Diario de una adopción, Sin categoría

Diario de una adopción: una maleta para cuatro

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

Después de dos viajes a Rusia en los que Rocío y Agustín veían a sus niños, pero aún no podían llevarlos a casa, llegó el día esperado. El 25 de septiembre de 2013 nuestros protagonistas recogían a sus niños. “Vas con todo el maletón con ropa para cuatro, la silleta y por fin te los dan”, dice Agustín sonriente. En ese momento los tuvieron que vestir con la ropa que ellos llevaban porque la otra se quedaba en el orfanato. Una vez que los habían recogido, tenían que sacarles pasaportes en la Embajada española. Gracias al trabajo de la ECAI, esto no supuso ningún problema.

Es necesario crear en estos niños el concepto de familia, del que no han tenido experiencia hasta el momento. Foto: Geralt en Pixabay.com.

Es necesario crear en estos niños el concepto de familia, del que no han tenido experiencia hasta el momento. Foto: Geralt en Pixabay.com.

Cara y cruz

Allá se juntaron con otras familias que iban también a recoger a sus hijos. “Eso ya era otra cosa, todos íbamos felices a llevarnos a nuestros niños“, dice Rocío. Agustín cuenta que cada año se reúnen con estas familias para que los niños sientan sus raíces y conserven ese punto de unión. “La realidad es que cuando se ven, se llevan súper bien. Nuestro hijo ya se quiere casar con una de ellas, tiene un ojo”, cuenta Agustín entre risas.

El momento en el que los niños llegan a España hace que toda la vida de esta pareja se tambalee. Les habían dado a los niños y ya eran sus hijos, pero desembarcaron en un país del que no conocían el idioma, con unos padres que habían visto pocas veces antes. Ellos solo sabían unas pocas palabras en ruso y fue un tema que les preocupó bastante al principio, aunque la gente les decía que no iba a ser un problema. “Tenían razón. Nicolás -que fue el nombre que le pusieron cuando lo adoptaron- aprendió muy pronto a hablar”, cuenta Rocío, “a los dos meses ya se defendía”. “La niña, como no hablaba, sino que gritaba, aprendió directamente a gritar en español”, ríe Agustín.

Los dos cuentan la suerte que han tenido con sus hijos, ya que hasta ahora no han tenido ningún problema de los que les contaban en los cursos de adopción. Ahora Nicolás ha empezado a preguntar acerca de su origen porque es un poco más mayor, tiene siete años. “Les parece hasta especial tener dos mamás“, dice Agustín. “Ellos no entienden qué significa ser de Rusia, ni entienden qué significa que alguien les abandonó, por lo que no les duele”, sigue Rocío. Hace poco tiempo, Nicolás comenzó a echar de menos a su madre de Rusia y se agobia porque no se acuerda de ella, le pide a su madre que la llame por teléfono. “Él se siente fatal porque no se acuerda, pero es que tenía tres meses cuando lo dejaron en el orfanato”, explica Rocío.

“Nos decían que son niños que no son capaces de dar abrazos, sin embargo, Nicolás más cariñoso no puede ser. Julia no, pero porque ella es así”, dice Agustín. Para estos padres, la adaptación ha sido más fácil de lo que ellos se imaginaban y se sienten afortunados por la suerte que han tenido. No les hizo falta dejar de trabajar y en menos de dos meses, los niños ya fueron al colegio. “A día de hoy no ha llegado el día en el que Nicolás se levante una mañana y diga que no quiere ir al cole”, cuenta el padre orgulloso. “Otro factor que también favorece mucho es que sus únicos primos también son de Rusia. Tienen ese punto de unión y de escape a la vez, no se sienten diferentes”, explica Rocío.

El después de

En la actualidad, Rocío y Agustín acuden a unos talleres en los que comparten experiencias con otras familias adoptivas y siguen viendo la suerte que han tenido, tienen “niños súper majos y súper sanos”, dice Agustín.

Pensaban en la posibilidad de que les podían caer mal a sus hijos o al revés, pero no ocurrió. Desde el principio tenían que transmitir a los niños el concepto de familia porque ellos no lo tenían, hasta ese momento habían vivido en una casa cuna con otros niños, pero sin figuras paternales. “Es malo si el niño se va con cualquiera, tiene que tener apego. Es bueno que se ponga triste cuando se va con mi madre porque tiene que echar de menos su casa y su familia”, explica Agustín. “Son cosas que tienes que aprender y que son distintas de las que les ocurren a los hijos biológicos”, cuenta Rocío. Normalizar en estos casos se convierte en un error, ya que lo normal sería que un niño tuviera una familia. Siempre es mejor que un niño esté con su familia biológica, aunque la familia no sea la más adecuada.

El orfanato en el que estaban sus hijos era un sitio triste, pero los niños no estaban mal cuidados. “Pero tú ves una foto de mis hijos cuando los recogimos y ves una foto de ahora y no los reconoces“, dice Rocío. “En todas las fotos de los primeros días están tristes”, continúa Agustín. Es algo de lo que no se dieron cuenta en el momento, pero sí cuando los fueron conociendo, “no tienen nada que ver, son otros niños. Les ha cambiado hasta el color del pelo y de la piel, allí no les daba el sol”, cuenta Rocío, “es un proceso complicado, miro atrás y lo cuento como una película. Pero es cierto que nuestro caso no es representativo”.

Ahora les toca hacer un seguimiento cada dos años hasta que cumplan los 18. Tienen que ir a Nuevo Futuro y estar un rato con una psicóloga. Estos padres opinan que todo control que se haga es poco porque al final te están dando unos niños. “Vuelves con dos niños rusos que, seguramente, van a estar mejor aquí porque tienen una familia. Aunque quizá estarían mejor allí con su madre”, dice Rocío. “No, no, porque sus padres ya somos nosotros. Tenemos los papeles”, concluye Agustín riéndose.

Rocío y Agustín tienen que dejarnos porque deben ir a recoger a Nicolás y a Julia a sus clases de ruso.

Los comercios que participan son muy variados. Foto: Patricia Zarraluqui.

Rocío y Agustín quieren que sus hijos mantengan un vínculo con su país de origen y por eso les llevan a clases de ruso. Foto: Patricia Zarraluqui.

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Diario de una adopción: a kilómetros de un sueño

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

Rocío y Agustín son padres de dos niños desde hace tres años. Vinieron de Rusia cuando el mayor, Nicolás, tenía 4 años y la pequeña Julia, 2. “Fue una gymkana, pero conseguimos que todo se solapara perfectamente y se llevara a cabo bastante rápido”, dice Agustín, “pero nuestro caso no es descriptivo, os vamos a contar la cara amable de la adopción”. En Diario de una adopción vamos a narrar el proceso de adopción de esta familia en tres capítulos, donde se conocerá el paso a paso por el que atravesaron antes de que sus hijos llegaran a casa. También nos gustaría contar con vuestra colaboración para conocer otras historias y que nos contéis cómo fue o está siendo vuestro proceso de adopción.

Comienzo de una apasionante aventura

Rocío y Agustín comenzaron con el proceso de adopción en agosto de 2011. Después de estar seguros de que querían embarcarse en esta larga y difícil aventura y de tener una experiencia cercana a través de los trámites de adopción en Rusia en los que se encontraba inmersa la hermana de Rocío, acudieron a Bienestar Social. El primer paso que había que dar era rellenar un cuestionario profundo y extenso de unas 30 páginas en el que se abordan asuntos complejos como la frustración por no poder ser padres, anteriores parejas o la relación con la familia, por ejemplo. “Nosotros no nos sentimos incómodos, intentamos contestar de la manera más honrada posible, asumiendo que era un trámite por el que teníamos que pasar”, cuenta Rocío. “Nos lo llevamos de vacaciones y lo fuimos contestando con tranquilidad”, continúa Agustín.

Después de enviar el cuestionario por correo, lo siguiente que hicieron fue acudir a Bienestar Social para poder conseguir el Certificado de Idoneidad, ahora se puede solicitar por internet en la web del Gobierno. “La idoneidad se consigue en base a un ofrecimiento, te la dan para ser padre de un caso en concreto para el que tú te has ofrecido, tienes que decir el límite de edad, el número de niños y si es adopción nacional o internacional”, explica Rocío, “nosotros hicimos el ofrecimiento para dos niños, a ser posible hermanos, con máximo 4 años”. “Es un tema de enfoque, todo está enfocado a la protección del niño. Tú te ofreces a ser padre, pero no dices que quieres un niño”, dice Agustín.

“Mientras esperábamos a que nos diesen el Certificado de Idoneidad, en mayo de 2012 comenzamos los cursos de preadopción. Justo el 31 del mismo mes tuvimos la entrevista con Bienestar Social en casa”, dice Rocío. Es una entrevista con un psicólogo que los dos sintieron como relajada, no como un examen. En ese momento les dijeron que el certificado iba a tardar unos dos meses, sin embargo, no llegó hasta el 19 de octubre, después de un año aproximadamente desde que realizaran el cuestionario. Paralelamente, ellos empezaron a buscar una ECAI que pudiera tramitarles la adopción internacional. Una ECAI es una Entidad Colaboradora de Adopción Internacional, una organización sin ánimo de lucro especializada y validada para hacer trámites en determinados países. Facilitan mucho el proceso porque ya tienen una red creada, contactos y traductores y conocen las leyes. Las ECAIs trabajan con personal propio en los distintos países y en algunos de estos países adoptar sin la mediación de una de ellas convierte la adopción en algo imposible.

La adopción de los sobrinos de Rocío había sido tramitada por Nuevo Futuro cuando aún era una ECAI, pero en el momento en el que Rocío y Agustín hicieron un estudio de mercado en agosto de 2012 para ver cuál era la que más les convencía, ya no trabajaban como tal, así que no quedaba ninguna ECAI en Pamplona que tramitara adopciones en Rusia y tuvieron que buscar a nivel nacional. “La que más nos gustó fue una que se llama Creixer Junts de Palma de Mallorca. La encontré por internet y les mandé correos solicitando información. Fueron los que más rápido me contestaron y los que me dieron mejor impresión”, afirma Rocío. “Básicamente, como todo en esta vida, depende de las personas con las que te encuentres y caímos allí con un ángel, una bendición que cumplía siempre con lo que decía. Era un ángel en el trato y un nazi en los formalismos”, cuenta Agustín entre risas. “Pero tienes que ser así”, sigue Rocío, “porque a nada que haya un fallo en los papeles te lo echan para atrás en Rusia, son muy documentales”.

Bienestar Social no les dio el Certificado de Idoneidad hasta octubre de 2012, pero ellos querían tener todo atado antes porque confiaban en que iban a dárselo. Por ejemplo, ellos eran pareja de hecho, pero en Rusia exigían que estuviesen casados, “ningún problema, nos casamos. Si esto era junio de 2012, nos casamos en julio. Llamamos al Ayuntamiento para ver cuándo tenían hora y en cuatro minutos nos casamos”, cuenta Agustín.

Se confirma la idoneidad

El 19 de octubre por fin llegó el ansiado certificado y el 30 del mismo mes firmaron el contrato con Creixer Junts que hasta entonces no habían podido firmar porque, aunque sabían que se lo iban a dar, no lo tenían todavía. “En el momento en el que firmamos el contrato, comenzó la gymkana para conseguir todos los certificados”, dice Rocío. “Necesitas, por ejemplo, 7 médicos que certifiquen que estás bien”, recalca Agustín. Según cuentan, Rusia es especialmente demandante en cuanto a la documentación y muy inquisidora con los detalles, cada país establece sus condiciones y el expediente que hay que enviar varía. Para Rusia, todo se tiene que certificar tres veces, “tuvimos que ir al Registro de la Propiedad para que certificara que la que decíamos que era nuestra casa, de verdad era nuestra.

La documentación requerida por los países varía. Dependiendo de si se hace por protocolo público o por ECAI, serán tramitados por el Negociado de Adopción o por la ECAI. Foto: Myrfa en Pixabay

La documentación requerida por los países varía. Dependiendo de si se hace por protocolo público o por ECAI, serán tramitados por el Negociado de Adopción o por la ECAI. Foto: Myrfa en Pixabay.com.

Después, había que acudir a un notario para que certificara que lo que decía el Registro era real. Por último, el colegio de notarios tenía que certificar con la apostilla de la Haya que el notario que nos había firmado era un notario válido. Y después, todo esto hay que traducirlo a ruso”, explica Agustín. “Todo es así: certificar, demostrar y buscar a alguien que certifique que el certificador primero está validado”, resume Rocío. Al final, Rocío y Agustín reunieron un expediente de unas 200 páginas en el que había documentos certificados de todo tipo: médicos, declaración de la renta, certificado del trabajo, etc. Uno de los puntos que señala Agustín es que la asignación no está ligada a la capacidad económica, sin embargo, sí puede ser relevante para la propia familia porque el proceso es razonablemente caro.

Ese mismo octubre, les dieron la asignación a la hermana de Rocío de sus sobrinos.

¿Dónde está Chitá?

“Nosotros conseguimos todos estos papeles en dos meses, mientras que la mayoría de la gente suele tardar entre 5 y 7. Para el 30 de diciembre teníamos todo, cada momento libre lo aprovechábamos para documentación”, dice Rocío. Cada documento tenía que ser corregido por la chica que trabajaba con ellos en la ECAI. “Ese 30 de diciembre ella me dijo que ya había depositado en Chitá, una lejana región al Este de Rusia”, cuenta Rocío emocionada. “Fue un descanso, ya estaba”, continúa Agustín, “no eliges la región, la ECAI deposita donde va a ser mejor y más rápido”. “Comimos las uvas contentos ese año”, dice Rocío riendo.

“Conocimos a nuestros hijos por email”

Como todo padre adoptivo, Agustín y Rocío comenzaron los cursos de formación en marzo de 2013. Unos cursos que, según Agustín, son muy completos y extensos, que les sirvieron mucho después. Al mes les llegó la asignación de los que iban a ser sus hijos. Esperaron cuatro meses desde que depositaron la documentación en Chitá, hasta que les llegó la asignación. Ellos mismos explican que su caso no es representativo respecto a lo que suele ocurrir. “Se unieron varios factores en Rusia. En primer lugar, hubo problemas con EEUU por un caso de devolución de un niño y por sospechas de espionaje, que hizo que se cerraran las adopciones a EEUU. Esto hizo que la lista subiera mucho porque son ellos los que más adoptan en Rusia”, dice Agustín. “A esto se unió la crisis económica. Mucha gente se borró de Rusia porque no podían afrontar los gastos e hizo que bajaran mucho las peticiones”, sigue Rocío, “y el tercer punto tiene que ver con nuestro ofrecimiento, pedir dos niños acelera mucho los trámites”.

“En el momento de la asignación nos llamaron por teléfono y nos dijeron que ya tenían la asignación y que nos iban a mandar un correo con las fotos de los niños. Entonces te mueres de la ilusión y de la emoción“, cuenta una Rocío muy sonriente. Fue ahí cuando les dijeron que se llamaban Constantín y Julia, que tenían 4 y 2 años y que estaban sanos. “Era raro a más no poder porque iba a conocer a mis hijos por email“, dice riendo Agustín.

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Una invasión llegó al Rastrillo de Nuevo Futuro

PATRICIA ZARRALUQUI

El Rastrillo de Nuevo Futuro llegó otra vez a la antigua estación de autobuses de Pamplona del 21 al 30 de octubre. El Rastrillo lleva siendo un referente de la solidaridad navarra desde hace 22 años. Es “una gran fiesta de solidaridad”, como ellos dicen en su web, “con el objetivo de generar fondos para el desarrollo de nuestros proyectos sociales en Navarra y de Cooperación Internacional en Latinoamérica”. En él se pudo disfrutar de conciertos, gastronomía, talleres, espectáculos infantiles variados y los tradicionales puestos.

Asistimos al Rastrillo para conocer más de cerca una de las actividades que realiza Nuevo Futuro, organización con la que hemos colaborado para la elaboración del blog, como hemos contado en la entrada Safaya. El servicio de acompañamiento a familias adoptivas y de acogida de Nuevo Futuro.

 

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Safaya. El servicio de acompañamiento a familias adoptivas y de acogida de Nuevo Futuro

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

Quienes quieren embarcarse en la aventura de iniciar una adopción o aquellos que se planteen la posibilidad de ofrecerse como padres de acogida siempre intentan recopilar la máxima información posible. Uno de los referentes donde buscarla es en las asociaciones que les sirvan como apoyo en el proceso que empiezan.

En Navarra existen varias, entre las cuales están Magale (Asociación de Familias de Acogida de Navarra) y Afadena (Asociación de Familias Adoptivas de Navarra), a las que les dedicaremos una entrada en exclusiva. Sin embargo, este post está dedicado a otra organización que sirve de ayuda a los dos ámbitos familiares que conforman el centro del blog.

Se trata de Nuevo Futuro que tal y como explican en su página web “trabaja a favor de la infancia en dificultad social”. Su trabajo comenzó en Navarra en 1971 y continúan su labor para “proteger a la infancia en dificultad social, asegurarse de que esta tiene un hogar, trabajar en su educación, su cultura y su crecimiento personal”.

Dentro de Nuevo Futuro, existe Safaya un servicio que se dedica a atender y apoyar a las familias una vez terminado el proceso de adopción y en lo que dura el acogimiento familiar. Una de las personas que trabaja en este servicio es Laura Iparraguirre, trabajadora social, psicoterapeuta y socióloga. Ella es la que cuenta que “durante 17 años hemos sido una ECAI, una Entidad Colaboradora de Adopción Internacional”, en decir, eran los encargados de acompañar en todos los pasos del proceso de adopción a padres cuyos hijos venían de sitios como Perú, Rusia, Rumanía, Chile… y, poco antes de que hubiera una bajada en las adopciones, que las cosas se complicaran, cerraron este servicio. Esto pasó porque ya habían empezado con el “pos”, es decir, con el seguimiento de familias que ya tenían con ellos a sus hijos, pero que se continuaban acudiendo a ellos para “plantearnos dudas, dificultades, para compartir que la situación era más compleja de lo que se imaginaban”. Por este motivo empezaron a realizar actividades tanto para los padres, como para las criaturas.

En palabras de la propia Laura Iparraguirre “lo que hacemos en Safaya es, por un lado, hacer el acompañamiento técnico a las familias de acogida para que se sientan más fuertes y entiendan la casuística. Hacemos un acompañamiento a la carta en toda la red que envuelva al niño: tutores del colegio, psicólogos… todo. Intentamos hacer que entiendan la situación y fortalecer a los acogedores en este ámbito para que el acogimiento sea un buen recurso de protección. Por otro lado, tenemos la parte de adopción, con varias líneas. Hacemos un seguimiento psicológico, vía Gobierno de Navarra, a la familia o a la criatura. Es un servicio gratuito y público para quienes tienen la condición de adopción. Además, está la línea de formación, donde se hacen talleres unidos a un tema, por ejemplo adopción y escuela, adopción y apego…”.

Ayudar y educar a los padres 

Por otro lado, Iparraguirre lidera, desde hace cuatro años, un taller estable y cerrado con un grupo de familias que acuden a Safaya para intercambiar impresiones y vivencias. Esto resulta muy positivo para las familias pues esto les permite intercambiar impresiones, expresar sus temores y sus dudas, sin juzgarse. La líder del grupo explica que en muchas ocasiones “estos padres tienen un sentimiento de fracaso, de culpa, de no dar la talla, se cuestionan todo mucho y hay veces que es necesario reajustar esto” y desde las charlas, se les dan herramientas para gestionar sus sentimientos, sus actos. Además, son también positivas porque hay un alto grado de confianza entre sus miembros que les permite apoyarse los unos en los otros, darse consejos y, en definitiva, compartir vivencias. En palabras de Laura Iparraguirre “es un espacio que contiende, apoya, que da estructura, que da herramientas, que hace un seguimiento y que tranquiliza porque sabes que existe este grupo y que resulta terapéutico. Les aporta, les sirve y que les resulta útil”. Una de las claves del éxito del grupo es que es cerrado y que, por tanto, los miembros son fijos. Desde Safaya se ha comprobado lo positivo de estas reuniones y se pretenden crear nuevos grupos de familias que funcionen tan bien como el taller que hay en la actualidad.

Nuevo Futuro es una de las asociaciones de referencia para tratar temas relacionados con la acogida y la adopción.

Nuevo Futuro es una de las asociaciones de referencia para tratar temas relacionados con la acogida y la adopción.

En cuanto a la formación para padres, Laura Iparraguirre insisten en lo importante que es  para tomar conciencia de en qué se están embarcando quienes deciden empezar una acogida o una adopción. Sería como una especie de filtro tras una dosis de realidad de lo que está apunto de comenzar. Para Iparraguirre tiene sentido en lo que se llama pre, antes de que los niños lleguen a las casas, pero también es importante en el durante, porque hay situaciones con estos niños que son complejas y para las que se necesita el acompañamiento de un profesional que les enseñe herramientas para manejarse.

Con los niños también se trabaja, aunque Laura Iparraguirre es más partidaria de fortalecer a los padres sobretodo cuando los críos son muy pequeños.  Los profesionales que trabajan en Safaya buscan dar un apoyo a los niños y ayudarles a expresarse, ya que muchos pequeños ni siquiera son capaces de poner en palabras qué es lo que sienten. Esto mismo nos explicaron las profesoras Elisa Sagredo y Carlota Gutiérrez en entradas anteriores. Laura Iparraguierre habla también de que esta es una tarea de los padres “ordenar la psique de los niños para saber qué les ocurre y poder establecer los límites adecuados”. Por eso es importante, también, la formación de estos.

Desde Safaya también trabajan con los adolescentes y comenta que “en muchos casos hasta te lo piden”. El ayuda muchas veces viene con sentarse a charlar con alguien de la organización y desahogarse, explicándoles cómo se siente y cuáles son sus miedos o inseguridades.

Así, esta es una de las Asociaciones de Navarra que trabaja con los miembros de los dos tipos de familia que estamos tratando de conocer en profundidad.

¿Sabíais de la existencia de Safaya o solo conocíais a Nuevo Futuro?

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