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Carlota Caso: “Hay que dar amor, ser constantes y estar disponibles para ellos”

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

Un proceso de acogimiento o de adopción es muy complicado, donde todas las partes implicadas sufren a su manera”, afirmó Carlota Caso, psicóloga clínica, en el ciclo de cine “Acogimiento en Familia” que organiza la asociación de familias de acogida Magale en los cines Golem Baiona, el pasado 3 de noviembre. En el plano psicológico, los niños de acogida y de adopción coinciden bastante, la mayoría de ellos han tenido un grado alto de sufrimiento en etapas tempranas de su vida, lo que condiciona o determina su desarrollo psíquico, cognitivo, incluso cerebral.

“Que el acogimiento o la adopción sean complicados no quiere decir que no se puedan llevar a cabo con éxito, pero el esfuerzo y la dificultad serán, por lo general, mayores que en una crianza habitual en la que los niños no hayan sufrido ningún tipo de maltrato o abusos, una negligencia continuada o una falta de la figura de apego”, explicó Carlota. Las vivencias traumáticas que estos niños han experimentado en los primeros años de su vida suelen marcar su psiquismo, aunque no todas afectan del mismo modo, ni a todos los niños les afecta de la misma manera. Sin embargo, hay casos en los que se puede decir que “el niño está roto y a veces está tan profundamente roto que reparar eso es una labor muy complicada. Pero siempre se pueden hacer cosas”, contó Carlota Caso.

Crianza terapéutica

Los padres tienen que ser padres en primer lugar. A las capacidades de los padres convencionales hay que sumar una fortaleza que les permita enfrentarse a situaciones que se salen de lo cotidiano. Tienen que actuar como si fueran padres terapéuticos. “No se trata de que hagan terapia con los niños, pero se trata de que esos padres, con sus cuidados y muchas otras cosas, puedan intentar reparar algunas de las heridas. Y si no es repararlas al 100%, aunque sea sanarlas lo mejor posible”, explicó la psicóloga. Hay muchas ocasiones en las que esto se convierte en algo muy complicado porque hay casos en los que estos niños son los primeros que evitan establecer el vínculo con su nueva familia, presentan unas conductas oposicionistas o no regulan sus emociones de forma adecuada. “Este tipo de actitudes desgastan de una manera bestial a los padres, se preguntan por qué y les entran muchas dudas y ganas de tirar la toalla”, afirmó Carlota. Lo ideal sería buscar un entorno en el que todos los ámbitos de la vida del niño se vean implicados en esta crianza terapéutica, es decir, un entorno donde los buenos tratos sean los protagonistas para poder reparar los daños.

La situación de desapego por la que han pasado estos menores puede desarrollar patologías graves que, en ocasiones, no se pueden reparar. En ese caso habría que acompañar a los niños e intentar que lo acepten, de forma que se produzcan avances adaptativos. “Hay traumas que no se superan, pero claro que se puede convivir con ellos”, dijo Carlota Caso, “hay que dar amor, ser constantes y estar disponibles, aunque tampoco hay que olvidar los límites”. A pesar de todo el esfuerzo, muchas veces las expectativas no se cumplen y las cosas no avanzan, “la tolerancia a la frustración por parte de los padres tiene que ser enorme”, afirmó Carlota.

El momento de la revelación de orígenes

Otro asunto importante en la acogida y la adopción es el que tiene que ver con la revelación de orígenes. “Cuando un niño pregunta hay que contarle, es muy importante construir narrativas sobre su origen que le ayuden a dar sentido a su vida y a desculpabilizarse”, dijo la psicóloga, lo que coincide con lo que explicó Laura Iparaguirre en una entrada anterior. La madurez del niño es importante, ya que habrá que contarle la verdad, pero en el momento adecuado. La etapa más común para el inicio de la búsqueda de orígenes es la adolescencia, lo mejor es acompañar al adolescente en ese proceso, “es muy importante que no lo haga él solo, que alguien afectivamente cercano lo acompañe en este proceso porque es algo duro”, afirmó Carlota.

Es esencial construir una narrativa coherente que explique sus orígenes y que se pueda ir completando con la edad. Foto: Comfreak en pixabay.com.

Es esencial construir una narrativa coherente que explique sus orígenes y que se pueda ir completando con la edad. Foto: Comfreak en pixabay.com.

“Permiso para querer”

La falta de vinculación con la nueva familia por parte de los niños en acogimiento o en adopción puede deberse a cuestiones muy diversas, pero hay dos que son fundamentales. Hay menores que no son capaces de establecer ese vínculo porque sienten mucho miedo al abandono que ya sufrieron anteriormente, es una forma de protegerse por si se vuelve a dar la misma circunstancia. Otro motivo es el conflicto de lealtades, los niños se sienten entre dos aguas y piensan que traicionan a su madre biológica en el momento en el que empiezan a querer a su nueva familia, “cuando la madre biológica le está dando permiso para querer, para abrirse, ese conflicto se rebaja”, concluyó Carlota Caso.

 

¿Qué técnicas habéis llevado a cabo vosotros para ayudar a vuestros hijos en este proceso?

 

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Laura Iparraguirre: “La búsqueda de orígenes es una prueba para toda la familia”

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

El objetivo al crear este blog fue el de aprender lo máximo sobre las  con familias de acogida y las familias adoptantes con el fin de ser capaces de difundir, de una manera próxima y asequible a todos, cuál es la situación y la realidad de estos modelos de hogar. Por ello, acudimos a quienes mejor conocen esas circunstancias, además de las propias familias, los profesionales que les acompañan en este camino.

Laura Iparraguirre es una de ellas. Socióloga, trabajadora social, psicoterapeuta y con distintos másters en el ámbito de la adopción y la acogida, es subdirectora de Nuevo Futuro de Navarra y una de las profesionales  que trabaja directamente con las familias en el espacio Safaya, del que hemos hablado en una entrada anterior.

Uno de los aspectos  que destacaba esta trabajadora social es la importancia de preparar, de formar y de educar a los padres para que tengan herramientas que les permitan hacer frente a ciertas situaciones, difíciles en muchas ocasiones. Para los padres de adopción, una de estas puede ser cuando el niño, una vez adolescente, empieza a interesarse en saber acerca de su familia biológica. La búsqueda de los orígenes por parte del crío es una de las pruebas a las que se deben enfrentar estas familias, y, según expone Laura Iparraguirre, es aquí cuando se ve si ha habido un buen acompañamiento o no.

Estos chicos “tienen una espada de Damocles que les acompaña y es que sienten que no son dignos de amar. Lo piensan así porque es lo que da sentido a justificar el abandono de su madre”, comenta Iparraguirre. Hay en un momento en la vida de estos niños, sobretodo en la adolescencia, donde sienten la necesidad de conocer, de iniciar una búsqueda de orígenes para saber el motivo de su situación. Según Laura Iparraguirre se empieza con “un cuestionamiento, hay un  pensamiento de qué le habrá pasado a la madre, qué será de ella” Es ese momento en el que sienten la necesidad de ver cuál es la primera pieza del puzzle que conforma su vida y es que “no saben porque su madres les dejó  para que otros les cuidaran”. Y es aquí donde la figura de los padres adoptivos es clave y pueden poner en práctica lo que desde instituciones como Safaya les enseñan.

Narrativa biológica

En cuanto a la forma en que estos padres se enfrentan a la revelación a su hijo de sus orígenes,  Laura Iparraguirre dice que “hay de todo. En muchos casos, los padres se plantean adornar una historia súper bonita para que los niños no sufran. Son libres y responsables de lo que les cuentan. Mi recomendación es que siempre hay que ajustar la información a la edad de la criatura. Hay que poder darle a uno lo que está dispuesto a recibir. Y mi otra recomendación es que ningún elemento no se sostenga en el tiempo. Es decir, que yo no le diga hoy una película muy bonita porque tiene seis años, a mi me ha pillado de sorpresa y le cuente algo que luego, con el tiempo, no se pueda mantener”, y continúa diciendo que “lo que es importante es que estos niños tengan una narrativa biológica que sea coherente”.  Es como un puzzle, se le puede ir dando piezas con el tiempo y cuando se den todas, lo importante es que todo esto encaje.

Laura Iparraguirre explica “hay padres que le dicen a sus hijos que su familia biológica les quería mucho, y yo siempre les pregunto si lo saben. Es mejor no meterse en esas cosas. Yo les suelo decir que respondan aquello de lo que están plenamente seguros y que es algo objetivable, por ejemplo,  no sé si te quería, pero de lo que estoy completamente seguro es que quiso que vivieras y yo estoy muy agradecido porque de esa forma nosotros podemos ser una familia. Esto es real”. Comenta que si al niño se le dice que su familia biológica lo quería mucho, sin saber si es cierto o no, estos pequeños pueden desencadenar dos pensamientos complicados. Por un lado, pueden preguntarse:” si tanto me querían, ¿por qué me abandonaron?” y, por otro: “no me quieras tanto, porque igual también tú [padre adoptivo] me abandonas”. La psicoterapueta admite que la intención de estos padres es muy buena, es la de salvar a la familia biológica, la de evitar sufrimiento a sus pequeños y eso está bien, pero hay que tener cuidado con lo que se le cuenta a la criatura y la edad que tiene. Insiste en que no hay que mentir, si no se sabe, no se sabe, para que a la larga la confianza que tanto cuesta de crear en estas familias no se rompa.

La importancia de estar preparados

Laura Iparraguirre explica que hay chicos que no dan los pasos para conocer a su familia biológica, pero que no ha conocido ningún caso que no se haya preguntado nunca acerca de esta. Son jóvenes que no sienten la necesidad de saber dónde está esa familia, ellos se sienten bien con sus situación y entierran esas preguntas. Lo que deciden emprender la aventura de saber sobre quiénes le dieron la vida tiene que estar muy preparados. Es necesario mostrarles el abanico de posibilidades que se pueden encontrar. Explica que “muchos se creen que en el momento en que empiecen la búsqueda, llamarán a una puerta y una madre joven les abrirá con una sonrisa en la cara, pero puede pasar de todo. Hay que prepararles de la misma manera que ya se hizo con sus padres adoptivos”. Las posibilidades que existen, en cuanto a esas familias biológicas, es que “sean caso duros de conocer, otra opción es que ya hayan muerto. También que no les quieran conocer o que están felizmente casados, y hasta muy bien posicionados, y tengan otra familia que no conozcan y se encuentran de golpe  con  hermanos que ni sabían que existían”, por eso hay que prepararles porque “no siempre es un final feliz”. Comenta que hay muchos adoptados que realizan todo el proceso de preparación emocional y, en el momento de dar el paso, no quieren conocer a quienes les vieron nacer.

También  es necesario acompañarles y formarles en el momento en que estos niños, ya de adulto, deciden formar su propia familia y tener hijos. Puede ser duro, por ejemplo, en el caso de las mujeres y los sentimientos tan intensos que las acompañan durante todo el embarazo. Esta situación puede crearles angustia y desencadenar en una depresión postparto.

Lo importante en este proceso de búsqueda de orígenes es que esta es una especie de prueba para toda la familia. Hay criaturas que deciden no dar estos pasos porque sienten que traicionan a su familia adoptiva. Si los que ejercen de padres están dispuestos a a acompañarles en este proceso, es un muy buen indicador, porque integran, normalizan la situación por el bien de todos. Está claro que no tiene porque ser una situación fácil para los padres, pero para eso se les educa y enseña.

¿Cómo pensáis que es la mejor manera de hacer frente a esta situación? 

 

 

 

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