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Acogida. La actuación del Gobierno de Navarra

BELÉN TORRES

El pasado mes de octubre en el programa En persona de Radio Universidad de Navarra -programa en que participamos las dos redactoras de este blog- se trató el tema de las familias de acogida. Desde allí, nuestra compañera Puy Portillo realizó una entrevista de especial interés a Mikel Gurbindo, subdirector de Familia y Menores del Gobierno de Navarra, quien explica que hay varios ámbitos de actuación por parte de la Institución. En ese programa también se pudo escuchar a Olimpia Jiménez, a quien entrevistamos con motivo de este blog.

Para empezar, las situaciones en las que el Gobierno se ve en la obligación de actuar están motivadas por dos causantes: los padres o los hijos. Cuando quienes incumplen son los padres está lo que se llama situación de desprotección esto es “cuando hay un abandono, un maltrato físico, un abuso sexual o cualquier tipo de negligencia que incide directamente en el menor, lo sitúa en riesgo y en desamparo por parte de los padres”, dice Gurbindo. Esto puede deberse a una situación pensada o, simplemente, por una falta de habilidades maternales, paternales o sociales que les impiden desempañar su papel correctamente.

El subdirector de Familia y Menores explica que también puede darse el caso de que “menores de entre 14 y 18 años sean  los que perturban la dinámica familiar con conductas graves hasta el punto de hacer inviable la convivencia familiar” de forma que se les obligue actuar. Si bien es cierto que estos chavales suelen haber vivido momentos de desprotección o maltrato cuando eran más pequeños que han desembocado en estos comportamientos. Según los datos que maneja Gurbindo, en Navarra los casos estarían repartidos de una forma casi equilibrada entre las dos opciones.

Siempre se intenta mantener la familia unida. Foto de DanEvans en Pixabay.

Siempre se intenta mantener la familia unida. Foto de DanEvans en Pixabay.

Jerarquías de actuación

El subdirector de Familia y Menores del Gobierno de Navarra explica que, antes de que sean ellos quienes intervienen, hay otros dos organismos anteriores que se encargan de casos más leves. Para situaciones puntuales, altercados leves, que no se suelen dar, están las unidades de barrio, las bases, la atención primaria. Cuando la desprotección es moderada, es decir, hay indicadores de que el menor o la menor pueden estar sufriendo ciertas situaciones donde hay dificultad de cubrir sus necesidades biológicas, sociales, emocionales o de cualquier otro tipo. Aquí entran en acción los equipos de Atención a la infancia y a la adolescencia.

En el último nivel es en el que entran ellos, el servicio de Familia y Menores del Gobierno de Navarra. “Son situaciones graves, elevadas, de desamparo”. Sin embargo, antes de llegar a sacar al menor de su hogar y de que sea el Gobierno el que se haga con la guarda o tutela del pequeño, Gurbindo explica que “se trabaja en equipo para mejorar las situaciones de conflicto para evitar, en la medida de lo posible, que el menor  salga de su casa”. En caso de que lo que el pequeño está viviendo sea insostenible o se agrava, se hace un acogimiento ya sea familiar o residencial.

Familia, centro o piso

Así, ¿cómo se decide si lo más adecuado es una familia, un centro de acogida o un piso tutelado? Existe un protocolo para eso también. En el caso de que el menor no tenga más de tres años, la ley exige que se vaya a una familia.  Lo primero que hace Gobierno de Navarra es un sondeo en la familia del pequeño para ver si hay alguien que se pueda hacer cargo de él de forma temporal, que es como están planteados todos los acogimientos. De esta manera, se revisa la historia de la familia extensa: abuelos, tíos, primos… este es el caso de Olimpia Jiménez, a la que conocimos en una entrada anterior. Si esta no tuviera “las herramientas necesarias o adecuadas para hacerse cargo del menor, para satisfacer las necesidades de cualquier tipo, se buscará a alguien fuera del núcleo familiar que garantice la crianza y la educación”, explica Gurbindo. Por otro lado, si el menor tiene más de 7 años, se llega a la conclusión, en caso de que haya otras dificultades, como su comportamiento, entre otras cosas, que se le lleve a un centro residencial.

Temporalidad

Así, como ya se había dicho en otras ocasiones en el blog, el acogimiento está caracterizado por ser temporal y cuyo fin es salvaguardar a los menores satisfaciendo carencias o necesidades que la familia biológica, por el motivo que sea, no está capacitada para hacer. En la medida de lo posible, se aboga por alejar lo menos posible a los niños de quienes les dieron la vida. De ahí que se acuda, en primer lugar, a la familia extensa. De todas maneras, es necesario destacar que para que el Gobierno de Navarra o cualquier otra institución se vea con la obligación de intervenir en el seno de la familia, la situación debe ser extremadamente difícil. En caso de que no sea así, siempre se intentará trabajar con sus protagonistas para evitar males mayores, como sería la separación de padres e hijos mediante la pérdida de la custodia.

Si bien es cierto que como se vio en la entrada que explica la historia de Olimpia Jiménez, también puede ser que sean los propios padres biológicos los que no se vean capaces de hacer frente a la paternidad o la maternidad y acudan a las instituciones para entregar la tutela, la patria potestad, para que se les busque una oportunidad mejor.

¿Veis bien que antes de quitarle la tutela del niño a unos padres se intente mejorar la situación trabajando con ellos? 

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Olimpia Jiménez: “Tiene permiso para quererme”

BELÉN TORRES

“Hola, me llamo Olimpia Jiménez y soy madre de acogida extensa permanente desde hace ocho años”, así se presenta la protagonista de esta historia.

Los niños de acogida tienen regresiones, vuelven a cuando eran bebés. Foto de kheinz, en Pixabay

Los niños de acogida tienen regresiones, vuelven a cuando eran bebés. Foto de Kheinz, en Pixabay

Una de las mejores formas de aprender sobre el acogimiento es acudiendo a quienes viven esta situación en primera persona. Esta mujer de ojos claros, rubia y de sonrisa afable es una de ellas. Olimpia tiene 57 años y desde hace ocho es madre de acogida extensa. Tal y como ya contamos en una entrada anterior, esto significa que es familia directa de la niña que vive con ella, tienen vínculo sanguíneo. Además, cuando el crío lleva más de dos años con la familia, el acogimiento pasa a ser permanente, “porque no se sabe si va a estar contigo cinco años, uno o hasta que sea abuelo”, explica Jiménez.

La necesidad de actuar

Todo empezó  porque Olimpia Jiménez vio que la madre biológica de la pequeña no podía hacerse cargo de ella. Detectó algunas carencias y decidió actuar: “[la niña] es de tu familia y no puedes consentir una situación así. Es una cosa que ocurre sola, no te planteas no hacer nada, te mueves, haces lo que crees que es mejor”, explica y lo que ella creyó que debía hacer era ofrecerse para cuidarla. Cuando lo habló con la madre biológica, esta estuvo de acuerdo y acudió a Gobierno de Navarra para entregar la custodia de la criatura. Desde ahí se buscó el mejor entorno para ese bebé de diez y ocho meses. Lo que se intenta siempre desde las instituciones es que se quede, en la medida de lo posible, con alguien de la propia familia. Jiménez ya había sido señalada por la madre biológica como guarda de la niña, a pesar de esto, fue imprescindible que Olimpia hiciera las pruebas y exámenes que pasan todas y cada una de las familias que se ofrecen para un acogimiento “tienes que exponer tu vida entera, tanto económica, como física, emocional… todo. Y es un proceso largo, muy largo, eternos. Es cierto que mientras todo se hacía la niña estaba conmigo, pero aún así…”, relata.

Esta situación, todo el papeleo, duró aproximadamente un año, y Olimpia Jiménez explica que “vives con mucha angustia, porque sabes que la niña contigo está bien, que está cuidada, atendida, que tiene una rutina, que está atendida… pero la última  palabra no la tienes tú y se la pueden llevar después del tiempo que lleva en casa. Al final, es parte de tu familia y ves que no tienes poder de decisión”. Así cuando recibió la confirmación de que la pequeña se quedaba con ella fue “un respiro emocional, pero sobretodo me permitió hacer planes: inscribirla en la seguridad social, empadronarla… te permite organizarte.”

Olimpia explica sí que hubo un intento de que la pequeña volviera con su madre biológica, pero que no fue factible y, además, supuso un retroceso en la estabilidad de la niña “estaba fatal. Tuvimos que hacer todo el proceso a la inversa, fue como volver a empezar”, comenta. A pesar de eso, madre biológica e hija se ven todas las semanas durante varias horas.

Sufrimiento por los dos lados

Con estos pequeños es imprescindible trabajar, pasar tiempo y estar con ellos, ya que “estos niños sufren emocionalmente una barbaridad. Siempre están en la tesitura de elegir entre: mi madre no me quiere y por eso no vivo con ella o no soy lo suficientemente buena y por eso no vivo con ella… ¿cuál elegirías tú? Ellos se deciden por ‘no soy lo suficientemente bueno’. Esto para ellos es: no me gusto a mi misma, soy un asco, no me quiero mirar al espejo, estoy gorda, no me gusta mi pelo, quiero cambiarme de nombre, no quiero ir al cole… el rechazo que ellos creen que sus padres tienen hacia ellos, se lo hacen a sí mismos, se auto inmolan. Sacarlos de ahí es muy difícil, muy difícil”, explica Olimpia. Tal es ese sufrimiento que tienen regresiones, se sienten tan sobrepasados por la situación que empiezan a tener comportamientos de bebés: piden chupetes, papillas, que se les cojan en brazos…

A pesar de todo el sufrimiento, el acogimiento merece la pena. Foto de chin1031 en Pixabay.

A pesar de todo el sufrimiento, el acogimiento merece la pena. Foto de chin1031 en Pixabay.”

“Necesitan volver a ese estado donde no tenía que pensar en nada, no tenía que hacer nada y mi mamá era la que estaba por mi”, comenta Jiménez y continúa diciendo que “es muy duro y se necesita mucha terapia porque la autoestima de estos niños está como a menos veinte… y esto repercute en los estudios. Van al colegio con medio cerebro, una parte pensando en su madre y la otra mitad pendiente de las matemáticas”, continúa. También determina su comportamiento social y sus relaciones.

No es únicamente duro para los críos, también para quien los cuidan. Olimpia Jiménez es viuda, por tanto, se encarga ella sola de la niña y “muchas veces te bloqueas o pierdes la paciencia. En esos caso es muy necesario contar con el apoyo de profesionales que escuchen, que te guíen y que te hagan ver que es normal que estés afectado pero que también te muestren herramientas que te permitan seguir adelante”. Porque la situación es tan delicada que se llega al extremo de verse “con la necesidad de romper la relación con la familia para protegerlo contra todo. Lo que no te imaginas, en el caso de un acogimiento extenso, es que tienes que protegerlos de la propia familia, de los padres biológicos que intentan saltarse, con toda clase de argucias para salvaguardar al pequeño”, narra Olimpia y continúa “es muy, muy, muy duro. Tienes que poner un muro entre tu familia y tú, hay que marcar unos límites brutales, para salvaguardar al crío”. Sin embargo, este no es exactamente su caso ya que, como se ha contado más arriba, la madre biológica estaba de acuerdo con el acogimiento.

Compensa una y mil veces

Sin embargo, ese sufrimiento y sacrificio compensa “cuando ves que se levantan un día y sonríe, y ríe, y va por la casa canturreando, que se siente querida, que tiene motivos para vivir. Porque estos niños son depresivos, tristes, pero cuando ves situaciones normales, respiras, te relajas y disfrutas”, relata esta madre que tuvo que dejar su trabajo para poder atender adecuadamente las necesidades de esta niña. Tanto es así que Olimpia se planteó acoger a alguien más: “me gustaría, sí, me gustaría mucho”.

Todo por cuidar de lo niños y hacerles felices. Foto de DariuszSankowski en Pixabay.

Todo por cuidar de lo niños y hacerles felices. Foto de DariuszSankowski en Pixabay.

A pesar de todo esto, esta madre de  acogida explica con una gran sonrisa en la cara que ahora están muy bien “tuvimos una reunión en primavera con la madre biológica en la que le aclaró a la niña que, en mucho tiempo, no iba hacerse cargo de ella y a la cría le ha entrado un descanso…”, ríe Olimpia. La niña llegó a casa con apenas diez y ocho meses y ahora, con casi nueve “se ha relajado y se ha situado mejor en el mundo. Su madre la ha dado permiso para quererme y ahora es otra niña”, relata una feliz Olimpia. Y es que el acogimiento es una medida temporal que existe con la idea de que estos pequeños vuelvan con sus familias  de origen una vez se haya resulto el conflicto.  Por  eso, no se permiten sentir demasiado hacia quienes los están cuidando, porque saben que se marcharán.

¿Qué os ha parecido la historia de esta madre de acogida? 

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