principales dificultades que pueden presentar estos niños, como les explicó en una clase que recibió en la Universidad Isabel Azcona.

“Por lo general, son niños que pueden presentar menos habilidades motrices, de comprensión o de comunicación“, dice Elisa Sagredo, “a esto se suman las dificultades de autorregulación, vinculación y expresión de las emociones, así como problemas de autoestima“.

Estos niños carecen del vínculo materno, lo que conlleva distintos trastornos relacionados con las emociones y con la percepción de sí mismos, “pueden terminar por no sentir”, afirma Elisa. Esto complica su inserción en la escuela y requiere una atención especial por parte de los profesores, ya que estos niños son más propensos a mostrar una falta de autocontrol y una baja tolerancia a la frustración. “Existen dificultades en el establecimiento de normas, ya que no han tenido hasta ese momento alguien que les explique la realidad y no la comprenden, no son capaces en muchas ocasiones de comprender las emociones de otros niños, lo que les impide entender bromas y dobles sentidos, así como resolver conflictos”, explica Elisa Sagredo.

Es muy común que sean niños con miedo a los cambios, debido a las situaciones complejas por las que se han visto obligados a pasar. “Son niños que intentan controlar a las personas y las situaciones para que no se produzcan imprevistos. Para intentar ayudarlos hay que explicarles de antemano qué es lo que va a pasar y cómo van a suceder las cosas”, cuenta Elisa.

¿Cómo afecta en el colegio?

En cuanto a los procesos de aprendizaje, es habitual que tengan carencias como déficit de atención, falta de concentración o de rendimiento. “Tienen la cabeza en otras cosas y experimentan avances, estancamientos e incluso retrocesos o regresiones”. Elisa Sagredo explica que muchas de las dificultades aumentan con la adolescencia, ya que se vuelven más inseguros y la incertidumbre acerca de su pasado y la búsqueda de su origen crecen significativamente.

Es preferible que desde la llegada de los niños a la nueva familia, la incorporación a la escuela se haga de una forma tardía, parcial, progresiva y flexible. “Lo primero que hay que hacer es asegurarse de que el niño está bien dentro de la familia, establecer ese nuevo vínculo, y después incorporarlos al aula”.

Los profesores tienen que tener constancia de los problemas que pueden presentar los niños y actuar de la mejor manera posible. Foto: Pixabay https://pixabay.com/es/matem%C3%A1ticas-pizarra-la-educaci%C3%B3n-1547018/

Los profesores tienen que tener constancia de los problemas que pueden presentar los niños y actuar de la mejor manera posible. Foto: Pixapopz en Pixabay.

Comunicación como base

“La clave de una buena escolarización de los niños adoptados está en la comunicación entre el colegio y las familias. Hay que colaborar para poder comprender las dificultades del niño. La familia tendrá que comunicar las circunstancias significativas de la adopción y explicar qué es lo que sabe el niño. Por su parte, los profesores tendremos que comprender la preocupación de los padres”, afirma Elisa. “Sin embargo, es nuestra tarea formarnos lo mejor que podamos, ya que en la universidad nos dan unas nociones muy básicas, insuficientes para enfrentarnos a los casos reales”.

Buscar soluciones, no crear problemas

Desde el colegio hay que intentar buscar soluciones en cuanto al proceso de aprendizaje. En primer lugar, como explica Elisa Sagredo, hay que rebajar las expectativas y las exigencias, así como dirigirlos y recordarles las cosas sin esperar muchas iniciativas por su parte. Por otro lado, no hay que exigirles mucha autonomía en retos o tareas normales para su edad, sino que hay que facilitarles la petición de la agenda y no presuponer que han comprendido. Hay que mandarles pocas tareas y apuntarles al menor número de actividades extraescolares posibles. Todo esto se tiene que complementar con valoraciones y alabanzas constantes para que puedan sentir la experiencia del éxito y del reconocimiento que pocas veces han experimentado en su vida anterior.

Dentro del aula “hay que realizar actividades inclusivas que les hagan sentirse parte del grupo, viendo que comparten muchas cosas con otros niños; por ejemplo, que se abracen los que son del Madrid, los que viven en el mismo barrio, los que son morenos, etc.”, cuenta Elisa. De esta forma se consigue normalizar la situación acentuando los parecidos y haciendo que todos acepten las diferencias, pero sin negarlas, respetando su historia, sus orígenes o su condición de niño adoptado. “Hay que hablar a los niños de los diferentes tipos de familias que existen en la actualidad y animarles a ser como son, a la vez que se les protege de bromas, agresiones y provocaciones”, concluye Elisa Sagredo.

¿Cuál ha sido vuestra experiencia en la escolarización? ¿Cómo ha respondido el colegio?

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