Acogida, Sin categoría

Acogimiento y otras cuestiones que hay que saber del tema

BELÉN TORRES

A la hora de plantearse la posibilidad de ser una familia de acogida, surgen muchas dudas de distintos ámbitos. Quizás, una de las preguntas más frecuentes es la de cuál es la diferencia entre el acogimiento y la adopción, de la que hemos hablado en entradas anteriores. Sin embargo, hay muchas más. En este post trataremos de dar respuesta algunas de estas cuestiones.

Es frecuente que al hablar de acogimiento, se suele sobreentender que los niños que se ven evocados a entrar en este sistema vienen de hogares con problemas de cualquier índole. Así, lo mejor para ellos es encontrarse en un ambiente estable y, en muchos caso, se tiende a pensar que este es el que está formado por una pareja. Sin embargo, estos no son los únicos que puede ofrecerse para un acogimiento, por tanto:

¿Quién puede ser familiar acogedora?

Esta es una cuestión importante y de fácil respuesta. En principio, cualquier persona o núcleo familiar -matrimonios, parejas o familias monoparentales- que tenga las ganas y la ilusión de ayudar a un, dos o los niños que se pueda.

De todas maneras, aquí en Navarra, tal y como encontramos en la página del Gobierno “cualquier familia puede ser acogedora pero no cualquier familia puede acoger a cualquier menor”.

Así, hay que tener en cuenta una serie de cuestiones para que la unión sea fructífera, tanto por parte de la familia acogedora, como por el niño o niña. Se trata de variables como la edad, la presencia de hermanos o no, las dificultades especiales, la casa, la situación económica, etc.

Las familias de acogida en Navarra debe ser: “individuos o parejas con madurez personal, estables, responsables, con salud física y psíquica, y preferentemente residentes en Navarra, con medios suficientes y disponibilidad de tiempo”.

Quienes se ofrecen para un acogimiento de cualquier tipo deben saber que es importante disponer de tiempo para criar a estos menores, así como la capacidad de trasmitir valores positivos, de crear un entorno en el que se encuentran seguros, estables, apoyados, queridos y respetados.

Otro aspecto importante, y que también recoge la página del Gobierno de Navarra, es que deben aceptar las relaciones de los menores con su familia de origen y el régimen de visitas establecido. Y esto lleva a otra serie de preguntas, estas de ámbito legal.

Para abordar estas cuestiones, hemos acudido a Javier Nanclares, profesor de Derecho Civil de la Universidad de Navarra y con experiencia en estos temas, y a la profesora MªCaridad Velarde, del área de Filosofía del Derecho de la Universidad de Navarra.

Así, de los primeros aspectos que puede preguntarse un padre o madre acogedora es:

Cuando los niños entran en el sistema de acogidas, ¿en qué situación legal se encuentran?

El profesor Nanclares cuenta que el acogimiento, ya sea en familias o centros residenciales, se da cuanto la Entidad pública -las adopciones y acogimientos son una de las competencias propias de cada Comunidad Autónoma- pertinente se hace cargo de los menores y asume, en principio, su tutela administrativa “ya sea por un caso de guardia provisional o guardia temporal”.

Un aspecto muy interesante que trata Nanclares es que en el acogimiento siempre se intentará, en caso de que sea posible y no perjudique al menor, la reintegración en la propia familia. Además, si entran en el sistema de acogida unos hermanos, se buscará hasta encontrar una institución o una persona que tengan la capacidad de mantenerlos unidos.

Aludiendo al artículo 173 del Código Civil, el profesor Nanclares, expone que “el acogimiento familiar produce la plena participación del menor en la vida de familia e impone a quien lo recibe las obligaciones de velar por él, tenerlo en su compañía, alimentarlo, educarlo y procurarle una formación integral en un entorno afectivo. En el caso de menor con discapacidad, deberá continuar con los apoyos especializados que viniera recibiendo o adoptar otros más adecuados a sus necesidades.” Y continúa diciendo que “se trata de integrarlo en una familia a todos los efectos, de darle lo que no tenía, pero sin generar vínculos de filiación con los acogedores”.

De esta manera, no hay que olvidar que, en principio, lo que se intenta siempre es que los niños estén con su familia biológica directa. Tanto es así que la profesora Caridad Velarde comentó que en países de religión islámica no están permitidas las adopciones, que lo máximo a lo que se aspira es a los acogimientos, se pueden “prohijar”. Por poner un ejemplo, en el caso de el fallecimiento del matrimonio, los hijos pasarían a un acogimiento por parte de sus tíos, pero nunca podrían ser adoptados por estos últimos.

El sistema siempre intenta velar por la unión de los núcleos familiares biológicos, pero no es posible en todos los casos. Hay situaciones que requiere de la intervención de un ente ajeno a la familia para mejorar la situación de los menores de edad. Sin embargo, a pesar de que estos dejen de vivir con sus padres biológicos, se busca que mantengan el contacto con ellos, de ahí surge lo que se llama “régimen de visita”. Este consiste en el derecho que tienen los padres de visitar y estar con sus hijos, una vez que no tienen la guardia y la custodia de los mismos.

Así pues, la pregunta que se plantea es:

¿Cómo se establece el régimen de visitas entre los niños en acogimiento y los padres biológicos?

El profesor Javier Nanclares responde acudiendo a la constitución y dice que es la Entidad Pública del territorio, a la que se le había encomendado la protección del menor, la que regulará las visitas. Cabe destacar, como indica Nanclares, que el régimen de visita no es solo con los padres biológicos, sino que también atiende a las visitas con los abuelos, hermanos u otros parientes y allegadores de los menores.

Además, si hay motivos, estas visitas se pueden suspender de forma temporal si las partes están de acuerdo y el menor tiene suficiente madurez para decidirlo y más de 12 años.

Solo en caso de que la Entidad Pública no consiguiese poner de acuerdo a las partes, un juez intervendría para solucionar la disconformidad y establecer un calendario de visitas.

Uno de los aspectos más interesantes que explica Javier Nanclares, de Derecho Civil, y que está relacionado con la noticia que motivó el nacimiento de este blog, y es que “el régimen de visitas y relaciones con la familia de origen se suspenderá, salvo que el interés del menor demande lo contrario, en caso de iniciarse por decisión de la entidad pública una guarda con fines de adopción, lo que el artículo. 176 bis.2 llama una convivencia preadoptiva”.

Uniendo las dos cuestiones anteriores, las que tratan sobre la situación legal de los menores y de la relación entre la familia biológica y la de acogida, aparecen otras preguntas:

Mientras los niños están con la familia acogedora, ¿qué derechos tiene su familia biológica sobre ellos?

El profesor de Derecho Civil de la Universidad de Navarra habla de que “básicamente el derecho de visitas y de comunicación en los términos que establezca la Entidad pública que decreta la medida de guarda”. Continúa diciendo Javier Nanclares que la familia biológica cuenta también con “el derecho a que esa situación de guarda y el régimen de visitas sean objeto de revisión al menos cada seis meses, según el artículo 172 del Código Civil”.

Pero no solo es, también hay que saber:

¿Cuáles son los derechos de la familia acogedora sobre el menor?

Aquí el profesor Nanclares expresa que la familia acogedora “asume obligaciones y no adquiere propiamente derechos sobre el menor”. Insiste en que “como figura presidida por la idea de desempeño de una función, se ejercita en beneficio del menor acogido: se trata de facultades que se actúan en interés de éste. Pero, por poner un ejemplo, si fallece el menor, el acogido tiene derechos en su sucesión intestada”.

Como recoge esta página sobre derecho, la sucesión intestada es aquella que sucede cuando hay un fallecimiento sin testamento o con su invalidez. Así, ante la inexistencia de heredero, la ley designa uno por defecto. Suele ser basado en relaciones de consanguinidad y afinidad, sino hay que seguir el orden de: descendiente, ascendientes, cónyuges, colaterales y, por último, el Estado.

Una vez se formaliza el acogimiento y la familia ya tiene al niño -o a los niños- con ellos, ¿qué ocurre? Aquí se entra en una fase de seguimiento por parte del órgano concreto que lleve el tema de las acogidas. El seguimiento consiste en mantener encuentros periódicos con los profesionales encargados del caso del niño o niña en cuestión. Se hace con el fin de conocer cómo está llevando el pequeño la situación, así como la propia familia. Además, estos profesionales son también los que van informando, de forma periódica, a la familia biológica. En Navarra, este seguimiento se hace por parte del Instituto Navarro para la familia y la Igualdad, tal como expone esta páginaasegura, además, que mientras dure el acogimiento, la familia acogedora cuenta con el apoyo de un equipo técnico.

Y de aquí se deriva otra de las preguntas,

¿Qué apoyo reciben los acogedores?

En la página mencionada más arriba se expone que “el acogimiento entraña obligaciones y dificultades derivadas de las necesidades y características del menor, así como de la relaciones con sus padres”. Por ese motivo, es importante que se forme a las familias acogedoras, se les oriente y asesore para facilitar la integración del niño en la nueva familia. Para ser más concretos, estas familias reciben, tal como dice la página del Gobierno, ayudas económicas mensuales para hacer frente a los gastos.

Además, y como también comenta el profesor de Derecho Civil Javier Nanclares, y que hemos podido comprobar en esta Guía de Ayudas Sociales y Servicios para las Familias 2016existe la posibilidad de que los padres acogedores -ya sean parejas o familias monoparentales- puedan cogerse bajas maternales/paternales o, incluso, excedencias.

En el caso de una baja maternal para un acogimiento vemos que, según la Guía, este dura: “16 semanas interrumpidas, ampliables en 2 semanas más por cada hijo o menor, a partir del segundo, si se trata de una adopción o acogimiento múltiple. Asimismo, se amplía dos semanas en caso de discapacidad del menor adoptado o acogido”. Además de eso, cabe la posibilidad de repartirse el tiempo de la baja en caso de que ambos padres trabajen y que “sean periodos de tiempo sin interrupción y que no sumen más de 16 semanas o de las que correspondan en caso de adopción o acogimiento múltiple”. Se da en caso de que el menor no tenga más de 6 años, o en el caso de que sea menor de edad (18 años) y tenga una dificultad especial para adaptarse al nuevo entorno familiar, física, psicológica o de otra índole.

Por otro lado, durante las primeras 6 semanas es posible recibir un subsidio de maternidad especial por cada hijo, en el caso del acogimiento múltiple. Este se empieza a cobrar a partir del día de la resolución de la acogida.

En el caso de una baja paternal para un acogimiento el empleado tiene derecho a 13 días ininterrumpidos, con posibilidad de ampliar en 2 días por cada hijo, a partir del segundo. Además será un permiso de 20 días en el caso de que el acogimiento se haga en una familia numerosa, cuando la familia se vuelva numerosa por ese acogimiento o cuando el menor posea una discapacidad.

Además de esto, existe la posibilidad -explícita en la guía citada anteriormente- de pedir una excedencia por “cuidado de hijos o menores acogidos”. La excedencia es “el permiso a que tiene derecho el/la trabajador/a durante un período de tiempo pero sin derecho a seguir recibiendo el salario que venía cobrando”. El permiso puede ser de un máximo de 3 años y se puede coger desde el momento en que se tenga la resolución del acogimiento.

Como ya se explicó en una entrada anterior el acogimiento puede ser de diversa índole, y tener una duración imprecisa. Sin embargo, el acogimiento sí que puede terminarse, según el Gobierno de Navarra por distintos motivos como

-1. El retorno con su familia biológica, -2. Si el menor no consigue adaptarse al entorno de la familia, o viceversa, y se busca una solución más acertada y -3. Cuando el menor de edad cumple 18 años.

De aquí, se derivan otras dos preguntas

Una vez termina el acogimiento, ¿se puede tener relación con el niño o niña acogido?

Todo depende de las circunstancias. Si el acogimiento acaba porque el pequeño vuelve con su familia biológica, todo depende de esta. En el caso de que se finalice por la inexistencia de sintonía entre el menor y la familia, es improbable que haya contacto entre ambos posteriormente. Si se da el punto 3, el profesor Nanclares responde que “como es natural, dejan de ser niños. Adquieren plena capacidad de obrar para todos los actos de la vida civil. Esto significa que se extingue el acogimiento (artículo 173. 4 letra d/). Sus padres seguirán siéndolo quienes lo sean y del mismo modo que un menor no sometido a acogimiento se libera de la patria potestad de sus padre o de la tutela ordinaria (de sus tíos, por ejemplo, al haber muerto ambos padres) al cumplir los 18 años, los menores sometidos a acogimiento se verán libres de la guarda administrativa”. Es decir, la decisión de mantener el contacto o no con quienes hayan sido sus padres de acogida, es suya.

La situación de acogimiento es delicada y siempre surgen dudas, tanto para quienes plantearse ser familia acogedora, como para quienes sienten interés por el tema y se ponen a reflexionar sobre él. Aquí dejamos algunas de las preguntas que se nos plantearon a raíz de profundizar en el tema.

¿Qué preguntas os surgen a vosotros sobre acogimiento?

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Acogida, Sin categoría

Carlota Gutiérrez: “El papel del maestro es fundamental porque es como un mediador”

BELÉN TORRES

Ya en la entrada anterior hemos visto que los niños adoptados pueden tener ciertos problemas escolares debido a la situación en la que se encuentran. Tal como escribía Patricia, “los traumas que han sufrido a lo largo de su vida, como la falta del vínculo materno, por ejemplo, hacen que presenten dificultades que se trasladan de casa a la escuela”.

En el caso de los niños de acogida, la situación es la misma o incluso peor. Cabe recordar que muchos de estos pequeños sí conocen a sus padres, saben que no están con ellos pero no acaban de saber por qué no están viviendo con quienes le dieron la vida. Es una situación muy compleja, a veces incomprensible para ellos, que les afecta en todas los ámbitos de su vida, como en el colegio. Muchos de estos niños tienen problemas de aprendizaje y los profesores tienen un papel fundamental para detectarlos y para ayudar a los pequeños en todo lo que necesiten, intentando que su rendimiento académico pueda ir mejorando poco a poco.

Tizas de colores. Imagen de Pixabay libre de derechoos.

Tizas de colores. Imagen de Pixabay libre de derechos.

Carlota Gutiérrez es profesora de Educación Infantil y sabe que el papel del maestro es primordial: “es fundamental porque es como un mediador”. Y continúa explicando que “el maestro es una persona muy cercana al niño pero fuera de su círculo familiar. De esta manera, es una persona con la que el crío puede abrirse, sentirse seguro y querido fuera de su hogar. Esto hace que pueda contarle cosas a su profesor”. Aun así, sabe que muchos de estos niños no saben cómo exteriorizar lo que sienten y, por ese motivo, continúa diciendo que el maestro es un mediador “porque ayuda al niño a mediar con él mismo y con sus sentimientos”. Esta joven maestra dice que un buen método para identificar cómo se siente el crío es formulándole preguntas y haciendo de guía en una conversación. De esta manera, se obliga al pequeño a reflexionar y a pensar por él mismo, ya que esto “le ayuda a encontrar el camino de lo que pasa y a cómo solucionarlo”.

Atender a los comportamientos 

Carlota Gutiérrez sabe que hay que fijarse mucho en los comportamientos de los pequeños y pararse a conocerlos antes de etiquetarlos. Aboga por que no se caiga en “el estereotipo de «este niño es un trasto, demasiado inquieto» o «este niño es demasiado infantil»”. Gutiérrez comenta que estos niños muchas veces “se comportan de forma rebelde con el mundo porque a cortas edades no son capaces de sobrellevar los sentimientos, ni desahogarse, ni explicarse. Esto se traduce normalmente en frustración o rabia derivada de la impotencia que los niños sienten por no poder mostrar lo que les pasa”. Insiste en esta idea: “es algo así como que buscan ayuda para resolver sus conflictos pero no son capaces de comprenderlos o pedir esa ayuda que necesitan. Entonces, intentan atraer la atención del adulto de la forma que saben”. Así, continúa diciendo que esa incapacidad de comunicar cómo se sienten acaba en situaciones, llamadas de atención, como “poner voz de bebé o hacer el tonto y, de esa manera, se relajan e inconscientemente ralentizan su aprendizaje y se quedan atrás del resto del grupo”.

foto_carlota

Ilustración de unos niños en el aula de 3:19 en Flickr

Carlota Gutiérrez sabe que hay que tener cuidado con eso porque “quedarse por detrás del grupo, seguro que a la larga le haría sentirse «tontos» y si no se soluciona podría acabar en problemas de autoestima”. Por eso, insiste mucho en que “es imprescindible que el maestro, cuando vea un mal comportamiento o un forma de actuar fuera de lugar, como sería el caso de un niño que se hace el bebé, vaya más allá de la primera intención del crío. Tiene que dedicarse a conocerlo, hasta llegar a la raíz del «problema que hay que solucionar»”.

Lo más importante para ella es la respuesta del profesor ante estos comportamientos o situaciones. Aboga por la importancia de no caer en comportamientos que denomina “negativos” como decirle directamente a un niño “esto está mal”. Lo cree así porque “si el pequeño ya tiene su dilema interno, le sumamos la presión de que piense que no está haciendo las cosas bien y encima eso le haga sentirse peor”. Carlota Gutiérrez también exclama que hay que tener cuidado y “nunca ridiculizarlo ante el aula con el típico «¿habéis visto lo mal que ha hecho esto Mario?, ¿A que veis que está mal? Pues esto no lo tenemos que hacer.» En lugar de esto, ella cree que habría que, por ejemplo, poner al niño delante de toda la clase y decir algo como «Mario hoy ha aprendido una cosa que no se debe hacer y la quiere explicar para que todos también la aprendamos»”. Siempre hay que tener especial cuidado con niños en situaciones como una acogida o una adopción, la educación debe ser en positivo.

Además de eso, la joven maestra cree que el profesor es un mediador porque “habla con los padres y puede tener tutorías donde les explica cómo ve a su hijo y qué siente este. También puede sugerir -e insiste en solo sugerir- formas de hablar con el pequeño o cosas que hacer para ayudar”. Carlota Gutiérrez también es consciente de que, en muchas ocasiones, cuando se sabe que los problemas de estos niños están motivados de una situación como un acogimiento, son derivados a gabinetes psicológicos, aunque los maestros siempre intentan ayudar en todo lo que pueden.

¿Estáis de acuerdo con la descripción de lo que un maestro debería hacer que explicamos aquí? 

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Adopción, Sin categoría

Elisa Sagredo: “La clave está en la comunicación entre el colegio y la familia”

PATRICIA ZARRALUQUI

La situación en la que se encuentran los niños adoptados puede marcar también su adaptación escolar. Los traumas que han sufrido a lo largo de su vida, como la falta del vínculo materno, por ejemplo, hacen que presenten dificultades que se trasladan de casa a la escuela.

Elisa Sagredo, profesora de Educación Primaria, nos ha contado las principales dificultades que pueden presentar estos niños, como les explicó en una clase que recibió en la Universidad Isabel Azcona.

“Por lo general, son niños que pueden presentar menos habilidades motrices, de comprensión o de comunicación“, dice Elisa Sagredo, “a esto se suman las dificultades de autorregulación, vinculación y expresión de las emociones, así como problemas de autoestima“.

Estos niños carecen del vínculo materno, lo que conlleva distintos trastornos relacionados con las emociones y con la percepción de sí mismos, “pueden terminar por no sentir”, afirma Elisa. Esto complica su inserción en la escuela y requiere una atención especial por parte de los profesores, ya que estos niños son más propensos a mostrar una falta de autocontrol y una baja tolerancia a la frustración. “Existen dificultades en el establecimiento de normas, ya que no han tenido hasta ese momento alguien que les explique la realidad y no la comprenden, no son capaces en muchas ocasiones de comprender las emociones de otros niños, lo que les impide entender bromas y dobles sentidos, así como resolver conflictos”, explica Elisa Sagredo.

Es muy común que sean niños con miedo a los cambios, debido a las situaciones complejas por las que se han visto obligados a pasar. “Son niños que intentan controlar a las personas y las situaciones para que no se produzcan imprevistos. Para intentar ayudarlos hay que explicarles de antemano qué es lo que va a pasar y cómo van a suceder las cosas”, cuenta Elisa.

¿Cómo afecta en el colegio?

En cuanto a los procesos de aprendizaje, es habitual que tengan carencias como déficit de atención, falta de concentración o de rendimiento. “Tienen la cabeza en otras cosas y experimentan avances, estancamientos e incluso retrocesos o regresiones”. Elisa Sagredo explica que muchas de las dificultades aumentan con la adolescencia, ya que se vuelven más inseguros y la incertidumbre acerca de su pasado y la búsqueda de su origen crecen significativamente.

Es preferible que desde la llegada de los niños a la nueva familia, la incorporación a la escuela se haga de una forma tardía, parcial, progresiva y flexible. “Lo primero que hay que hacer es asegurarse de que el niño está bien dentro de la familia, establecer ese nuevo vínculo, y después incorporarlos al aula”.

Los profesores tienen que tener constancia de los problemas que pueden presentar los niños y actuar de la mejor manera posible. Foto: Pixabay https://pixabay.com/es/matem%C3%A1ticas-pizarra-la-educaci%C3%B3n-1547018/

Los profesores tienen que tener constancia de los problemas que pueden presentar los niños y actuar de la mejor manera posible. Foto: Pixapopz en Pixabay.

Comunicación como base

“La clave de una buena escolarización de los niños adoptados está en la comunicación entre el colegio y las familias. Hay que colaborar para poder comprender las dificultades del niño. La familia tendrá que comunicar las circunstancias significativas de la adopción y explicar qué es lo que sabe el niño. Por su parte, los profesores tendremos que comprender la preocupación de los padres”, afirma Elisa. “Sin embargo, es nuestra tarea formarnos lo mejor que podamos, ya que en la universidad nos dan unas nociones muy básicas, insuficientes para enfrentarnos a los casos reales”.

Buscar soluciones, no crear problemas

Desde el colegio hay que intentar buscar soluciones en cuanto al proceso de aprendizaje. En primer lugar, como explica Elisa Sagredo, hay que rebajar las expectativas y las exigencias, así como dirigirlos y recordarles las cosas sin esperar muchas iniciativas por su parte. Por otro lado, no hay que exigirles mucha autonomía en retos o tareas normales para su edad, sino que hay que facilitarles la petición de la agenda y no presuponer que han comprendido. Hay que mandarles pocas tareas y apuntarles al menor número de actividades extraescolares posibles. Todo esto se tiene que complementar con valoraciones y alabanzas constantes para que puedan sentir la experiencia del éxito y del reconocimiento que pocas veces han experimentado en su vida anterior.

Dentro del aula “hay que realizar actividades inclusivas que les hagan sentirse parte del grupo, viendo que comparten muchas cosas con otros niños; por ejemplo, que se abracen los que son del Madrid, los que viven en el mismo barrio, los que son morenos, etc.”, cuenta Elisa. De esta forma se consigue normalizar la situación acentuando los parecidos y haciendo que todos acepten las diferencias, pero sin negarlas, respetando su historia, sus orígenes o su condición de niño adoptado. “Hay que hablar a los niños de los diferentes tipos de familias que existen en la actualidad y animarles a ser como son, a la vez que se les protege de bromas, agresiones y provocaciones”, concluye Elisa Sagredo.

¿Cuál ha sido vuestra experiencia en la escolarización? ¿Cómo ha respondido el colegio?

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El “caso Joan” y su importancia

BELÉN TORRES Y PATRICIA ZARRALUQUI

A los pocos días de empezar las clases, saltó a los informativos la historia que hizo que nos decantáramos por hablar de un tema, como ya habíamos dicho en entradas anteriores, poco conocido.

Se trata del “caso Joan”, donde una pareja valenciana que tuvo que entregar a la Comandancia de la Guardia Civil de Patraix (Valencia) a su hijo de 4 años, que tenían en régimen de pre-adopción desde que tenía apenas 18 meses. Casi tres años después, se han visto obligados a devolvérselo a su madre biológica. La joven que ahora tiene 19 años dijo que nunca había estado de acuerdo con la adopción y que llevaba luchando tiempo por recuperar al pequeño.

Pero… ¿cómo está el caso ahora?


Los protagonistas de esta difícil historia son varios: la madre biológica, la pareja adoptiva y, el más importante, el pequeño J.

La joven se quedó embarazada en un centro de acogida con 14 años, así que, en palabras de la propia madre en una carta a El Comercio, ya desde el momento en que supo que estaba en estado, le indicaron que su “niño iba a ser dado en adopción”. La joven madre, de nombre María José, continúa explicando que se sintió tan desamparada que huyó de España embarazada de siete meses y medio hacia Guinea Ecuatorial. Sin embargo, volvió a nuestro país y dio a luz a un niño el 4 de junio de 2002 y, sin verlo, se lo llevaron. La madre insiste en que en ningún momento quiso que su hijo fuera dado en adopción y que lleva luchando para recuperarlo desde que nació, aun siendo menor de edad.

Por otro lado, la pareja de Valencia había estado en trámites de adopción internacional a China, según explica el propio protagonista de la historia, el padre de J. En una carta abierta al periódico Levante. El proceso de adopción a China es lento y, en los últimos años, parece que sufre cierto bloqueo, así que se plantearon la adopción nacional. De esta manera fue como conocieron al pequeño J, que en aquel entonces tenía 18 meses, y se lo llevaron a casa en un régimen de pre-adopción. Así, el pasado mes de septiembre tuvieron que entregar al niño en la Comandacia de la Guardia Civil de Patraix, Valencia, para que se lo llevaran a Oviedo, donde reside la madre biológica y el resto de su familia.

Como se recoge en este reportaje de ABC.es, la acogida es algo temporal para el menor, una medida a la que se llega en el extremo de que no se vea a la familia biológica en su mejor momento en lo que se refiere al cuidado del niño. En cuanto a la pre-adopción, dice que este se produce en el momento en el que el crío será adoptado formalmente, pero se le evita que esté en algún tipo de alojamiento a la espera de la sentencia. Parece, por tanto, que ahí reside la clave de el caso. Hasta el momento en que la sentencia judicial no se produce firmemente, el niño puede ser sacado de ese hogar y volver con su familia biológica. Por otro lado, para que la operación finalice, la madre/padre biológica debe renunciar a la patria potestad del niño y, parece, que en este caso no se hizo.

Otro dato destacable es que el periodo de espera para formalizar la adopción es inusualmente largo, ya que suelen ser de entre 6-18 meses y estos padres valencianos llevaban cerca de 3 años esperándola.

Así, el impacto que causó este caso, en el que todos las personas implicadas son víctimas desde diferentes puntos de vista, fue la chispa que hizo que nos quisiéramos acercar en profundidad, conociendo a algunos protagonistas, a estas realidades tan poco oídas, las de las familias de acogida y familias de adopciones.

Y vosotros, ¿qué opináis sobre el caso?

nino_valencia Imagen de HazteOir.org en Flickr con licencia Creative Commons.

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Acoger y adoptar no es lo mismo

BELÉN TORRES Y PATRICIA ZARRALUQUI

Acogida y adopción, dos realidades que están muy relacionadas entre sí, pero que a la vez presentan diferencias sustanciales que hacen necesaria una explicación más profunda.

Son muchos los menores que se encuentran en situaciones desfavorables y requieren que otra familia se haga cargo de ellos. La falta de información hace que parte de estos niños no lleguen a encontrar a alguien que les pueda ayudar. Multitud de elementos entran en juego y lo que más peligra es la salud de estos niños.

Las situaciones que pueden llevar a que un menor tenga que ser apartado de su familia biológica son muy diversas, pero lo que aquí interesa es explicar las soluciones que se toman dependiendo de las circunstancias.

La distinción inicial y principal es la que se establece entre régimen de acogida y régimen de adopción. Como se explica en la web del Gobierno de Navarra, en el primer caso, los padres biológicos no renuncian a la patria potestad de sus hijos, mientras que en el segundo caso sí. La acogida es una solución temporal que se mantendrá hasta que la situación conflictiva inicial se resuelva, mientras tanto, el niño conserva sus apellidos y la relación con sus padres mediante visitas. Sin embargo, en la adopción lo que se busca es un nuevo hogar en el que los niños vayan a encontrar una estabilidad dada la imposibilidad de volver con su familia biológica, bien porque esta haya renunciado a ellos, porque no es posible que se hagan cargo de ellos de manera correcta o porque son huérfanos.

En cuanto a las familias de acogida existen cinco tipos de acogimiento, dependiendo de la situación en la que se encuentren el niño y su familia biológica, como señala el Gobierno de Navarra. El primero de ellos es el de urgencia, en este caso, se acoge a niños menores de 6 años durante un período de tiempo inferior a 6 meses mientras se valora a la familia. El segundo caso es el de acogimiento simple, este puede extenderse hasta dos años, aunque sigue existiendo la posibilidad de que el niño vuelva con sus padres. Cuando el acogimiento se alarga hasta más de dos años pasa a llamarse permanente y la vuelta con su familia biológica se torna complicada. En 2014 se implantaron dos nuevos tipos: el profesionalizado, dirigido a menores con necesidades especiales, y el de fin de semana y períodos vacacionales.

Otra distinción es la que separa las familias de acogida en extensas e intensas, en el primer caso, los acogimientos se llevan a cabo sin romper el vínculo sanguíneo, es decir, es alguien de la propia familia quien se encarga del menor. En el segundo tipo, se busca a la familia fuera del entorno del niño.

La diferencia entre los tipos de adopción radica en el país de origen del niño. Se puede optar por la adopción nacional, en la que los menores son españoles. La otra opción es la adopción internacional, los niños provienen de otros países, entre ellos destacan China y Rusia principalmente. Las personas interesadas en adoptar pueden entrar en proceso de adopción nacional e internacional a la vez, ya que ambas son compatibles.

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Presentación de Adolfo García Garaikoetxea, de AFADENA, acerca de qué es adoptar. Público y reutilizable.

Y vosotros, ¿qué tipo de familia de acogida sois o seríais? Y adopción, ¿nacional o internacional?

 

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Bienvenidos

Somos Patricia y Belén dos alumnas de último curso de Periodismo y Filología que pretendemos acercarnos a una realidad desconocida por muchos.

El Diccionario de la Real Academia define FAMILIA como un “grupo de personas emparentadas entre sí que vivien juntas”.  Sin embargo, el hecho de “estar emparentadas” no es lo único que hace que un conjunto de personas puedan considerarse familia.

Las familias de acogida o aquellas que cuentan con un miembro adoptado son un ejemplo de este concepto de hogar que demuestran que los vínculos sangíenos son innecesarios a la hora de considerar a alguien familia.

Así desde este blog, pretendemos abordar estos dos tipos de familia: las que han adoptado y las que son de acogida.

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