Adopción, Sin categoría

Charo Paternain: “Vienen con unas ideas muy distintas de lo que realmente es la adopción”

PATRICIA ZARRALUQUI

Para poder iniciar un proceso de adopción es necesario acudir al Negociado de Adopción del Gobierno de Navarra. Desde allí, se gestionan las adopciones de la Comunidad Foral y es necesario contactar con ellos. Hemos hablado con Charo Paternain Remón, Jefa del Negociado de Adopción, para que nos explique cuáles son los pasos que hay que seguir y cuáles son las actividades que se llevan a cabo desde el Negociado en el proceso adoptivo.

Los cursos de formación para los padres son un punto de partida que les va a servir para el resto del proceso. Foto: Frantichek en Pixabay.com.

Los cursos de formación para los padres son un punto de partida que les va a servir para el resto del proceso. Foto: Frantichek en Pixabay.com.

“El primer paso que tienen que dar las familias es acudir a una sesión informativa obligatoria en la que se explica la normativa tanto internacional como nacional y qué es cada tipo de adopción”, explica Charo. En esta charla de unas 4 horas, hay una parte más normativa y otra que tiene que ver con lo social y lo psicológico. Se les habla a las familias de los países en los que se puede adoptar y se les cuenta en qué consiste el proceso. Una vez que se ha hecho la sesión informativa, tienen que realizar un curso de formación, donde se va a profundizar más en la parte emocional y psicológica. Son 12 horas, en los que hay 6 sesiones:

  • “Quiero adoptar”
  • “Nuestros sentimientos, esperanzas y temores”
  • “El encuentro y la adaptación familiar”
  • “La comunicación de los orígenes”
  • “La adopción de niños y niñas con necesidades especiales”
  • “La adopción en primera persona”

Sirven para madurar un poco la decisión de adoptar. “Vienen con unas ideas muy distintas de lo que realmente es la adopción. Tienen que valorar hasta dónde llegan y que ofrecerse para un perfil muy concreto no es tan fácil, así que hay que orientarles”, explica Charo. En esos cursos hay gente que se echa para atrás.

Una vez que las familias han pasado por los dos pasos anteriores, pueden hacer el ofrecimiento, es decir, la solicitud. En esta solicitud, cada persona puede elegir adopción nacional, adopción internacional o las dos. En el caso de adopción internacional, solo se puede elegir un país. “Cuando eliges tramitar en otro país se puede hacer de dos maneras, dependiendo siempre de lo que diga el país de origen: por protocolo público, que sería entre ministerios, o por una ECAI o OAA, como se llaman ahora”, cuenta Charo. Generalmente, en la mayoría de países solamente se tramitan las adopciones internacionales por ECAI, porque estas empresas establecen allá redes y les ayudan y cooperan con ellos. Un ejemplo es China por Pasaje Verde, un programa para adoptar niños con necesidades especiales, donde es obligatorio acceder por ECAI y no hay posibilidad de hacerlo por protocolo público. Charo Paternain explica que por protocolo público cada vez hay menos países porque a ellos les viene bien que estas empresas estén allí y trabajen con ellos.

Una vez que las familias ya han hecho el ofrecimiento y tienen claro en qué país quieren solicitar o si quieren solicitar en internacional y nacional a la vez, que también se puede, se empieza con la entrevista y el cuestionario. Se les da un cuestionario de unas 30 páginas, como cuentan Rocío y Agustín en Diario de una adopción, donde se abordan distintos ámbitos de su vida social: cómo es la vivienda, su familia, sus relaciones, etc., así como se les hacen preguntas de tipo psicológico. Se les da un tiempo de uno a tres meses para realizarlo y una vez lo entregan, desde el Negociado revisan bien el cuestionario y se hace una visita domiciliaria exigida por los países para ver si en esa casa realmente hay un espacio adecuado para el niño. En esa visita también se aprovecha para profundizar en algunos temas o para buscar respuestas que no han querido contar en el cuestionario. Si el cuestionario está bien resuelto y en la visita ha ido todo bien, ellos realizan el informe psicosocial. “En el caso de que tengamos cosas que no acabamos de ver claras, haríamos más entrevistas, pasaríamos test o lo que nosotros creamos conveniente hasta poder juzgar”, explica Charo. Cuando ya se resuelven todas la dudas, se hace el informe psicosocial y de ahí, se les otorga el Certificado de Idoneidad. Para dar el certificado se mira lo que marca la ley, son aspectos sociales y psicológicos, no importa tanto el dinero de la familia, “sino el saber dónde se están metiendo, porque son procesos duros y vienen generalmente de procesos de infertilidad, por lo que psicológicamente no están bien. Tienen que pasar el duelo. Pero se meten en un proceso complicado, largo, que muchas veces no llega a su fin además”, señala Charo. Sirve para ver si están preparados psicológicamente sobre todo. “Nosotros no podemos saber si una persona va a ser buen padre o no, pero sí que tenemos que intentar ver que van a poder ir en este proceso bien y van a poder vivir y no sobrevivir”, dice Charo Paternain.

Los informes que hay que enviar a cada país pueden llegar hasta las 200 páginas y requieren documentos certificados hasta en tres ocasiones. Foto: Jarmoluk en Pixabay.com.

Los informes que hay que enviar a cada país pueden llegar hasta las 200 páginas y requieren documentos certificados hasta en tres ocasiones. Foto: Jarmoluk en Pixabay.com.

Una vez que se ha obtenido el Certificado de Idoneidad, si la familia ha decido tramitar por protocolo público, ellos envían el informe directamente al país. Por otro lado, si han decidido hacerlo por una ECAI, se lo enviarían a ella. En caso de ser por protocolo público, es el Negociado el que pediría permiso al país y este le mandaría toda la documentación que tiene que conseguir la familia para la solicitud. La documentación varía dependiendo de cada país. Una vez que la familia ha reunido todos los certificados, tiene los documentos que han hecho desde el Negociado de Adopción legalizados y apostillados, mandan todo al país. Si la adopción se tramita a través de una ECAI, son ellos los que se encargan.

Por otro lado, también hay que hacer un compromiso de seguimiento, que va a marcar cuáles son las exigencias de cada nación. Etiopía, por ejemplo, pide una visita al año hasta los 18; en China son solo 6. “Cada país va a marcar en qué tiempo, cómo quieren los seguimientos y quién los va a hacer. Normalmente los que van por ECAI. Nosotros hacemos los seguimientos por protocolo público y todos aquellos que no sean llevados por un ECAI en Navarra”, explica Charo.

En la mayoría de los casos, cuando los niños llegan a España, ya están adoptados, pero hay países como Filipinas en los que el menor está en una especie de acogimiento preadoptivo a su llegada y la adopción se tiene que pedir en el juzgado en España.

El principal problema de las adopciones es el tiempo que se tarda. Por ejemplo, en China por vía ordinaria, es decir, niños sanos, se están dando ahora a las familias que solicitaron en enero de 2007. “Cuando ha pasado tanto tiempo, su prioridad puede que ya no sea tener un hijo, tu vida ha podido cambiar de forma radical“, dice Charo resignada. Prácticamente ya no hay adopciones internacionales de niños sanos y pequeños, como también apuntaba Adolfo García de AFADENA. “Ahora los niños que son pequeños tienen que tener algún problema físico y el perfil que sale con más facilidad es a partir de 5 años”, dice Charo Paternain.

“Yo siempre digo que la adopción internacional es subsidiaria de la adopción nacional dentro de cada país. En el momento en el que ponen dinero para hacer un sistema de protección bueno, baja la adopción internacional porque ponen todo su empeño en que haya adopción nacional y en que haya acogimiento. De forma que todos los niños pequeños que están sanos van a ir siempre para nacional y van a sacar a internacional los demás”, explica Charo. En España, la adopción nacional está mal. Esto se debe a distintas causas, por un lado, las personas que tienen hijos es porque quieren, por otro lado, está el aborto, que interrumpe en muchos casos embarazos no deseados. Esto está haciendo que en Navarra haya una media de dos bebés al año menores de dos años dados en adopción con consentimiento y sanos. A esto se añade el sistema de protección que, una vez que ve que un niño tiene problemas, intenta ayudar a los padres y darles tiempo para que se recuperen, y si no es así, se intenta buscar en la familia extensa alguien que se pueda hacer cargo de los niños. Si no funciona nada, los niños pasan al sistema de adopción nacional. “Entonces el perfil de niños en adopción nacional suele ser un perfil de niño de bastante edad, mucho más mayor que antes, y suele salir sin consentimiento”, cuenta Charo.

Hay dos listas diferentes en adopción nacional:

  • Niños menores de 2 años con consentimiento y sanos.
  • Niños con necesidades especiales: dentro de esta hay varias listas: mayores de dos años, grupo de hermanos, niños dados en adopción sin consentimiento de los padres, de otras comunidades…

En Navarra hay más de 200 solicitudes para la primera lista y, como se ha contado, suele haber 2 niños al año que cumplan esas características. Puede que la adopción no llegue nunca para esas familias. El año pasado hubo 15 solicitudes para adopción nacional y 19 para internacional, este año las nacionales han disminuido hasta 9 y las internacionales se mantienen estables con 20.

Otra opción es buscar en otras comunidades españolas. “Cuando las comunidades nos dicen algún caso que tienen, buscamos en nuestras listas aquellos que coinciden con los requisitos que nos ponen y los proponemos, pero la comunidad de la que provienen los niños es la que decide qué familia se queda a los niños. De hecho en Navarra, tenemos muy poquitas adopciones, nos nutrimos todos los años de niños de otras comunidades”, termina Charo.

 

¿Cuánto tiempo estaríais dispuestos a esperar para recibir a vuestro hijo adoptado?

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“Tuvimos un embarazo de 48 horas”, parte 2

PATRICIA ZARRALUQUI

Después de que el Gobierno de Navarra les dijera que tenían un niño para adoptar, como se ha contado en la primera parte, la pareja se encontraba en una situación compleja.

Ese momento fue algo estresante para los dos porque en dos días tenían que decidir si cambiaban de vida, después de seis años sin saber nada del Gobierno de Navarra, de quien dicen que no les dio toda la información en agosto, ya que ese niño ya existía. Los padres que estaban por delante de ellos en la lista no quisieron tener a un niño sin el consentimiento paterno, lo que hizo que la lista corriese tan rápido y en poco más de un mes pudieran tener al bebé con ellos. Les dieron al niño el 8 de octubre en régimen de preadopción con tres meses, él tenía sus nombres y sus apellidos. En ese momento empezaron con trámites judiciales para buscar a la madre biológica. Esta ya tenía una hija en acogida y en una de las visitas descubrieron que estaba embarazada. Los padres adoptivos creen que la situación debía de ser grave porque apartaron al niño de la madre nada más nacer y lo llevaron a una casa de acogida del Gobierno de Navarra. Se estableció el protocolo para empezar a buscarla, pero pasado un plazo, en febrero de 2011, como no había aparecido, se lo dieron en adopción porque había prescrito el derecho que tenía sobre él mientras estaba en preadopción.

Un giro de 180º

A los quince días fueron a buscarlo y hasta hoy. “Nos cambió la vida por completo. ¡Qué shock! Porque claro, hay que acostumbrarse. De repente te dan a una persona que tú no quieres. Es un niño que te puede despertar ternura porque es un bebé. Pero tú no lo quieres, es así de fuerte, no te ha dado tiempo“, intenta explicar la madre. No había tenido un margen para ir acostumbrándose, como ocurre en las adopciones internacionales, que entre viajes, fotos, etc. es más fácil hacerse a la idea. “Nosotros no teníamos hijos, pero teníamos una vida estupenda, no estábamos amargados por no tener hijos. Todo el día para aquí para allá. Y entonces, te aparece de repente un niño“, cuenta ella. “Mi adaptación fue mejor que la suya, a ella le costó mucho”, añade él. No tenían ni siquiera una habitación para el niño y para la madre todo se convertía en un pequeño drama. 

Aunque al principio la adopción les pilló por sorpresa, el paso del tiempo ha hecho que sean una familia. Foto: Geralt en pixabay.com.

Aunque al principio la adopción les pilló por sorpresa, el paso del tiempo ha hecho que sean una familia. Foto: Geralt en pixabay.com.

A pesar de que al principio todo fue un shock, ahora están muy bien. El niño ya tiene seis años y sus padres dicen que es un niño muy bueno. “Ahora no te imaginas la vida sin él. Lo ves como tu hijo, es tu hijo. Yo no tengo hijos biológicos y entonces no sé cómo será, pero yo imagino que no es diferente a lo que nosotros sentimos por él“, cuenta el padre sonriendo, “no es diferente en ningún aspecto, ni en cariño, ni en amor, ni en lo que haga falta. Supongo que la cosa física tiene que unir mucho, pero en el momento en el que tienes a tu hijo tampoco lo conoces”. La madre cuenta riendo que le suelen decir que se parece a ella porque los dos son morenos. “Nosotros no lo conocíamos, igual que los padres biológicos, pero con el añadido de que es mulatito y los rasgos no son los tuyos, lo que hace que cueste un poco más romper esa barrera”, añade el padre. Sin embargo, el paso de los años ha hecho que los dos estén encantados con él, les ha cambiado la vida, pero en el 99% de los casos es para bien, ese 1% corresponde a que ya no pueden hacer todos los planes que hacían antes, “pero nadie nos ha puesto una pistola en la cabeza, es una decisión libre que hemos tomado“, dice él. “Yo creo que hemos tenido suerte, no sé cómo evolucionará. Mi hijo lo habrá pasado mal en la tripa porque su madre no lo podía tener, pero fue poco tiempo. Aparecimos nosotros cuando tenía 3 meses y, aunque nos pilló de sorpresa, los brazos han sido los mismos desde entonces”, sigue ella. Por ahora, el niño no ha presentado secuelas psicológicas y se sienten afortunados en comparación con las historias que cuentan otras familias en los talleres de Nuevo Futuro a los que asisten.

Un cuento real

El niño supo desde el primer momento que es adoptado. Él tiene un libro en el que se cuenta su historia: El cuento del niño Mario. Sus padres le han contado que hubo una chica que lo tuvo en su tripa, pero que no lo pudo cuidar y lo llevaron a una casa; un día les llamaron a ellos y fueron a buscarlo. También le han contado que tiene una hermana. “Se trata de no mentirles, de normalizar la situación y de que vaya siendo consciente de quién es desde el principio, adaptado a la información que se le puede dar a un niño según su edad”, cuenta el padre, “desde hace un año o menos ya va preguntando y lo que tiene que notar él es que el tema de la adopción no es tabú”. Por ejemplo, hace unos días les preguntó a ver por qué no llamaban a la chica que le había tenido en la tripa para que le pidieran un hermanito, «”pues porque no sabemos dónde está”, le dijimos», narra ella. Estos padres lo que buscan es que a él no le falte la información por su parte, dándole la necesaria en cada momento y acompañándole en la búsqueda de sus orígenes, pero también es cierto que no pueden responder a todas sus dudas porque ellos también las tienen. “Él sabe que no nació de mi tripa y que nosotros somos sus padres”, comenta la madre. “Que vamos a ser sus padres para siempre y que hubo una chica que era su mamá biológica y tenía una pareja, que era su papá, que no los conocimos a ninguno de los dos y que, por algún motivo que no conocemos, no pudo estar con ellos, con él y con su hermana”, continúa el padre.

El niño conoce a su hermana, lo que le permite tener un contacto con su familia biológica. Foto: Unsplash en Pixabay.com.

El niño conoce a su hermana, lo que le permite tener un contacto con su familia biológica. Foto: Unsplash en Pixabay.com.

El niño conoce a su hermana y se ven varias veces al año. El Gobierno de Navarra les informó de que el niño tenía una hermana y de que los padres de acogida estaban dispuestos a tener contacto con ellos si querían. “¿Cómo no íbamos a querer? A él le recalcamos que tiene una hermana, aunque la relación que tiene con ella y el concepto de hermana no es el normal porque está con ella tres o cuatro veces al año”, explica el padre. 

¿Y si sí?

La pareja no se plantearía ahora mismo adoptar a otro niño, porque consideran que ya tienen una edad y no sería justo para él tener a unos padres tan mayores, ya que si inician el proceso de nuevo, podrían ser otros diez años. A los dos les da pena que su hijo sea hijo único, pero dicen que su momento ya ha pasado y además será difícil que les salga todo tan bien como con él, un niño tan noble y sociable. Sin embargo, las dudas les entran a los dos en un caso especial. En el momento de la adopción, les dijeron que si la madre se quedaba embarazada de nuevo, ellos tenían prioridad. “Ya estaríamos otra vez con la duda”, dice ella. “Nos conocemos, ¿cómo vas a decir que no? En ese caso, seguro que sí. Sería incapaz de decir que no“, concluye él.

¿Habéis tenido alguna experiencia similar? Nos gustaría conocerla.

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Acogida, Sin categoría

Olimpia Jiménez: “Tiene permiso para quererme”

BELÉN TORRES

“Hola, me llamo Olimpia Jiménez y soy madre de acogida extensa permanente desde hace ocho años”, así se presenta la protagonista de esta historia.

Los niños de acogida tienen regresiones, vuelven a cuando eran bebés. Foto de kheinz, en Pixabay

Los niños de acogida tienen regresiones, vuelven a cuando eran bebés. Foto de Kheinz, en Pixabay

Una de las mejores formas de aprender sobre el acogimiento es acudiendo a quienes viven esta situación en primera persona. Esta mujer de ojos claros, rubia y de sonrisa afable es una de ellas. Olimpia tiene 57 años y desde hace ocho es madre de acogida extensa. Tal y como ya contamos en una entrada anterior, esto significa que es familia directa de la niña que vive con ella, tienen vínculo sanguíneo. Además, cuando el crío lleva más de dos años con la familia, el acogimiento pasa a ser permanente, “porque no se sabe si va a estar contigo cinco años, uno o hasta que sea abuelo”, explica Jiménez.

La necesidad de actuar

Todo empezó  porque Olimpia Jiménez vio que la madre biológica de la pequeña no podía hacerse cargo de ella. Detectó algunas carencias y decidió actuar: “[la niña] es de tu familia y no puedes consentir una situación así. Es una cosa que ocurre sola, no te planteas no hacer nada, te mueves, haces lo que crees que es mejor”, explica y lo que ella creyó que debía hacer era ofrecerse para cuidarla. Cuando lo habló con la madre biológica, esta estuvo de acuerdo y acudió a Gobierno de Navarra para entregar la custodia de la criatura. Desde ahí se buscó el mejor entorno para ese bebé de diez y ocho meses. Lo que se intenta siempre desde las instituciones es que se quede, en la medida de lo posible, con alguien de la propia familia. Jiménez ya había sido señalada por la madre biológica como guarda de la niña, a pesar de esto, fue imprescindible que Olimpia hiciera las pruebas y exámenes que pasan todas y cada una de las familias que se ofrecen para un acogimiento “tienes que exponer tu vida entera, tanto económica, como física, emocional… todo. Y es un proceso largo, muy largo, eternos. Es cierto que mientras todo se hacía la niña estaba conmigo, pero aún así…”, relata.

Esta situación, todo el papeleo, duró aproximadamente un año, y Olimpia Jiménez explica que “vives con mucha angustia, porque sabes que la niña contigo está bien, que está cuidada, atendida, que tiene una rutina, que está atendida… pero la última  palabra no la tienes tú y se la pueden llevar después del tiempo que lleva en casa. Al final, es parte de tu familia y ves que no tienes poder de decisión”. Así cuando recibió la confirmación de que la pequeña se quedaba con ella fue “un respiro emocional, pero sobretodo me permitió hacer planes: inscribirla en la seguridad social, empadronarla… te permite organizarte.”

Olimpia explica sí que hubo un intento de que la pequeña volviera con su madre biológica, pero que no fue factible y, además, supuso un retroceso en la estabilidad de la niña “estaba fatal. Tuvimos que hacer todo el proceso a la inversa, fue como volver a empezar”, comenta. A pesar de eso, madre biológica e hija se ven todas las semanas durante varias horas.

Sufrimiento por los dos lados

Con estos pequeños es imprescindible trabajar, pasar tiempo y estar con ellos, ya que “estos niños sufren emocionalmente una barbaridad. Siempre están en la tesitura de elegir entre: mi madre no me quiere y por eso no vivo con ella o no soy lo suficientemente buena y por eso no vivo con ella… ¿cuál elegirías tú? Ellos se deciden por ‘no soy lo suficientemente bueno’. Esto para ellos es: no me gusto a mi misma, soy un asco, no me quiero mirar al espejo, estoy gorda, no me gusta mi pelo, quiero cambiarme de nombre, no quiero ir al cole… el rechazo que ellos creen que sus padres tienen hacia ellos, se lo hacen a sí mismos, se auto inmolan. Sacarlos de ahí es muy difícil, muy difícil”, explica Olimpia. Tal es ese sufrimiento que tienen regresiones, se sienten tan sobrepasados por la situación que empiezan a tener comportamientos de bebés: piden chupetes, papillas, que se les cojan en brazos…

A pesar de todo el sufrimiento, el acogimiento merece la pena. Foto de chin1031 en Pixabay.

A pesar de todo el sufrimiento, el acogimiento merece la pena. Foto de chin1031 en Pixabay.”

“Necesitan volver a ese estado donde no tenía que pensar en nada, no tenía que hacer nada y mi mamá era la que estaba por mi”, comenta Jiménez y continúa diciendo que “es muy duro y se necesita mucha terapia porque la autoestima de estos niños está como a menos veinte… y esto repercute en los estudios. Van al colegio con medio cerebro, una parte pensando en su madre y la otra mitad pendiente de las matemáticas”, continúa. También determina su comportamiento social y sus relaciones.

No es únicamente duro para los críos, también para quien los cuidan. Olimpia Jiménez es viuda, por tanto, se encarga ella sola de la niña y “muchas veces te bloqueas o pierdes la paciencia. En esos caso es muy necesario contar con el apoyo de profesionales que escuchen, que te guíen y que te hagan ver que es normal que estés afectado pero que también te muestren herramientas que te permitan seguir adelante”. Porque la situación es tan delicada que se llega al extremo de verse “con la necesidad de romper la relación con la familia para protegerlo contra todo. Lo que no te imaginas, en el caso de un acogimiento extenso, es que tienes que protegerlos de la propia familia, de los padres biológicos que intentan saltarse, con toda clase de argucias para salvaguardar al pequeño”, narra Olimpia y continúa “es muy, muy, muy duro. Tienes que poner un muro entre tu familia y tú, hay que marcar unos límites brutales, para salvaguardar al crío”. Sin embargo, este no es exactamente su caso ya que, como se ha contado más arriba, la madre biológica estaba de acuerdo con el acogimiento.

Compensa una y mil veces

Sin embargo, ese sufrimiento y sacrificio compensa “cuando ves que se levantan un día y sonríe, y ríe, y va por la casa canturreando, que se siente querida, que tiene motivos para vivir. Porque estos niños son depresivos, tristes, pero cuando ves situaciones normales, respiras, te relajas y disfrutas”, relata esta madre que tuvo que dejar su trabajo para poder atender adecuadamente las necesidades de esta niña. Tanto es así que Olimpia se planteó acoger a alguien más: “me gustaría, sí, me gustaría mucho”.

Todo por cuidar de lo niños y hacerles felices. Foto de DariuszSankowski en Pixabay.

Todo por cuidar de lo niños y hacerles felices. Foto de DariuszSankowski en Pixabay.

A pesar de todo esto, esta madre de  acogida explica con una gran sonrisa en la cara que ahora están muy bien “tuvimos una reunión en primavera con la madre biológica en la que le aclaró a la niña que, en mucho tiempo, no iba hacerse cargo de ella y a la cría le ha entrado un descanso…”, ríe Olimpia. La niña llegó a casa con apenas diez y ocho meses y ahora, con casi nueve “se ha relajado y se ha situado mejor en el mundo. Su madre la ha dado permiso para quererme y ahora es otra niña”, relata una feliz Olimpia. Y es que el acogimiento es una medida temporal que existe con la idea de que estos pequeños vuelvan con sus familias  de origen una vez se haya resulto el conflicto.  Por  eso, no se permiten sentir demasiado hacia quienes los están cuidando, porque saben que se marcharán.

¿Qué os ha parecido la historia de esta madre de acogida? 

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Adopción, Sin categoría

“Tuvimos un embarazo de 48 horas”, parte 1

PATRICIA ZARRALUQUI

Tuvimos que decidir si queríamos un niño en 48 horas“, cuenta el padre de un niño de adopción nacional (han preferido que sus nombres no aparezcan en la entrada). Esta pareja son padres de un niño de 6 años desde que este tenía tres meses. Después de una larga espera para una adopción internacional, su hijo les llegó de forma inesperada.

Una decisión consensuada

La historia de esta pareja se distancia un poco de lo que suelen ser las familias adoptivas, “la gente cuando quiere adoptar suele tener un deseo muy grande. Nosotros también teníamos ganas de tener un niño, pero no éramos la típica familia desesperada que no le veía sentido a nada si no podía tener hijos”, cuenta el padre.

La madre había tenido claro desde pequeña que si tenía hijos quería que fuesen adoptados, sin embargo, él sí que tenía la ilusión de tener hijos biológicos. “Pienso que hay muchos niños por ahí que necesitan una familia. Además, a mí el embarazo no me atraía”, explica ella. Pero se pusieron de acuerdo y decidieron combinar las dos cosas. «Dije: “Si tú quieres tener un hijo adoptado, yo quiero que primero intentemos tener un hijo biológico”», continúa él. Sin embargo, los tratamientos de fertilidad no funcionaron y solo pudieron continuar con la adopción.

Las adopciones internacionales cada vez tardan más en llegar y en unos años, los niños pequeños y sanos serán la excepción. Foto: Thetruthpreneur en Pixabay.com.

Las adopciones internacionales cada vez tardan más en llegar y en unos años, los niños pequeños y sanos serán la excepción. Foto: Thetruthpreneur en Pixabay.com.

Ellos en un primer momento solicitaron adopción internacional a China porque era donde menos tardaban en darte al niño, entre un año y un año y medio, y porque les parecían los más serios. Pero la realidad cambió, ya que en China se produjo un atasco en las asignaciones debido a una mayor demanda por parte de familias monoparentales, que aprovecharon para solicitar antes de que el país las prohibiera. En una de las reuniones que tuvieron con el Gobierno de Navarra, les dijeron que si rellenaban otro formulario, entraban en la solicitud de adopción nacional, pero que se olvidasen de ella porque la lista de espera era de unos 13 años. Decidieron rellenarlo y solicitarla porque una no te quitaba de la otra. Pero obedeciendo a lo que les había dicho el Gobierno, se olvidaron de ella.

Un olvido obligado

Pasaron cuatro o cinco años y la adopción desde China no llegaba. Ellos ya tenían 40 años y después de pensarlo y darse cuenta de que no querían ser padres tan mayores, decidieron borrarse de adopción internacional. Ya tenían asumido que iban a llevar otro proyecto de vida y se cambiaron de casa a un ático pequeño ideal para los dos.  “Nos cambiamos en junio de 2010 y en agosto de repente nos llamaron del Gobierno de Navarra para preguntarnos a ver cómo estábamos”, dice ella. “Que ni nos acordábamos de ellos, nos habíamos dado de baja de adopción internacional, pero de nacional ni acordarnos”, continúa el padre.  “Nos dijeron que estábamos los novenos en la lista de espera y que iba a tardar un año o año y pico. Querían saber qué pensábamos y si queríamos seguir adoptando, después de 6 años en los que no nos habían llamado para nada”, apunta la madre. En ese momento les dijeron que se lo iban a pensar, pero les hicieron una pregunta clave, que a ver si estarían dispuestos a adoptar a un niño aunque no tuviera el consentimiento paterno. “Yo había trabajado de policía municipal y me había tocado ver varios casos de críos casi en desamparo, pero en ninguno les habían quitado la patria potestad a esos padres”, cuenta él, “entonces me vino toda esa película a la cabeza. Pensé que, para que a unos padres les quiten a sus hijos y lo vayan a dar en adopción, era porque había una situación muy grave. Así que yo dije que sí, que estaba dispuesto“. “Salimos y yo le dije que qué había hecho, si no sabíamos ni de qué iba la cosa”, comenta ella.

A mediados de septiembre les volvieron a llamar para visitar la nueva casa. En ese momento su idea fue aprovechar la visita para decirles que se daban de baja, porque, a pesar de que les habían dicho que iba a ser un año o año y pico, sabían que iban a ser unos tres, y además se habían cambiado de casa y no cabía nadie más. Después de ver la casa, les dijeron que se sentasen porque les tenían que decir algo. Era un miércoles al mediodía y les dijeron que tenían para coger un niño el viernes. “¿El viernes? 48 horas para decidir si dábamos el paso o no“, explica el padre reflejando la sorpresa del momento. “Yo me iba de vacaciones con mis amigas y lo dije, no íbamos a poder recoger al niño hasta 15 días después. Pero nos dijeron que nos lo guardaban, como quien guarda cualquier otra cosa…”, prosigue ella. “Se quedaron un poco descolocados, pero tenían que entender que mi vida hasta ese miércoles era una y a partir de ese viernes, si aceptábamos, iba a ser otra. Evidentemente dijimos que sí, fue un embarazo de 48h”, cuenta el padre.

 

¿Qué os parece la historia de esta familia? Para saber más: «“Tuvimos un embarazo de 48 horas”, parte 2».

 

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Carlota Caso: “Hay que dar amor, ser constantes y estar disponibles para ellos”

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

Un proceso de acogimiento o de adopción es muy complicado, donde todas las partes implicadas sufren a su manera”, afirmó Carlota Caso, psicóloga clínica, en el ciclo de cine “Acogimiento en Familia” que organiza la asociación de familias de acogida Magale en los cines Golem Baiona, el pasado 3 de noviembre. En el plano psicológico, los niños de acogida y de adopción coinciden bastante, la mayoría de ellos han tenido un grado alto de sufrimiento en etapas tempranas de su vida, lo que condiciona o determina su desarrollo psíquico, cognitivo, incluso cerebral.

“Que el acogimiento o la adopción sean complicados no quiere decir que no se puedan llevar a cabo con éxito, pero el esfuerzo y la dificultad serán, por lo general, mayores que en una crianza habitual en la que los niños no hayan sufrido ningún tipo de maltrato o abusos, una negligencia continuada o una falta de la figura de apego”, explicó Carlota. Las vivencias traumáticas que estos niños han experimentado en los primeros años de su vida suelen marcar su psiquismo, aunque no todas afectan del mismo modo, ni a todos los niños les afecta de la misma manera. Sin embargo, hay casos en los que se puede decir que “el niño está roto y a veces está tan profundamente roto que reparar eso es una labor muy complicada. Pero siempre se pueden hacer cosas”, contó Carlota Caso.

Crianza terapéutica

Los padres tienen que ser padres en primer lugar. A las capacidades de los padres convencionales hay que sumar una fortaleza que les permita enfrentarse a situaciones que se salen de lo cotidiano. Tienen que actuar como si fueran padres terapéuticos. “No se trata de que hagan terapia con los niños, pero se trata de que esos padres, con sus cuidados y muchas otras cosas, puedan intentar reparar algunas de las heridas. Y si no es repararlas al 100%, aunque sea sanarlas lo mejor posible”, explicó la psicóloga. Hay muchas ocasiones en las que esto se convierte en algo muy complicado porque hay casos en los que estos niños son los primeros que evitan establecer el vínculo con su nueva familia, presentan unas conductas oposicionistas o no regulan sus emociones de forma adecuada. “Este tipo de actitudes desgastan de una manera bestial a los padres, se preguntan por qué y les entran muchas dudas y ganas de tirar la toalla”, afirmó Carlota. Lo ideal sería buscar un entorno en el que todos los ámbitos de la vida del niño se vean implicados en esta crianza terapéutica, es decir, un entorno donde los buenos tratos sean los protagonistas para poder reparar los daños.

La situación de desapego por la que han pasado estos menores puede desarrollar patologías graves que, en ocasiones, no se pueden reparar. En ese caso habría que acompañar a los niños e intentar que lo acepten, de forma que se produzcan avances adaptativos. “Hay traumas que no se superan, pero claro que se puede convivir con ellos”, dijo Carlota Caso, “hay que dar amor, ser constantes y estar disponibles, aunque tampoco hay que olvidar los límites”. A pesar de todo el esfuerzo, muchas veces las expectativas no se cumplen y las cosas no avanzan, “la tolerancia a la frustración por parte de los padres tiene que ser enorme”, afirmó Carlota.

El momento de la revelación de orígenes

Otro asunto importante en la acogida y la adopción es el que tiene que ver con la revelación de orígenes. “Cuando un niño pregunta hay que contarle, es muy importante construir narrativas sobre su origen que le ayuden a dar sentido a su vida y a desculpabilizarse”, dijo la psicóloga, lo que coincide con lo que explicó Laura Iparaguirre en una entrada anterior. La madurez del niño es importante, ya que habrá que contarle la verdad, pero en el momento adecuado. La etapa más común para el inicio de la búsqueda de orígenes es la adolescencia, lo mejor es acompañar al adolescente en ese proceso, “es muy importante que no lo haga él solo, que alguien afectivamente cercano lo acompañe en este proceso porque es algo duro”, afirmó Carlota.

Es esencial construir una narrativa coherente que explique sus orígenes y que se pueda ir completando con la edad. Foto: Comfreak en pixabay.com.

Es esencial construir una narrativa coherente que explique sus orígenes y que se pueda ir completando con la edad. Foto: Comfreak en pixabay.com.

“Permiso para querer”

La falta de vinculación con la nueva familia por parte de los niños en acogimiento o en adopción puede deberse a cuestiones muy diversas, pero hay dos que son fundamentales. Hay menores que no son capaces de establecer ese vínculo porque sienten mucho miedo al abandono que ya sufrieron anteriormente, es una forma de protegerse por si se vuelve a dar la misma circunstancia. Otro motivo es el conflicto de lealtades, los niños se sienten entre dos aguas y piensan que traicionan a su madre biológica en el momento en el que empiezan a querer a su nueva familia, “cuando la madre biológica le está dando permiso para querer, para abrirse, ese conflicto se rebaja”, concluyó Carlota Caso.

 

¿Qué técnicas habéis llevado a cabo vosotros para ayudar a vuestros hijos en este proceso?

 

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Safaya. El servicio de acompañamiento a familias adoptivas y de acogida de Nuevo Futuro

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

Quienes quieren embarcarse en la aventura de iniciar una adopción o aquellos que se planteen la posibilidad de ofrecerse como padres de acogida siempre intentan recopilar la máxima información posible. Uno de los referentes donde buscarla es en las asociaciones que les sirvan como apoyo en el proceso que empiezan.

En Navarra existen varias, entre las cuales están Magale (Asociación de Familias de Acogida de Navarra) y Afadena (Asociación de Familias Adoptivas de Navarra), a las que les dedicaremos una entrada en exclusiva. Sin embargo, este post está dedicado a otra organización que sirve de ayuda a los dos ámbitos familiares que conforman el centro del blog.

Se trata de Nuevo Futuro que tal y como explican en su página web “trabaja a favor de la infancia en dificultad social”. Su trabajo comenzó en Navarra en 1971 y continúan su labor para “proteger a la infancia en dificultad social, asegurarse de que esta tiene un hogar, trabajar en su educación, su cultura y su crecimiento personal”.

Dentro de Nuevo Futuro, existe Safaya un servicio que se dedica a atender y apoyar a las familias una vez terminado el proceso de adopción y en lo que dura el acogimiento familiar. Una de las personas que trabaja en este servicio es Laura Iparraguirre, trabajadora social, psicoterapeuta y socióloga. Ella es la que cuenta que “durante 17 años hemos sido una ECAI, una Entidad Colaboradora de Adopción Internacional”, en decir, eran los encargados de acompañar en todos los pasos del proceso de adopción a padres cuyos hijos venían de sitios como Perú, Rusia, Rumanía, Chile… y, poco antes de que hubiera una bajada en las adopciones, que las cosas se complicaran, cerraron este servicio. Esto pasó porque ya habían empezado con el “pos”, es decir, con el seguimiento de familias que ya tenían con ellos a sus hijos, pero que se continuaban acudiendo a ellos para “plantearnos dudas, dificultades, para compartir que la situación era más compleja de lo que se imaginaban”. Por este motivo empezaron a realizar actividades tanto para los padres, como para las criaturas.

En palabras de la propia Laura Iparraguirre “lo que hacemos en Safaya es, por un lado, hacer el acompañamiento técnico a las familias de acogida para que se sientan más fuertes y entiendan la casuística. Hacemos un acompañamiento a la carta en toda la red que envuelva al niño: tutores del colegio, psicólogos… todo. Intentamos hacer que entiendan la situación y fortalecer a los acogedores en este ámbito para que el acogimiento sea un buen recurso de protección. Por otro lado, tenemos la parte de adopción, con varias líneas. Hacemos un seguimiento psicológico, vía Gobierno de Navarra, a la familia o a la criatura. Es un servicio gratuito y público para quienes tienen la condición de adopción. Además, está la línea de formación, donde se hacen talleres unidos a un tema, por ejemplo adopción y escuela, adopción y apego…”.

Ayudar y educar a los padres 

Por otro lado, Iparraguirre lidera, desde hace cuatro años, un taller estable y cerrado con un grupo de familias que acuden a Safaya para intercambiar impresiones y vivencias. Esto resulta muy positivo para las familias pues esto les permite intercambiar impresiones, expresar sus temores y sus dudas, sin juzgarse. La líder del grupo explica que en muchas ocasiones “estos padres tienen un sentimiento de fracaso, de culpa, de no dar la talla, se cuestionan todo mucho y hay veces que es necesario reajustar esto” y desde las charlas, se les dan herramientas para gestionar sus sentimientos, sus actos. Además, son también positivas porque hay un alto grado de confianza entre sus miembros que les permite apoyarse los unos en los otros, darse consejos y, en definitiva, compartir vivencias. En palabras de Laura Iparraguirre “es un espacio que contiende, apoya, que da estructura, que da herramientas, que hace un seguimiento y que tranquiliza porque sabes que existe este grupo y que resulta terapéutico. Les aporta, les sirve y que les resulta útil”. Una de las claves del éxito del grupo es que es cerrado y que, por tanto, los miembros son fijos. Desde Safaya se ha comprobado lo positivo de estas reuniones y se pretenden crear nuevos grupos de familias que funcionen tan bien como el taller que hay en la actualidad.

Nuevo Futuro es una de las asociaciones de referencia para tratar temas relacionados con la acogida y la adopción.

Nuevo Futuro es una de las asociaciones de referencia para tratar temas relacionados con la acogida y la adopción.

En cuanto a la formación para padres, Laura Iparraguirre insisten en lo importante que es  para tomar conciencia de en qué se están embarcando quienes deciden empezar una acogida o una adopción. Sería como una especie de filtro tras una dosis de realidad de lo que está apunto de comenzar. Para Iparraguirre tiene sentido en lo que se llama pre, antes de que los niños lleguen a las casas, pero también es importante en el durante, porque hay situaciones con estos niños que son complejas y para las que se necesita el acompañamiento de un profesional que les enseñe herramientas para manejarse.

Con los niños también se trabaja, aunque Laura Iparraguirre es más partidaria de fortalecer a los padres sobretodo cuando los críos son muy pequeños.  Los profesionales que trabajan en Safaya buscan dar un apoyo a los niños y ayudarles a expresarse, ya que muchos pequeños ni siquiera son capaces de poner en palabras qué es lo que sienten. Esto mismo nos explicaron las profesoras Elisa Sagredo y Carlota Gutiérrez en entradas anteriores. Laura Iparraguierre habla también de que esta es una tarea de los padres “ordenar la psique de los niños para saber qué les ocurre y poder establecer los límites adecuados”. Por eso es importante, también, la formación de estos.

Desde Safaya también trabajan con los adolescentes y comenta que “en muchos casos hasta te lo piden”. El ayuda muchas veces viene con sentarse a charlar con alguien de la organización y desahogarse, explicándoles cómo se siente y cuáles son sus miedos o inseguridades.

Así, esta es una de las Asociaciones de Navarra que trabaja con los miembros de los dos tipos de familia que estamos tratando de conocer en profundidad.

¿Sabíais de la existencia de Safaya o solo conocíais a Nuevo Futuro?

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Adopción, Sin categoría

Quién puede adoptar y a quién

PATRICIA ZARRALUQUI

En una adopción hay numerosos factores legales a tener en cuenta. La legislación de cada país regula las adopciones de una manera y hay que conocer bien el marco legal existente para poder actuar de la mejor manera posible, de forma que no surjan imprevistos posteriormente debidos a fallos en el proceso, como ocurrió en el caso de Joan.

Las diferencias legales entre países pueden condicionar las adopciones internacionales, sin embargo, “se busca regular los procesos a través de convenios de adopción que igualen las condiciones en las que se van a llevar a cabo”, explica Caridad Velarde, profesora de Filosofía del  Derecho de la Universidad de Navarra. “En ocasiones, las adopciones no pueden ser tramitarse entre determinados países porque estos no permiten la adopción homosexual, por ejemplo”, dice Caridad. Otro aspecto importante tiene que ver con el concepto de familia de los países musulmanes, donde no existe la posibilidad de la adopción, sino que los niños entran en una situación similar a la acogida, como explica Belén en su entrada: “Acogimiento y otras cuestiones que hay que saber del tema”.

Para poder resolver las principales dudas acerca de las cuestiones legales a tener en cuenta en las adopciones en España, hemos acudido a Javier Nanclares, profesor de Derecho Civil de la Universidad de Navarra. Él nos ha explicado cuáles son los derechos de estos niños y sus familias, así como los aspectos determinantes a la hora de adoptar a un niño.

 

– ¿Quién puede adoptar en España?

– De acuerdo con el artículo 175 CC, se puede adoptar individualmente o en pareja, no más de dos personas. El adoptante puede estar o no casado, también puedo adoptar estando casado y que el hijo sea sólo mío y no de mi cónyuge, que no adopta, aunque deberá asentir la adopción. Su orientación sexual o su identidad sexual no puede ser tenida en cuenta para rechazar a priori su condición de posible adoptante, otra cosa es que en el caso concreto se prefiera a otro adoptante.

Si son dos personas las que adoptan, pueden estar casadas o unidas en pareja estable, necesario para constituir un núcleo familiar idóneo para el hijo. Si son dos personas casadas o unidas, pueden serlo del mismo o de diferente sexo.

Por otro lado, la adopción requiere que el adoptante sea mayor de veinticinco años. Si son dos los adoptantes bastará con que uno de ellos haya alcanzado dicha edad. En todo caso, la diferencia de edad entre adoptante y adoptando será de, al menos, dieciséis años y no podrá ser superior a cuarenta y cinco años, salvo en los casos de adopción sin necesidad de propuesta previa de la entidad pública. Cuando fueran dos los adoptantes, será suficiente con que uno de ellos no tenga esa diferencia máxima de edad con el adoptando. Si los futuros adoptantes están en disposición de adoptar grupos de hermanos o menores con necesidades especiales, la diferencia máxima de edad podrá ser mayor.

Tampoco pueden ser adoptantes los que no puedan ser tutores de acuerdo con lo previsto en el Código civil.

No puede adoptarse:

  • 1.º A un descendiente.
  • 2.º A un pariente en segundo grado de la línea colateral por consanguinidad o afinidad (a mis hermanos o a los hermanos de mi esposa).
  • 3.º A un pupilo por su tutor hasta que haya sido aprobada definitivamente la cuenta general justificada de la tutela.

 

– ¿Un hijo adoptado tiene los mismos derechos que un hijo biológico?

– Desde el punto legal, la filiación adoptiva surte los mismos efectos que la filiación natural matrimonial o extramatrimonial, la Constitución impone la protección integral de los hijos, iguales ante la ley con independencia de su filiación. Cuestión distinta es que en materia de filiación, las normas aplicables a los hijos adoptivos no coinciden con las aplicables a los hijos naturales. Por ejemplo, un hijo natural cuyo verdadero padre no es el marido de la madre sino un vecino o un tercero cualquiera, es un hijo que puede impugnar esa paternidad incorrecta y reclamar judicialmente la paternidad de su verdadero padre. En cambio un hijo adoptivo nunca podrá impugnar la paternidad de su padre adoptivo alegando que no lo es de verdad, ni podrá pretender reclamar la paternidad de su padre biológico. El motivo es que la adopción es una ficción jurídica, por la que se crea una relación de filiación en interés del hijo y a sabiendas de su no correspondencia con la verdad biológica. De ahí que no tenga sentido permitir impugnarla en aras de una verdad biológica que no cuenta en este tipo de filiación.

Pero esto no significa que sus derechos sean distintos a los de un hijo natural. Y por eso heredará a sus padres adoptivos y a la familia de éstos de la misma manera que un hijo natural; tiene derecho a llevar sus apellidos de la misma manera que un hijo natural; y tiene derecho de alimentos de la misma manera que un hijo natural.

 

– ¿Deben los padres biológicos renunciar a los derechos sobre su hijo para que se lleve a cabo la adopción?

– Los progenitores biológicos deberán asentir la adopción de su hijo que no se hallare emancipado, siempre y cuando no estuvieran privados de la patria potestad por sentencia firme o incursos en causa legal para tal privación. Es importante que el asentimiento de la madre no podrá prestarse hasta que hayan transcurrido seis semanas desde el parto (antes eran 30 días).

Si los progenitores estuvieran privados de la patria potestad por sentencia firme o incursos en causa legal para tal privación, hay algunos casos en que el asentimiento no es necesario:

  • Cuando los que deban prestarlo se encuentren imposibilitados para ello, imposibilidad que se apreciará motivadamente en la resolución judicial que constituya la adopción.
  • Cuando los progenitores tuvieren suspendida la patria potestad cuando hubieran transcurrido dos años desde la notificación de la declaración de situación de desamparo, sin oposición a la misma o cuando, interpuesta en plazo, hubiera sido desestimada. En este caso, los progenitores deberán ser oídos por el Juez, que dictará lo que estime oportuno.

Otro asunto importante es que en las adopciones que exijan propuesta previa de la autoridad administrativa (no, por ejemplo, si yo adopto al hijo extramatrimonial que tuvo de joven mi actual esposa o al hijo de mi pareja de hecho, adopciones éstas que no necesitan declaración de idoneidad por parte de la autoridad administrativa pues se entiende que es el otro progenitor el más idóneo para valorar esa idoneidad) no se admitirá que el asentimiento de los progenitores se refiera a adoptantes determinados. Esto es, no se da al hijo en adopción a una persona o pareja concreta. No hay un acto transmisivo sobre el propio hijo, del cual los padres no pueden disponer como si fuera una vivienda. El niño queda en una situación tal, que su protección exige a las autoridades promover su entrega en adopción. El interés absolutamente predominante no es ni el de los padres biológicos ni el de los padres adoptantes, sino el del hijo.

Por otro lado, no es correcto hablar de renunciar a los derechos sobre el hijo, porque la filiación es una cuestión de orden público y por tanto indisponible, es decir irrenunciable e intransferible. Yo soy padre y no puedo dejar de serlo por mi mera voluntad. Hay un deber de justicia para con los propios hijos que es inherente a la propia relación de filiación y, por tanto, que no depende de la voluntad de uno u otro.

De todos modos, el propio legislador utiliza esa expresión en la nueva Ley de registro civil. Lo que sucede es que la madre rechaza al hijo y antes que permitir que se lo lleve y lo abandone, con evidente riesgo para el menor, se prefiere aceptar anticipadamente ese rechazo y colocar al menor bajo tutela de la Administración para que sea dado en acogimiento y tal vez más adelante en adopción.

 

– Legalmente, ¿qué diferencia hay entre dar voluntariamente a tu hijo en adopción y que te lo quiten?

– La adopción se concibe como una institución de protección de menores, consistente en proteger a estos de la mejor manera posible y en atención a sus circunstancias. De este modo, cuando la situación de desamparo en que se encuentra el hijo y la inconveniencia o imposibilidad de ser reintegrado a su familia de origen lo aconsejen, podrá iniciarse un procedimiento de adopción que lleve finalmente a una resolución judicial que constituya ese vínculo de filiación.

Es cierto que ha habido excesos y situaciones en que el desamparo inicial de los menores dio paso a procedimientos adoptivos sin tener en cuenta el cambio de actitud de los progenitores y su esfuerzo por recuperarse y volver a estar habilitados para desempeñar su patria potestad. Excesos y abusos que en algún caso extremo condujeron a sentencias de los Tribunales en las que se condenaba severamente a la Administración a indemnizar a la madre biológica por haberle denegado indebidamente el reintegro de sus hijos, que al final terminaron en otra familia. Pero son casos excepcionales.

Es importante señalar que el acogimiento implica ubicar al menor en una familia, darle el entorno del que no podía disfrutar en su relación con los padres biológicos. Pero el acogimiento no consiste en darle unos padres. Es incorrecto hablar de padres acogedores; sí es correcto hablar de familia de acogida. Solo son padres los adoptantes, no los acogedores, por mucho cariño que le cojan al hijo. Y sólo así, por esa diferencia, se entiende que el acogimiento podía ser profesionalizado, a diferencia de la adopción, donde desde luego no cabe remuneración.

 

– ¿Qué se puede hacer cuando alguien de la familia no está de acuerdo con la adopción?

– En cuanto a los abuelos, no es necesario ni su consentimiento, ni su asentimiento, ni tan siquiera darles audiencia. Lo cual es chocante en los casos de mujer viuda que se junta con otro señor, quien pretende adoptar a los hijos de su pareja o esposa. Si esta da el asentimiento, los abuelos paternos dejarán de ser abuelos sin que nadie les pida su parecer. Podrán pedir a lo sumo derecho de visitas en cuanto que allegados de sus ex nietos, ya no serían nietos pues la adopción habrá extinguido el vínculo jurídico de los adoptados con esa rama de su familia de origen: serán nietos biológicos pero no jurídicos.

Respecto a otros familiares, lo lógico es que ante el desamparo de esos niños de su familia, asuman ellos la tutela de los menores para impedir que se inicie el procedimiento que pueda desembocar en una adopción. Si no lo hacen, no podrán alegar nada.

 

– ¿Hay ayudas económicas y bajas paternales tras una adopción o una acogida?

– Sin duda, las consecuencias son prestacionales, laborales e incluso fiscales. Es además una materia fuertemente sujeta a lo dispuesto en diferentes normas autonómicas. Para más información se puede consultar la Guía de Ayudas Sociales y Servicios para las Familias 2016 (pdf.).

 

– ¿Cómo afectan las distintas legislaciones de los países en las adopciones internacionales?

– Afecta mucho en la medida que el rechazo por parte de algunos países de la adopción por personas del mismo sexo y la admisibilidad de la misma en el Derecho español pueden generar una desconfianza hacia las solicitudes de adopción internacional procedentes de España, ante el temor de que una persona pueda individualmente promover la adopción internacional de un menor de edad y que, una vez concedida esta, el menor pueda ser adoptado por la persona del mismo sexo que convive con el adoptante o que se case con él.

Por otra parte, en otros países existen lo que se denominan adopciones simples o no plenas, que no llegan a romper totalmente los vínculos jurídicos con la familia de origen y que no generan vínculo entre el adoptado y la familia biológica del adoptante, es decir, no otorgan al hijo adoptado un nuevo status familiae. Adopciones que desde mediados de los años 80 han desaparecido del Código civil, que concibe la adopción como plena filiación, generadora del estado civil del hijo y de integración plena en la familia del adoptante, con plena desvinculación del hijo respecto de su propia familia. Debido a esto, se plantean problemas de reconocimiento y eficacia en España de adopciones simples internacionales, esto es, constituidas por españoles en el extranjero. Esta cuestión ha sido resuelta por el artículo 30 de la Ley 54/2007 de adopción internacional en su nueva redacción de 2015, admitiendo que puede surtir determinados efectos en España pero que no será objeto de inscripción en el Registro Civil español como adopción ni comportará la adquisición de la nacionalidad española con arreglo al artículo 19 del código Civil.

 

¿Habéis tenido algún problema legal en la adopción? ¿Cómo lo habéis solucionado?

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Acogida, Sin categoría

Acogimiento y otras cuestiones que hay que saber del tema

BELÉN TORRES

A la hora de plantearse la posibilidad de ser una familia de acogida, surgen muchas dudas de distintos ámbitos. Quizás, una de las preguntas más frecuentes es la de cuál es la diferencia entre el acogimiento y la adopción, de la que hemos hablado en entradas anteriores. Sin embargo, hay muchas más. En este post trataremos de dar respuesta algunas de estas cuestiones.

Es frecuente que al hablar de acogimiento, se suele sobreentender que los niños que se ven evocados a entrar en este sistema vienen de hogares con problemas de cualquier índole. Así, lo mejor para ellos es encontrarse en un ambiente estable y, en muchos caso, se tiende a pensar que este es el que está formado por una pareja. Sin embargo, estos no son los únicos que puede ofrecerse para un acogimiento, por tanto:

¿Quién puede ser familiar acogedora?

Esta es una cuestión importante y de fácil respuesta. En principio, cualquier persona o núcleo familiar -matrimonios, parejas o familias monoparentales- que tenga las ganas y la ilusión de ayudar a un, dos o los niños que se pueda.

De todas maneras, aquí en Navarra, tal y como encontramos en la página del Gobierno “cualquier familia puede ser acogedora pero no cualquier familia puede acoger a cualquier menor”.

Así, hay que tener en cuenta una serie de cuestiones para que la unión sea fructífera, tanto por parte de la familia acogedora, como por el niño o niña. Se trata de variables como la edad, la presencia de hermanos o no, las dificultades especiales, la casa, la situación económica, etc.

Las familias de acogida en Navarra debe ser: “individuos o parejas con madurez personal, estables, responsables, con salud física y psíquica, y preferentemente residentes en Navarra, con medios suficientes y disponibilidad de tiempo”.

Quienes se ofrecen para un acogimiento de cualquier tipo deben saber que es importante disponer de tiempo para criar a estos menores, así como la capacidad de trasmitir valores positivos, de crear un entorno en el que se encuentran seguros, estables, apoyados, queridos y respetados.

Otro aspecto importante, y que también recoge la página del Gobierno de Navarra, es que deben aceptar las relaciones de los menores con su familia de origen y el régimen de visitas establecido. Y esto lleva a otra serie de preguntas, estas de ámbito legal.

Para abordar estas cuestiones, hemos acudido a Javier Nanclares, profesor de Derecho Civil de la Universidad de Navarra y con experiencia en estos temas, y a la profesora MªCaridad Velarde, del área de Filosofía del Derecho de la Universidad de Navarra.

Así, de los primeros aspectos que puede preguntarse un padre o madre acogedora es:

Cuando los niños entran en el sistema de acogidas, ¿en qué situación legal se encuentran?

El profesor Nanclares cuenta que el acogimiento, ya sea en familias o centros residenciales, se da cuanto la Entidad pública -las adopciones y acogimientos son una de las competencias propias de cada Comunidad Autónoma- pertinente se hace cargo de los menores y asume, en principio, su tutela administrativa “ya sea por un caso de guardia provisional o guardia temporal”.

Un aspecto muy interesante que trata Nanclares es que en el acogimiento siempre se intentará, en caso de que sea posible y no perjudique al menor, la reintegración en la propia familia. Además, si entran en el sistema de acogida unos hermanos, se buscará hasta encontrar una institución o una persona que tengan la capacidad de mantenerlos unidos.

Aludiendo al artículo 173 del Código Civil, el profesor Nanclares, expone que “el acogimiento familiar produce la plena participación del menor en la vida de familia e impone a quien lo recibe las obligaciones de velar por él, tenerlo en su compañía, alimentarlo, educarlo y procurarle una formación integral en un entorno afectivo. En el caso de menor con discapacidad, deberá continuar con los apoyos especializados que viniera recibiendo o adoptar otros más adecuados a sus necesidades.” Y continúa diciendo que “se trata de integrarlo en una familia a todos los efectos, de darle lo que no tenía, pero sin generar vínculos de filiación con los acogedores”.

De esta manera, no hay que olvidar que, en principio, lo que se intenta siempre es que los niños estén con su familia biológica directa. Tanto es así que la profesora Caridad Velarde comentó que en países de religión islámica no están permitidas las adopciones, que lo máximo a lo que se aspira es a los acogimientos, se pueden “prohijar”. Por poner un ejemplo, en el caso de el fallecimiento del matrimonio, los hijos pasarían a un acogimiento por parte de sus tíos, pero nunca podrían ser adoptados por estos últimos.

El sistema siempre intenta velar por la unión de los núcleos familiares biológicos, pero no es posible en todos los casos. Hay situaciones que requiere de la intervención de un ente ajeno a la familia para mejorar la situación de los menores de edad. Sin embargo, a pesar de que estos dejen de vivir con sus padres biológicos, se busca que mantengan el contacto con ellos, de ahí surge lo que se llama “régimen de visita”. Este consiste en el derecho que tienen los padres de visitar y estar con sus hijos, una vez que no tienen la guardia y la custodia de los mismos.

Así pues, la pregunta que se plantea es:

¿Cómo se establece el régimen de visitas entre los niños en acogimiento y los padres biológicos?

El profesor Javier Nanclares responde acudiendo a la constitución y dice que es la Entidad Pública del territorio, a la que se le había encomendado la protección del menor, la que regulará las visitas. Cabe destacar, como indica Nanclares, que el régimen de visita no es solo con los padres biológicos, sino que también atiende a las visitas con los abuelos, hermanos u otros parientes y allegadores de los menores.

Además, si hay motivos, estas visitas se pueden suspender de forma temporal si las partes están de acuerdo y el menor tiene suficiente madurez para decidirlo y más de 12 años.

Solo en caso de que la Entidad Pública no consiguiese poner de acuerdo a las partes, un juez intervendría para solucionar la disconformidad y establecer un calendario de visitas.

Uno de los aspectos más interesantes que explica Javier Nanclares, de Derecho Civil, y que está relacionado con la noticia que motivó el nacimiento de este blog, y es que “el régimen de visitas y relaciones con la familia de origen se suspenderá, salvo que el interés del menor demande lo contrario, en caso de iniciarse por decisión de la entidad pública una guarda con fines de adopción, lo que el artículo. 176 bis.2 llama una convivencia preadoptiva”.

Uniendo las dos cuestiones anteriores, las que tratan sobre la situación legal de los menores y de la relación entre la familia biológica y la de acogida, aparecen otras preguntas:

Mientras los niños están con la familia acogedora, ¿qué derechos tiene su familia biológica sobre ellos?

El profesor de Derecho Civil de la Universidad de Navarra habla de que “básicamente el derecho de visitas y de comunicación en los términos que establezca la Entidad pública que decreta la medida de guarda”. Continúa diciendo Javier Nanclares que la familia biológica cuenta también con “el derecho a que esa situación de guarda y el régimen de visitas sean objeto de revisión al menos cada seis meses, según el artículo 172 del Código Civil”.

Pero no solo es, también hay que saber:

¿Cuáles son los derechos de la familia acogedora sobre el menor?

Aquí el profesor Nanclares expresa que la familia acogedora “asume obligaciones y no adquiere propiamente derechos sobre el menor”. Insiste en que “como figura presidida por la idea de desempeño de una función, se ejercita en beneficio del menor acogido: se trata de facultades que se actúan en interés de éste. Pero, por poner un ejemplo, si fallece el menor, el acogido tiene derechos en su sucesión intestada”.

Como recoge esta página sobre derecho, la sucesión intestada es aquella que sucede cuando hay un fallecimiento sin testamento o con su invalidez. Así, ante la inexistencia de heredero, la ley designa uno por defecto. Suele ser basado en relaciones de consanguinidad y afinidad, sino hay que seguir el orden de: descendiente, ascendientes, cónyuges, colaterales y, por último, el Estado.

Una vez se formaliza el acogimiento y la familia ya tiene al niño -o a los niños- con ellos, ¿qué ocurre? Aquí se entra en una fase de seguimiento por parte del órgano concreto que lleve el tema de las acogidas. El seguimiento consiste en mantener encuentros periódicos con los profesionales encargados del caso del niño o niña en cuestión. Se hace con el fin de conocer cómo está llevando el pequeño la situación, así como la propia familia. Además, estos profesionales son también los que van informando, de forma periódica, a la familia biológica. En Navarra, este seguimiento se hace por parte del Instituto Navarro para la familia y la Igualdad, tal como expone esta páginaasegura, además, que mientras dure el acogimiento, la familia acogedora cuenta con el apoyo de un equipo técnico.

Y de aquí se deriva otra de las preguntas,

¿Qué apoyo reciben los acogedores?

En la página mencionada más arriba se expone que “el acogimiento entraña obligaciones y dificultades derivadas de las necesidades y características del menor, así como de la relaciones con sus padres”. Por ese motivo, es importante que se forme a las familias acogedoras, se les oriente y asesore para facilitar la integración del niño en la nueva familia. Para ser más concretos, estas familias reciben, tal como dice la página del Gobierno, ayudas económicas mensuales para hacer frente a los gastos.

Además, y como también comenta el profesor de Derecho Civil Javier Nanclares, y que hemos podido comprobar en esta Guía de Ayudas Sociales y Servicios para las Familias 2016existe la posibilidad de que los padres acogedores -ya sean parejas o familias monoparentales- puedan cogerse bajas maternales/paternales o, incluso, excedencias.

En el caso de una baja maternal para un acogimiento vemos que, según la Guía, este dura: “16 semanas interrumpidas, ampliables en 2 semanas más por cada hijo o menor, a partir del segundo, si se trata de una adopción o acogimiento múltiple. Asimismo, se amplía dos semanas en caso de discapacidad del menor adoptado o acogido”. Además de eso, cabe la posibilidad de repartirse el tiempo de la baja en caso de que ambos padres trabajen y que “sean periodos de tiempo sin interrupción y que no sumen más de 16 semanas o de las que correspondan en caso de adopción o acogimiento múltiple”. Se da en caso de que el menor no tenga más de 6 años, o en el caso de que sea menor de edad (18 años) y tenga una dificultad especial para adaptarse al nuevo entorno familiar, física, psicológica o de otra índole.

Por otro lado, durante las primeras 6 semanas es posible recibir un subsidio de maternidad especial por cada hijo, en el caso del acogimiento múltiple. Este se empieza a cobrar a partir del día de la resolución de la acogida.

En el caso de una baja paternal para un acogimiento el empleado tiene derecho a 13 días ininterrumpidos, con posibilidad de ampliar en 2 días por cada hijo, a partir del segundo. Además será un permiso de 20 días en el caso de que el acogimiento se haga en una familia numerosa, cuando la familia se vuelva numerosa por ese acogimiento o cuando el menor posea una discapacidad.

Además de esto, existe la posibilidad -explícita en la guía citada anteriormente- de pedir una excedencia por “cuidado de hijos o menores acogidos”. La excedencia es “el permiso a que tiene derecho el/la trabajador/a durante un período de tiempo pero sin derecho a seguir recibiendo el salario que venía cobrando”. El permiso puede ser de un máximo de 3 años y se puede coger desde el momento en que se tenga la resolución del acogimiento.

Como ya se explicó en una entrada anterior el acogimiento puede ser de diversa índole, y tener una duración imprecisa. Sin embargo, el acogimiento sí que puede terminarse, según el Gobierno de Navarra por distintos motivos como

-1. El retorno con su familia biológica, -2. Si el menor no consigue adaptarse al entorno de la familia, o viceversa, y se busca una solución más acertada y -3. Cuando el menor de edad cumple 18 años.

De aquí, se derivan otras dos preguntas

Una vez termina el acogimiento, ¿se puede tener relación con el niño o niña acogido?

Todo depende de las circunstancias. Si el acogimiento acaba porque el pequeño vuelve con su familia biológica, todo depende de esta. En el caso de que se finalice por la inexistencia de sintonía entre el menor y la familia, es improbable que haya contacto entre ambos posteriormente. Si se da el punto 3, el profesor Nanclares responde que “como es natural, dejan de ser niños. Adquieren plena capacidad de obrar para todos los actos de la vida civil. Esto significa que se extingue el acogimiento (artículo 173. 4 letra d/). Sus padres seguirán siéndolo quienes lo sean y del mismo modo que un menor no sometido a acogimiento se libera de la patria potestad de sus padre o de la tutela ordinaria (de sus tíos, por ejemplo, al haber muerto ambos padres) al cumplir los 18 años, los menores sometidos a acogimiento se verán libres de la guarda administrativa”. Es decir, la decisión de mantener el contacto o no con quienes hayan sido sus padres de acogida, es suya.

La situación de acogimiento es delicada y siempre surgen dudas, tanto para quienes plantearse ser familia acogedora, como para quienes sienten interés por el tema y se ponen a reflexionar sobre él. Aquí dejamos algunas de las preguntas que se nos plantearon a raíz de profundizar en el tema.

¿Qué preguntas os surgen a vosotros sobre acogimiento?

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Acogida, Sin categoría

Carlota Gutiérrez: “El papel del maestro es fundamental porque es como un mediador”

BELÉN TORRES

Ya en la entrada anterior hemos visto que los niños adoptados pueden tener ciertos problemas escolares debido a la situación en la que se encuentran. Tal como escribía Patricia, “los traumas que han sufrido a lo largo de su vida, como la falta del vínculo materno, por ejemplo, hacen que presenten dificultades que se trasladan de casa a la escuela”.

En el caso de los niños de acogida, la situación es la misma o incluso peor. Cabe recordar que muchos de estos pequeños sí conocen a sus padres, saben que no están con ellos pero no acaban de saber por qué no están viviendo con quienes le dieron la vida. Es una situación muy compleja, a veces incomprensible para ellos, que les afecta en todas los ámbitos de su vida, como en el colegio. Muchos de estos niños tienen problemas de aprendizaje y los profesores tienen un papel fundamental para detectarlos y para ayudar a los pequeños en todo lo que necesiten, intentando que su rendimiento académico pueda ir mejorando poco a poco.

Tizas de colores. Imagen de Pixabay libre de derechoos.

Tizas de colores. Imagen de Pixabay libre de derechos.

Carlota Gutiérrez es profesora de Educación Infantil y sabe que el papel del maestro es primordial: “es fundamental porque es como un mediador”. Y continúa explicando que “el maestro es una persona muy cercana al niño pero fuera de su círculo familiar. De esta manera, es una persona con la que el crío puede abrirse, sentirse seguro y querido fuera de su hogar. Esto hace que pueda contarle cosas a su profesor”. Aun así, sabe que muchos de estos niños no saben cómo exteriorizar lo que sienten y, por ese motivo, continúa diciendo que el maestro es un mediador “porque ayuda al niño a mediar con él mismo y con sus sentimientos”. Esta joven maestra dice que un buen método para identificar cómo se siente el crío es formulándole preguntas y haciendo de guía en una conversación. De esta manera, se obliga al pequeño a reflexionar y a pensar por él mismo, ya que esto “le ayuda a encontrar el camino de lo que pasa y a cómo solucionarlo”.

Atender a los comportamientos 

Carlota Gutiérrez sabe que hay que fijarse mucho en los comportamientos de los pequeños y pararse a conocerlos antes de etiquetarlos. Aboga por que no se caiga en “el estereotipo de «este niño es un trasto, demasiado inquieto» o «este niño es demasiado infantil»”. Gutiérrez comenta que estos niños muchas veces “se comportan de forma rebelde con el mundo porque a cortas edades no son capaces de sobrellevar los sentimientos, ni desahogarse, ni explicarse. Esto se traduce normalmente en frustración o rabia derivada de la impotencia que los niños sienten por no poder mostrar lo que les pasa”. Insiste en esta idea: “es algo así como que buscan ayuda para resolver sus conflictos pero no son capaces de comprenderlos o pedir esa ayuda que necesitan. Entonces, intentan atraer la atención del adulto de la forma que saben”. Así, continúa diciendo que esa incapacidad de comunicar cómo se sienten acaba en situaciones, llamadas de atención, como “poner voz de bebé o hacer el tonto y, de esa manera, se relajan e inconscientemente ralentizan su aprendizaje y se quedan atrás del resto del grupo”.

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Ilustración de unos niños en el aula de 3:19 en Flickr

Carlota Gutiérrez sabe que hay que tener cuidado con eso porque “quedarse por detrás del grupo, seguro que a la larga le haría sentirse «tontos» y si no se soluciona podría acabar en problemas de autoestima”. Por eso, insiste mucho en que “es imprescindible que el maestro, cuando vea un mal comportamiento o un forma de actuar fuera de lugar, como sería el caso de un niño que se hace el bebé, vaya más allá de la primera intención del crío. Tiene que dedicarse a conocerlo, hasta llegar a la raíz del «problema que hay que solucionar»”.

Lo más importante para ella es la respuesta del profesor ante estos comportamientos o situaciones. Aboga por la importancia de no caer en comportamientos que denomina “negativos” como decirle directamente a un niño “esto está mal”. Lo cree así porque “si el pequeño ya tiene su dilema interno, le sumamos la presión de que piense que no está haciendo las cosas bien y encima eso le haga sentirse peor”. Carlota Gutiérrez también exclama que hay que tener cuidado y “nunca ridiculizarlo ante el aula con el típico «¿habéis visto lo mal que ha hecho esto Mario?, ¿A que veis que está mal? Pues esto no lo tenemos que hacer.» En lugar de esto, ella cree que habría que, por ejemplo, poner al niño delante de toda la clase y decir algo como «Mario hoy ha aprendido una cosa que no se debe hacer y la quiere explicar para que todos también la aprendamos»”. Siempre hay que tener especial cuidado con niños en situaciones como una acogida o una adopción, la educación debe ser en positivo.

Además de eso, la joven maestra cree que el profesor es un mediador porque “habla con los padres y puede tener tutorías donde les explica cómo ve a su hijo y qué siente este. También puede sugerir -e insiste en solo sugerir- formas de hablar con el pequeño o cosas que hacer para ayudar”. Carlota Gutiérrez también es consciente de que, en muchas ocasiones, cuando se sabe que los problemas de estos niños están motivados de una situación como un acogimiento, son derivados a gabinetes psicológicos, aunque los maestros siempre intentan ayudar en todo lo que pueden.

¿Estáis de acuerdo con la descripción de lo que un maestro debería hacer que explicamos aquí? 

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Adopción, Sin categoría

Elisa Sagredo: “La clave está en la comunicación entre el colegio y la familia”

PATRICIA ZARRALUQUI

La situación en la que se encuentran los niños adoptados puede marcar también su adaptación escolar. Los traumas que han sufrido a lo largo de su vida, como la falta del vínculo materno, por ejemplo, hacen que presenten dificultades que se trasladan de casa a la escuela.

Elisa Sagredo, profesora de Educación Primaria, nos ha contado las principales dificultades que pueden presentar estos niños, como les explicó en una clase que recibió en la Universidad Isabel Azcona.

“Por lo general, son niños que pueden presentar menos habilidades motrices, de comprensión o de comunicación“, dice Elisa Sagredo, “a esto se suman las dificultades de autorregulación, vinculación y expresión de las emociones, así como problemas de autoestima“.

Estos niños carecen del vínculo materno, lo que conlleva distintos trastornos relacionados con las emociones y con la percepción de sí mismos, “pueden terminar por no sentir”, afirma Elisa. Esto complica su inserción en la escuela y requiere una atención especial por parte de los profesores, ya que estos niños son más propensos a mostrar una falta de autocontrol y una baja tolerancia a la frustración. “Existen dificultades en el establecimiento de normas, ya que no han tenido hasta ese momento alguien que les explique la realidad y no la comprenden, no son capaces en muchas ocasiones de comprender las emociones de otros niños, lo que les impide entender bromas y dobles sentidos, así como resolver conflictos”, explica Elisa Sagredo.

Es muy común que sean niños con miedo a los cambios, debido a las situaciones complejas por las que se han visto obligados a pasar. “Son niños que intentan controlar a las personas y las situaciones para que no se produzcan imprevistos. Para intentar ayudarlos hay que explicarles de antemano qué es lo que va a pasar y cómo van a suceder las cosas”, cuenta Elisa.

¿Cómo afecta en el colegio?

En cuanto a los procesos de aprendizaje, es habitual que tengan carencias como déficit de atención, falta de concentración o de rendimiento. “Tienen la cabeza en otras cosas y experimentan avances, estancamientos e incluso retrocesos o regresiones”. Elisa Sagredo explica que muchas de las dificultades aumentan con la adolescencia, ya que se vuelven más inseguros y la incertidumbre acerca de su pasado y la búsqueda de su origen crecen significativamente.

Es preferible que desde la llegada de los niños a la nueva familia, la incorporación a la escuela se haga de una forma tardía, parcial, progresiva y flexible. “Lo primero que hay que hacer es asegurarse de que el niño está bien dentro de la familia, establecer ese nuevo vínculo, y después incorporarlos al aula”.

Los profesores tienen que tener constancia de los problemas que pueden presentar los niños y actuar de la mejor manera posible. Foto: Pixabay https://pixabay.com/es/matem%C3%A1ticas-pizarra-la-educaci%C3%B3n-1547018/

Los profesores tienen que tener constancia de los problemas que pueden presentar los niños y actuar de la mejor manera posible. Foto: Pixapopz en Pixabay.

Comunicación como base

“La clave de una buena escolarización de los niños adoptados está en la comunicación entre el colegio y las familias. Hay que colaborar para poder comprender las dificultades del niño. La familia tendrá que comunicar las circunstancias significativas de la adopción y explicar qué es lo que sabe el niño. Por su parte, los profesores tendremos que comprender la preocupación de los padres”, afirma Elisa. “Sin embargo, es nuestra tarea formarnos lo mejor que podamos, ya que en la universidad nos dan unas nociones muy básicas, insuficientes para enfrentarnos a los casos reales”.

Buscar soluciones, no crear problemas

Desde el colegio hay que intentar buscar soluciones en cuanto al proceso de aprendizaje. En primer lugar, como explica Elisa Sagredo, hay que rebajar las expectativas y las exigencias, así como dirigirlos y recordarles las cosas sin esperar muchas iniciativas por su parte. Por otro lado, no hay que exigirles mucha autonomía en retos o tareas normales para su edad, sino que hay que facilitarles la petición de la agenda y no presuponer que han comprendido. Hay que mandarles pocas tareas y apuntarles al menor número de actividades extraescolares posibles. Todo esto se tiene que complementar con valoraciones y alabanzas constantes para que puedan sentir la experiencia del éxito y del reconocimiento que pocas veces han experimentado en su vida anterior.

Dentro del aula “hay que realizar actividades inclusivas que les hagan sentirse parte del grupo, viendo que comparten muchas cosas con otros niños; por ejemplo, que se abracen los que son del Madrid, los que viven en el mismo barrio, los que son morenos, etc.”, cuenta Elisa. De esta forma se consigue normalizar la situación acentuando los parecidos y haciendo que todos acepten las diferencias, pero sin negarlas, respetando su historia, sus orígenes o su condición de niño adoptado. “Hay que hablar a los niños de los diferentes tipos de familias que existen en la actualidad y animarles a ser como son, a la vez que se les protege de bromas, agresiones y provocaciones”, concluye Elisa Sagredo.

¿Cuál ha sido vuestra experiencia en la escolarización? ¿Cómo ha respondido el colegio?

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