Diario de una adopción, Sin categoría

Diario de una adopción: una maleta para cuatro

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

Después de dos viajes a Rusia en los que Rocío y Agustín veían a sus niños, pero aún no podían llevarlos a casa, llegó el día esperado. El 25 de septiembre de 2013 nuestros protagonistas recogían a sus niños. “Vas con todo el maletón con ropa para cuatro, la silleta y por fin te los dan”, dice Agustín sonriente. En ese momento los tuvieron que vestir con la ropa que ellos llevaban porque la otra se quedaba en el orfanato. Una vez que los habían recogido, tenían que sacarles pasaportes en la Embajada española. Gracias al trabajo de la ECAI, esto no supuso ningún problema.

Es necesario crear en estos niños el concepto de familia, del que no han tenido experiencia hasta el momento. Foto: Geralt en Pixabay.com.

Es necesario crear en estos niños el concepto de familia, del que no han tenido experiencia hasta el momento. Foto: Geralt en Pixabay.com.

Cara y cruz

Allá se juntaron con otras familias que iban también a recoger a sus hijos. “Eso ya era otra cosa, todos íbamos felices a llevarnos a nuestros niños“, dice Rocío. Agustín cuenta que cada año se reúnen con estas familias para que los niños sientan sus raíces y conserven ese punto de unión. “La realidad es que cuando se ven, se llevan súper bien. Nuestro hijo ya se quiere casar con una de ellas, tiene un ojo”, cuenta Agustín entre risas.

El momento en el que los niños llegan a España hace que toda la vida de esta pareja se tambalee. Les habían dado a los niños y ya eran sus hijos, pero desembarcaron en un país del que no conocían el idioma, con unos padres que habían visto pocas veces antes. Ellos solo sabían unas pocas palabras en ruso y fue un tema que les preocupó bastante al principio, aunque la gente les decía que no iba a ser un problema. “Tenían razón. Nicolás -que fue el nombre que le pusieron cuando lo adoptaron- aprendió muy pronto a hablar”, cuenta Rocío, “a los dos meses ya se defendía”. “La niña, como no hablaba, sino que gritaba, aprendió directamente a gritar en español”, ríe Agustín.

Los dos cuentan la suerte que han tenido con sus hijos, ya que hasta ahora no han tenido ningún problema de los que les contaban en los cursos de adopción. Ahora Nicolás ha empezado a preguntar acerca de su origen porque es un poco más mayor, tiene siete años. “Les parece hasta especial tener dos mamás“, dice Agustín. “Ellos no entienden qué significa ser de Rusia, ni entienden qué significa que alguien les abandonó, por lo que no les duele”, sigue Rocío. Hace poco tiempo, Nicolás comenzó a echar de menos a su madre de Rusia y se agobia porque no se acuerda de ella, le pide a su madre que la llame por teléfono. “Él se siente fatal porque no se acuerda, pero es que tenía tres meses cuando lo dejaron en el orfanato”, explica Rocío.

“Nos decían que son niños que no son capaces de dar abrazos, sin embargo, Nicolás más cariñoso no puede ser. Julia no, pero porque ella es así”, dice Agustín. Para estos padres, la adaptación ha sido más fácil de lo que ellos se imaginaban y se sienten afortunados por la suerte que han tenido. No les hizo falta dejar de trabajar y en menos de dos meses, los niños ya fueron al colegio. “A día de hoy no ha llegado el día en el que Nicolás se levante una mañana y diga que no quiere ir al cole”, cuenta el padre orgulloso. “Otro factor que también favorece mucho es que sus únicos primos también son de Rusia. Tienen ese punto de unión y de escape a la vez, no se sienten diferentes”, explica Rocío.

El después de

En la actualidad, Rocío y Agustín acuden a unos talleres en los que comparten experiencias con otras familias adoptivas y siguen viendo la suerte que han tenido, tienen “niños súper majos y súper sanos”, dice Agustín.

Pensaban en la posibilidad de que les podían caer mal a sus hijos o al revés, pero no ocurrió. Desde el principio tenían que transmitir a los niños el concepto de familia porque ellos no lo tenían, hasta ese momento habían vivido en una casa cuna con otros niños, pero sin figuras paternales. “Es malo si el niño se va con cualquiera, tiene que tener apego. Es bueno que se ponga triste cuando se va con mi madre porque tiene que echar de menos su casa y su familia”, explica Agustín. “Son cosas que tienes que aprender y que son distintas de las que les ocurren a los hijos biológicos”, cuenta Rocío. Normalizar en estos casos se convierte en un error, ya que lo normal sería que un niño tuviera una familia. Siempre es mejor que un niño esté con su familia biológica, aunque la familia no sea la más adecuada.

El orfanato en el que estaban sus hijos era un sitio triste, pero los niños no estaban mal cuidados. “Pero tú ves una foto de mis hijos cuando los recogimos y ves una foto de ahora y no los reconoces“, dice Rocío. “En todas las fotos de los primeros días están tristes”, continúa Agustín. Es algo de lo que no se dieron cuenta en el momento, pero sí cuando los fueron conociendo, “no tienen nada que ver, son otros niños. Les ha cambiado hasta el color del pelo y de la piel, allí no les daba el sol”, cuenta Rocío, “es un proceso complicado, miro atrás y lo cuento como una película. Pero es cierto que nuestro caso no es representativo”.

Ahora les toca hacer un seguimiento cada dos años hasta que cumplan los 18. Tienen que ir a Nuevo Futuro y estar un rato con una psicóloga. Estos padres opinan que todo control que se haga es poco porque al final te están dando unos niños. “Vuelves con dos niños rusos que, seguramente, van a estar mejor aquí porque tienen una familia. Aunque quizá estarían mejor allí con su madre”, dice Rocío. “No, no, porque sus padres ya somos nosotros. Tenemos los papeles”, concluye Agustín riéndose.

Rocío y Agustín tienen que dejarnos porque deben ir a recoger a Nicolás y a Julia a sus clases de ruso.

Los comercios que participan son muy variados. Foto: Patricia Zarraluqui.

Rocío y Agustín quieren que sus hijos mantengan un vínculo con su país de origen y por eso les llevan a clases de ruso. Foto: Patricia Zarraluqui.

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Adopción, Sin categoría

“Tuvimos un embarazo de 48 horas”, parte 2

PATRICIA ZARRALUQUI

Después de que el Gobierno de Navarra les dijera que tenían un niño para adoptar, como se ha contado en la primera parte, la pareja se encontraba en una situación compleja.

Ese momento fue algo estresante para los dos porque en dos días tenían que decidir si cambiaban de vida, después de seis años sin saber nada del Gobierno de Navarra, de quien dicen que no les dio toda la información en agosto, ya que ese niño ya existía. Los padres que estaban por delante de ellos en la lista no quisieron tener a un niño sin el consentimiento paterno, lo que hizo que la lista corriese tan rápido y en poco más de un mes pudieran tener al bebé con ellos. Les dieron al niño el 8 de octubre en régimen de preadopción con tres meses, él tenía sus nombres y sus apellidos. En ese momento empezaron con trámites judiciales para buscar a la madre biológica. Esta ya tenía una hija en acogida y en una de las visitas descubrieron que estaba embarazada. Los padres adoptivos creen que la situación debía de ser grave porque apartaron al niño de la madre nada más nacer y lo llevaron a una casa de acogida del Gobierno de Navarra. Se estableció el protocolo para empezar a buscarla, pero pasado un plazo, en febrero de 2011, como no había aparecido, se lo dieron en adopción porque había prescrito el derecho que tenía sobre él mientras estaba en preadopción.

Un giro de 180º

A los quince días fueron a buscarlo y hasta hoy. “Nos cambió la vida por completo. ¡Qué shock! Porque claro, hay que acostumbrarse. De repente te dan a una persona que tú no quieres. Es un niño que te puede despertar ternura porque es un bebé. Pero tú no lo quieres, es así de fuerte, no te ha dado tiempo“, intenta explicar la madre. No había tenido un margen para ir acostumbrándose, como ocurre en las adopciones internacionales, que entre viajes, fotos, etc. es más fácil hacerse a la idea. “Nosotros no teníamos hijos, pero teníamos una vida estupenda, no estábamos amargados por no tener hijos. Todo el día para aquí para allá. Y entonces, te aparece de repente un niño“, cuenta ella. “Mi adaptación fue mejor que la suya, a ella le costó mucho”, añade él. No tenían ni siquiera una habitación para el niño y para la madre todo se convertía en un pequeño drama. 

Aunque al principio la adopción les pilló por sorpresa, el paso del tiempo ha hecho que sean una familia. Foto: Geralt en pixabay.com.

Aunque al principio la adopción les pilló por sorpresa, el paso del tiempo ha hecho que sean una familia. Foto: Geralt en pixabay.com.

A pesar de que al principio todo fue un shock, ahora están muy bien. El niño ya tiene seis años y sus padres dicen que es un niño muy bueno. “Ahora no te imaginas la vida sin él. Lo ves como tu hijo, es tu hijo. Yo no tengo hijos biológicos y entonces no sé cómo será, pero yo imagino que no es diferente a lo que nosotros sentimos por él“, cuenta el padre sonriendo, “no es diferente en ningún aspecto, ni en cariño, ni en amor, ni en lo que haga falta. Supongo que la cosa física tiene que unir mucho, pero en el momento en el que tienes a tu hijo tampoco lo conoces”. La madre cuenta riendo que le suelen decir que se parece a ella porque los dos son morenos. “Nosotros no lo conocíamos, igual que los padres biológicos, pero con el añadido de que es mulatito y los rasgos no son los tuyos, lo que hace que cueste un poco más romper esa barrera”, añade el padre. Sin embargo, el paso de los años ha hecho que los dos estén encantados con él, les ha cambiado la vida, pero en el 99% de los casos es para bien, ese 1% corresponde a que ya no pueden hacer todos los planes que hacían antes, “pero nadie nos ha puesto una pistola en la cabeza, es una decisión libre que hemos tomado“, dice él. “Yo creo que hemos tenido suerte, no sé cómo evolucionará. Mi hijo lo habrá pasado mal en la tripa porque su madre no lo podía tener, pero fue poco tiempo. Aparecimos nosotros cuando tenía 3 meses y, aunque nos pilló de sorpresa, los brazos han sido los mismos desde entonces”, sigue ella. Por ahora, el niño no ha presentado secuelas psicológicas y se sienten afortunados en comparación con las historias que cuentan otras familias en los talleres de Nuevo Futuro a los que asisten.

Un cuento real

El niño supo desde el primer momento que es adoptado. Él tiene un libro en el que se cuenta su historia: El cuento del niño Mario. Sus padres le han contado que hubo una chica que lo tuvo en su tripa, pero que no lo pudo cuidar y lo llevaron a una casa; un día les llamaron a ellos y fueron a buscarlo. También le han contado que tiene una hermana. “Se trata de no mentirles, de normalizar la situación y de que vaya siendo consciente de quién es desde el principio, adaptado a la información que se le puede dar a un niño según su edad”, cuenta el padre, “desde hace un año o menos ya va preguntando y lo que tiene que notar él es que el tema de la adopción no es tabú”. Por ejemplo, hace unos días les preguntó a ver por qué no llamaban a la chica que le había tenido en la tripa para que le pidieran un hermanito, «”pues porque no sabemos dónde está”, le dijimos», narra ella. Estos padres lo que buscan es que a él no le falte la información por su parte, dándole la necesaria en cada momento y acompañándole en la búsqueda de sus orígenes, pero también es cierto que no pueden responder a todas sus dudas porque ellos también las tienen. “Él sabe que no nació de mi tripa y que nosotros somos sus padres”, comenta la madre. “Que vamos a ser sus padres para siempre y que hubo una chica que era su mamá biológica y tenía una pareja, que era su papá, que no los conocimos a ninguno de los dos y que, por algún motivo que no conocemos, no pudo estar con ellos, con él y con su hermana”, continúa el padre.

El niño conoce a su hermana, lo que le permite tener un contacto con su familia biológica. Foto: Unsplash en Pixabay.com.

El niño conoce a su hermana, lo que le permite tener un contacto con su familia biológica. Foto: Unsplash en Pixabay.com.

El niño conoce a su hermana y se ven varias veces al año. El Gobierno de Navarra les informó de que el niño tenía una hermana y de que los padres de acogida estaban dispuestos a tener contacto con ellos si querían. “¿Cómo no íbamos a querer? A él le recalcamos que tiene una hermana, aunque la relación que tiene con ella y el concepto de hermana no es el normal porque está con ella tres o cuatro veces al año”, explica el padre. 

¿Y si sí?

La pareja no se plantearía ahora mismo adoptar a otro niño, porque consideran que ya tienen una edad y no sería justo para él tener a unos padres tan mayores, ya que si inician el proceso de nuevo, podrían ser otros diez años. A los dos les da pena que su hijo sea hijo único, pero dicen que su momento ya ha pasado y además será difícil que les salga todo tan bien como con él, un niño tan noble y sociable. Sin embargo, las dudas les entran a los dos en un caso especial. En el momento de la adopción, les dijeron que si la madre se quedaba embarazada de nuevo, ellos tenían prioridad. “Ya estaríamos otra vez con la duda”, dice ella. “Nos conocemos, ¿cómo vas a decir que no? En ese caso, seguro que sí. Sería incapaz de decir que no“, concluye él.

¿Habéis tenido alguna experiencia similar? Nos gustaría conocerla.

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Adopción, Sin categoría

“Tuvimos un embarazo de 48 horas”, parte 1

PATRICIA ZARRALUQUI

Tuvimos que decidir si queríamos un niño en 48 horas“, cuenta el padre de un niño de adopción nacional (han preferido que sus nombres no aparezcan en la entrada). Esta pareja son padres de un niño de 6 años desde que este tenía tres meses. Después de una larga espera para una adopción internacional, su hijo les llegó de forma inesperada.

Una decisión consensuada

La historia de esta pareja se distancia un poco de lo que suelen ser las familias adoptivas, “la gente cuando quiere adoptar suele tener un deseo muy grande. Nosotros también teníamos ganas de tener un niño, pero no éramos la típica familia desesperada que no le veía sentido a nada si no podía tener hijos”, cuenta el padre.

La madre había tenido claro desde pequeña que si tenía hijos quería que fuesen adoptados, sin embargo, él sí que tenía la ilusión de tener hijos biológicos. “Pienso que hay muchos niños por ahí que necesitan una familia. Además, a mí el embarazo no me atraía”, explica ella. Pero se pusieron de acuerdo y decidieron combinar las dos cosas. «Dije: “Si tú quieres tener un hijo adoptado, yo quiero que primero intentemos tener un hijo biológico”», continúa él. Sin embargo, los tratamientos de fertilidad no funcionaron y solo pudieron continuar con la adopción.

Las adopciones internacionales cada vez tardan más en llegar y en unos años, los niños pequeños y sanos serán la excepción. Foto: Thetruthpreneur en Pixabay.com.

Las adopciones internacionales cada vez tardan más en llegar y en unos años, los niños pequeños y sanos serán la excepción. Foto: Thetruthpreneur en Pixabay.com.

Ellos en un primer momento solicitaron adopción internacional a China porque era donde menos tardaban en darte al niño, entre un año y un año y medio, y porque les parecían los más serios. Pero la realidad cambió, ya que en China se produjo un atasco en las asignaciones debido a una mayor demanda por parte de familias monoparentales, que aprovecharon para solicitar antes de que el país las prohibiera. En una de las reuniones que tuvieron con el Gobierno de Navarra, les dijeron que si rellenaban otro formulario, entraban en la solicitud de adopción nacional, pero que se olvidasen de ella porque la lista de espera era de unos 13 años. Decidieron rellenarlo y solicitarla porque una no te quitaba de la otra. Pero obedeciendo a lo que les había dicho el Gobierno, se olvidaron de ella.

Un olvido obligado

Pasaron cuatro o cinco años y la adopción desde China no llegaba. Ellos ya tenían 40 años y después de pensarlo y darse cuenta de que no querían ser padres tan mayores, decidieron borrarse de adopción internacional. Ya tenían asumido que iban a llevar otro proyecto de vida y se cambiaron de casa a un ático pequeño ideal para los dos.  “Nos cambiamos en junio de 2010 y en agosto de repente nos llamaron del Gobierno de Navarra para preguntarnos a ver cómo estábamos”, dice ella. “Que ni nos acordábamos de ellos, nos habíamos dado de baja de adopción internacional, pero de nacional ni acordarnos”, continúa el padre.  “Nos dijeron que estábamos los novenos en la lista de espera y que iba a tardar un año o año y pico. Querían saber qué pensábamos y si queríamos seguir adoptando, después de 6 años en los que no nos habían llamado para nada”, apunta la madre. En ese momento les dijeron que se lo iban a pensar, pero les hicieron una pregunta clave, que a ver si estarían dispuestos a adoptar a un niño aunque no tuviera el consentimiento paterno. “Yo había trabajado de policía municipal y me había tocado ver varios casos de críos casi en desamparo, pero en ninguno les habían quitado la patria potestad a esos padres”, cuenta él, “entonces me vino toda esa película a la cabeza. Pensé que, para que a unos padres les quiten a sus hijos y lo vayan a dar en adopción, era porque había una situación muy grave. Así que yo dije que sí, que estaba dispuesto“. “Salimos y yo le dije que qué había hecho, si no sabíamos ni de qué iba la cosa”, comenta ella.

A mediados de septiembre les volvieron a llamar para visitar la nueva casa. En ese momento su idea fue aprovechar la visita para decirles que se daban de baja, porque, a pesar de que les habían dicho que iba a ser un año o año y pico, sabían que iban a ser unos tres, y además se habían cambiado de casa y no cabía nadie más. Después de ver la casa, les dijeron que se sentasen porque les tenían que decir algo. Era un miércoles al mediodía y les dijeron que tenían para coger un niño el viernes. “¿El viernes? 48 horas para decidir si dábamos el paso o no“, explica el padre reflejando la sorpresa del momento. “Yo me iba de vacaciones con mis amigas y lo dije, no íbamos a poder recoger al niño hasta 15 días después. Pero nos dijeron que nos lo guardaban, como quien guarda cualquier otra cosa…”, prosigue ella. “Se quedaron un poco descolocados, pero tenían que entender que mi vida hasta ese miércoles era una y a partir de ese viernes, si aceptábamos, iba a ser otra. Evidentemente dijimos que sí, fue un embarazo de 48h”, cuenta el padre.

 

¿Qué os parece la historia de esta familia? Para saber más: «“Tuvimos un embarazo de 48 horas”, parte 2».

 

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Diario de una adopción, Sin categoría

Diario de una adopción: aviones, aviones y más aviones

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

En el anterior capítulo de Diario de una adopción conocimos a Rocío y Agustín, una pareja que emprendió un proceso de adopción internacional en Rusia. Además, supimos los nombres de sus pequeños, Constantín y Julia, unos niños sanos de 4 y 2 años respectivamente. 

En el proceso de adopción de niños rusos, como en otros casos, es necesario realizar hasta tres viajes al país antes de traerlos a casa. En el primero, se va a conocer a los niños; en el segundo, se lleva a cabo el juicio donde se les cede la custodia y, en el último y más esperado, aquel en el que suben al avión dos personas y vuelven cuatro.

El primer viaje

En cuanto recibieron la asignación, tenían una semana para personarse en Chitá, Rusia, para conocer a sus hijos.  Empezaba su primer viaje. La historia de esta pareja está llena de casualidades. Su asignación llegó un viernes y al día siguiente, sábado, la hermana de Rocío y su marido viajaban a Rusia para recoger a sus hijos. Esa noche fue de gran celebración para todos.

Los viajes a Rusia. Foto de Albert22278 en Pixabay.

Los viajes a Rusia. Foto de Albert22278 en Pixabay.

Se me pone la piel de gallina al recordarlo“, expone Rocío con una sonrisa, y continúa, “nosotros íbamos a conocer a nuestros pequeños y ellos a traer a los suyos a casa, y, casualidades de la vida, coincidíamos seis horas en Moscú”. Agustín con cara de asombro nos dice que “conocimos a nuestros sobrinos en la Plaza Roja de Moscú. Estuvimos cuatro horas allí, juntos”.  Para más casualidades, no supieron que se alojaban todos en el mismo hotel hasta que se despidieron y vieron que iban en la misma dirección, “hay casualidades, pero esto ya era demasiado”, ríe Rocío.

La pareja ya marchaba rumbo a Chitá, “salimos de Moscú como a las siete de la mañana y llegamos a nuestro destino a las seis de la tarde. Fuimos al hotel, nos dimos una ducha y, ¡hala! que nos vamos al orfanato”, explica Agustín, mientras él habla, Rocío no deja de exclamar con una sonrisa que era una situación surrealista. Una vez allí, les instalaron en una salita, se abrió una puerta y “llegan tus hijos, que hablan solo ruso o ni hablan. Así que sacas los juguetes que les has llevado y te pones a interactuar con ellos”, dice Agustín.

Algo más que un regalo

Los juguetes son importantes. Foto de Miguel Raul Granda Barbon en Flickr.

Los juguetes son importantes. Foto de Miguel Raul Granda Barbon en Flickr.

La pareja explica que Rusia es uno de los países con fama de tener bastante cuidados a los niños. El día que les envían la foto de los niños a los padres por correo, viene adjunto un informe médico detallado que a esta pareja les dio un poco de miedo. En los cursos a los que han de someterse quienes inician este proceso, les explican que hay que aprovechar ese primer momento de jugueteos para comprobar algunas de las capacidades de los niños o si su salud está tan mal como se les dice a los padres, “la verdad es que te ponen el informe más negro de lo que es”, comenta Rocío.

Esta primera visita es crucial y dura tres días. No solo se va a conocer a los niños, “vas a conocer y aceptar la adopción” sentencia Rocío. El día uno es un shock, “tu vas ahí, casi sin dormir y conoces a los niños, y son tus hijos, es increíble” explica esta madre.

Los viajes al orfanato durante esa semana duran más o menos dos horas, luego hay que volver a España y toca esperar la fecha del juicio, el segundo viaje. “Esta espera es muy dura, porque ya los conoces, ya has estado con ellos”, comenta Rocío y Agustín lo corrobora “es duro porque ya son tus hijos”. Mientras llega la ansiada fecha de juicio, el 15 agosto, aún hay que mandar más documentaciones y ratificar que quieres seguir adelante con la adopción. Durante esta espera aseguran que no supieron absolutamente nada de ellos, aunque consiguieron mandarles un par de regalos por el cumple del niño y  Rocío comenta que “hoy es el día en que te cuenta y ves que se acuerda”. Los padres confiesan que de vez en cuando les preguntan sobre aquella época de su vida, para saber qué es lo que los pequeños recuerdan. Parece que hay cosas que sí se quedan marcadas, Rocío explica que cuando le preguntaron al niño que qué tal con sus papás, él respondió “bueno, ya he conocido a mis papás y ya me puedo ir en el avión, y también he conocido a mi hermana, que no me acuerdo como se llama”. Este sorprendente comentario tiene una explicación y es que en los orfanatos rusos los niños están separados por sexo y edades. Además, el sistema siempre procura que los hermanos están cerca, pero no juntos, ya que puede darse el caso de que sean adoptados ambos, como Constantín y Julia, o que solo uno de ello se vaya con una familia. Si se conocen, la separación puede ser más traumática.

Segundo viaje

Antes del segundo viaje, el del juicio, Rocío y Agustín ya tenían la habitación de los pequeños montada y habían hecho un álbum con sus fotos. Ese mismo que le enseñaron a la magistrada el día del juicio. Antes de ese segundo traslado al país de sus niños, la pareja estuvo tensa. “Empezó a correr el rumor de que Rusia se planeaba si seguir adelante con las adopciones a España porque el matrimonio homosexual está legalizado”, explicaba Rocío. Los dos se pisan al explicar que “imaginaos que nosotros moríamos. Los críos pasarían a la tutela del Estado y de ahí alguna pareja homosexual, y claro… no querían eso”. Así que esos juicios, que de primera eran meros trámites, “algo jiji, jaja” según Agustín, se complicaron. Sin embargo, en el momento que les tocaban a estos navarros, la cosa no pintaba muy bien. Cabe decir que ahora la situación no está así y que desde Rusia se ha permitido que parejas homosexuales y solteros adopten allí.

La justicia. Foto de Pixabay.

La justicia. Foto de Pixabay.

En principio, plantarse frente al juez sirve para que los adoptantes adquieran la custodia de los pequeños, pero también por si alguien de la familia del niño quiere reclamarla. De aquel día recuerdan que iban ellos y otras dos parejas, con las que siguen manteniendo el contacto. Los primeros que entraron fueron una pareja de Madrid que salieron al cabo de dos horas deshechos en lágrimas, “nos decía todo el rato que esperaba que tuviéramos suerte”, dice Rocío. Su problema había sido que había aparecido en el juicio la hermana mayor reclamando la custodia de la criatura“del niño que tú ya has conocido, con el que tú ya has jugado… de tú hijo, vamos”, recalca Agustín. Finalmente, consiguieron aclarar el asunto y se pudieron llevar a su hijo. Después entraron ellos y aunque no tuvieron grandes problemas “es un trago, la verdad”, dice Rocío. Su juicio fue favorable. Los terceros en entrar fueron unos catalanes que tuvieron problemas con la documentación, porque no habían actualizado una fecha, “les hicieron volver atrás y les pilló el follón de las parejas homosexuales y estuvieron esperando un año más, un año en que ya conocían a su hijo pero no podían estar con él”, relata Agustín. De tres parejas que fueron, solo una consiguió un juicio favorable. Lo que debía ser un viaje de celebración se vio algo empañado por las circunstancias. El consuelo de esta pareja es que volvieron a ver a sus pequeños justo antes de volver a España. Ya solo quedaba el último y más esperado viaje, el que traería a sus hijos a casa. 

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Carlota Caso: “Hay que dar amor, ser constantes y estar disponibles para ellos”

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

Un proceso de acogimiento o de adopción es muy complicado, donde todas las partes implicadas sufren a su manera”, afirmó Carlota Caso, psicóloga clínica, en el ciclo de cine “Acogimiento en Familia” que organiza la asociación de familias de acogida Magale en los cines Golem Baiona, el pasado 3 de noviembre. En el plano psicológico, los niños de acogida y de adopción coinciden bastante, la mayoría de ellos han tenido un grado alto de sufrimiento en etapas tempranas de su vida, lo que condiciona o determina su desarrollo psíquico, cognitivo, incluso cerebral.

“Que el acogimiento o la adopción sean complicados no quiere decir que no se puedan llevar a cabo con éxito, pero el esfuerzo y la dificultad serán, por lo general, mayores que en una crianza habitual en la que los niños no hayan sufrido ningún tipo de maltrato o abusos, una negligencia continuada o una falta de la figura de apego”, explicó Carlota. Las vivencias traumáticas que estos niños han experimentado en los primeros años de su vida suelen marcar su psiquismo, aunque no todas afectan del mismo modo, ni a todos los niños les afecta de la misma manera. Sin embargo, hay casos en los que se puede decir que “el niño está roto y a veces está tan profundamente roto que reparar eso es una labor muy complicada. Pero siempre se pueden hacer cosas”, contó Carlota Caso.

Crianza terapéutica

Los padres tienen que ser padres en primer lugar. A las capacidades de los padres convencionales hay que sumar una fortaleza que les permita enfrentarse a situaciones que se salen de lo cotidiano. Tienen que actuar como si fueran padres terapéuticos. “No se trata de que hagan terapia con los niños, pero se trata de que esos padres, con sus cuidados y muchas otras cosas, puedan intentar reparar algunas de las heridas. Y si no es repararlas al 100%, aunque sea sanarlas lo mejor posible”, explicó la psicóloga. Hay muchas ocasiones en las que esto se convierte en algo muy complicado porque hay casos en los que estos niños son los primeros que evitan establecer el vínculo con su nueva familia, presentan unas conductas oposicionistas o no regulan sus emociones de forma adecuada. “Este tipo de actitudes desgastan de una manera bestial a los padres, se preguntan por qué y les entran muchas dudas y ganas de tirar la toalla”, afirmó Carlota. Lo ideal sería buscar un entorno en el que todos los ámbitos de la vida del niño se vean implicados en esta crianza terapéutica, es decir, un entorno donde los buenos tratos sean los protagonistas para poder reparar los daños.

La situación de desapego por la que han pasado estos menores puede desarrollar patologías graves que, en ocasiones, no se pueden reparar. En ese caso habría que acompañar a los niños e intentar que lo acepten, de forma que se produzcan avances adaptativos. “Hay traumas que no se superan, pero claro que se puede convivir con ellos”, dijo Carlota Caso, “hay que dar amor, ser constantes y estar disponibles, aunque tampoco hay que olvidar los límites”. A pesar de todo el esfuerzo, muchas veces las expectativas no se cumplen y las cosas no avanzan, “la tolerancia a la frustración por parte de los padres tiene que ser enorme”, afirmó Carlota.

El momento de la revelación de orígenes

Otro asunto importante en la acogida y la adopción es el que tiene que ver con la revelación de orígenes. “Cuando un niño pregunta hay que contarle, es muy importante construir narrativas sobre su origen que le ayuden a dar sentido a su vida y a desculpabilizarse”, dijo la psicóloga, lo que coincide con lo que explicó Laura Iparaguirre en una entrada anterior. La madurez del niño es importante, ya que habrá que contarle la verdad, pero en el momento adecuado. La etapa más común para el inicio de la búsqueda de orígenes es la adolescencia, lo mejor es acompañar al adolescente en ese proceso, “es muy importante que no lo haga él solo, que alguien afectivamente cercano lo acompañe en este proceso porque es algo duro”, afirmó Carlota.

Es esencial construir una narrativa coherente que explique sus orígenes y que se pueda ir completando con la edad. Foto: Comfreak en pixabay.com.

Es esencial construir una narrativa coherente que explique sus orígenes y que se pueda ir completando con la edad. Foto: Comfreak en pixabay.com.

“Permiso para querer”

La falta de vinculación con la nueva familia por parte de los niños en acogimiento o en adopción puede deberse a cuestiones muy diversas, pero hay dos que son fundamentales. Hay menores que no son capaces de establecer ese vínculo porque sienten mucho miedo al abandono que ya sufrieron anteriormente, es una forma de protegerse por si se vuelve a dar la misma circunstancia. Otro motivo es el conflicto de lealtades, los niños se sienten entre dos aguas y piensan que traicionan a su madre biológica en el momento en el que empiezan a querer a su nueva familia, “cuando la madre biológica le está dando permiso para querer, para abrirse, ese conflicto se rebaja”, concluyó Carlota Caso.

 

¿Qué técnicas habéis llevado a cabo vosotros para ayudar a vuestros hijos en este proceso?

 

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Y vosotros, ¿qué decís?

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

Nos hemos acercado a la gente joven para conocer si saben o no, realmente, qué son las familias adoptivas o las acogedoras. Además, ¿os habéis planteado alguna vez la posibilidad de ser una madre o padre de este tipo?

Veamos qué nos responden…

 

 

Música de Free Music Archive libre de derechos.

 

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Safaya. El servicio de acompañamiento a familias adoptivas y de acogida de Nuevo Futuro

PATRICIA ZARRALUQUI Y BELÉN TORRES

Quienes quieren embarcarse en la aventura de iniciar una adopción o aquellos que se planteen la posibilidad de ofrecerse como padres de acogida siempre intentan recopilar la máxima información posible. Uno de los referentes donde buscarla es en las asociaciones que les sirvan como apoyo en el proceso que empiezan.

En Navarra existen varias, entre las cuales están Magale (Asociación de Familias de Acogida de Navarra) y Afadena (Asociación de Familias Adoptivas de Navarra), a las que les dedicaremos una entrada en exclusiva. Sin embargo, este post está dedicado a otra organización que sirve de ayuda a los dos ámbitos familiares que conforman el centro del blog.

Se trata de Nuevo Futuro que tal y como explican en su página web “trabaja a favor de la infancia en dificultad social”. Su trabajo comenzó en Navarra en 1971 y continúan su labor para “proteger a la infancia en dificultad social, asegurarse de que esta tiene un hogar, trabajar en su educación, su cultura y su crecimiento personal”.

Dentro de Nuevo Futuro, existe Safaya un servicio que se dedica a atender y apoyar a las familias una vez terminado el proceso de adopción y en lo que dura el acogimiento familiar. Una de las personas que trabaja en este servicio es Laura Iparraguirre, trabajadora social, psicoterapeuta y socióloga. Ella es la que cuenta que “durante 17 años hemos sido una ECAI, una Entidad Colaboradora de Adopción Internacional”, en decir, eran los encargados de acompañar en todos los pasos del proceso de adopción a padres cuyos hijos venían de sitios como Perú, Rusia, Rumanía, Chile… y, poco antes de que hubiera una bajada en las adopciones, que las cosas se complicaran, cerraron este servicio. Esto pasó porque ya habían empezado con el “pos”, es decir, con el seguimiento de familias que ya tenían con ellos a sus hijos, pero que se continuaban acudiendo a ellos para “plantearnos dudas, dificultades, para compartir que la situación era más compleja de lo que se imaginaban”. Por este motivo empezaron a realizar actividades tanto para los padres, como para las criaturas.

En palabras de la propia Laura Iparraguirre “lo que hacemos en Safaya es, por un lado, hacer el acompañamiento técnico a las familias de acogida para que se sientan más fuertes y entiendan la casuística. Hacemos un acompañamiento a la carta en toda la red que envuelva al niño: tutores del colegio, psicólogos… todo. Intentamos hacer que entiendan la situación y fortalecer a los acogedores en este ámbito para que el acogimiento sea un buen recurso de protección. Por otro lado, tenemos la parte de adopción, con varias líneas. Hacemos un seguimiento psicológico, vía Gobierno de Navarra, a la familia o a la criatura. Es un servicio gratuito y público para quienes tienen la condición de adopción. Además, está la línea de formación, donde se hacen talleres unidos a un tema, por ejemplo adopción y escuela, adopción y apego…”.

Ayudar y educar a los padres 

Por otro lado, Iparraguirre lidera, desde hace cuatro años, un taller estable y cerrado con un grupo de familias que acuden a Safaya para intercambiar impresiones y vivencias. Esto resulta muy positivo para las familias pues esto les permite intercambiar impresiones, expresar sus temores y sus dudas, sin juzgarse. La líder del grupo explica que en muchas ocasiones “estos padres tienen un sentimiento de fracaso, de culpa, de no dar la talla, se cuestionan todo mucho y hay veces que es necesario reajustar esto” y desde las charlas, se les dan herramientas para gestionar sus sentimientos, sus actos. Además, son también positivas porque hay un alto grado de confianza entre sus miembros que les permite apoyarse los unos en los otros, darse consejos y, en definitiva, compartir vivencias. En palabras de Laura Iparraguirre “es un espacio que contiende, apoya, que da estructura, que da herramientas, que hace un seguimiento y que tranquiliza porque sabes que existe este grupo y que resulta terapéutico. Les aporta, les sirve y que les resulta útil”. Una de las claves del éxito del grupo es que es cerrado y que, por tanto, los miembros son fijos. Desde Safaya se ha comprobado lo positivo de estas reuniones y se pretenden crear nuevos grupos de familias que funcionen tan bien como el taller que hay en la actualidad.

Nuevo Futuro es una de las asociaciones de referencia para tratar temas relacionados con la acogida y la adopción.

Nuevo Futuro es una de las asociaciones de referencia para tratar temas relacionados con la acogida y la adopción.

En cuanto a la formación para padres, Laura Iparraguirre insisten en lo importante que es  para tomar conciencia de en qué se están embarcando quienes deciden empezar una acogida o una adopción. Sería como una especie de filtro tras una dosis de realidad de lo que está apunto de comenzar. Para Iparraguirre tiene sentido en lo que se llama pre, antes de que los niños lleguen a las casas, pero también es importante en el durante, porque hay situaciones con estos niños que son complejas y para las que se necesita el acompañamiento de un profesional que les enseñe herramientas para manejarse.

Con los niños también se trabaja, aunque Laura Iparraguirre es más partidaria de fortalecer a los padres sobretodo cuando los críos son muy pequeños.  Los profesionales que trabajan en Safaya buscan dar un apoyo a los niños y ayudarles a expresarse, ya que muchos pequeños ni siquiera son capaces de poner en palabras qué es lo que sienten. Esto mismo nos explicaron las profesoras Elisa Sagredo y Carlota Gutiérrez en entradas anteriores. Laura Iparraguierre habla también de que esta es una tarea de los padres “ordenar la psique de los niños para saber qué les ocurre y poder establecer los límites adecuados”. Por eso es importante, también, la formación de estos.

Desde Safaya también trabajan con los adolescentes y comenta que “en muchos casos hasta te lo piden”. El ayuda muchas veces viene con sentarse a charlar con alguien de la organización y desahogarse, explicándoles cómo se siente y cuáles son sus miedos o inseguridades.

Así, esta es una de las Asociaciones de Navarra que trabaja con los miembros de los dos tipos de familia que estamos tratando de conocer en profundidad.

¿Sabíais de la existencia de Safaya o solo conocíais a Nuevo Futuro?

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